Thriller policial con pulso social
En 2018, la crisis de los chalecos amarillos –denominada así por la prenda reflectante que portaban los manifestantes durante las protestas– se extendió rápidamente por toda Francia, aunque fue París la ciudad que acaparó la atención mediática debido a la intensidad de los disturbios y la violencia registrada en sus calles. Lo que comenzó como una movilización ciudadana contra el aumento del precio del diésel pronto evolucionó hasta convertirse en un amplio movimiento de protesta de carácter espontáneo, que sacó a la luz el profundo malestar de una parte de la sociedad francesa y evidenció las crecientes desigualdades sociales y territoriales.
Sin una estructura organizativa definida (sin políticos ni líderes sindicales), el movimiento logró movilizar a cientos de miles de personas y poner contra las cuerdas al presidente Emmanuel Macron, cuestionando la capacidad del Estado para responder a las demandas sociales sin comprometer la estabilidad de la República.
Con el paso de las semanas, la contestación social fue derivando en numerosos episodios de violencia. Las manifestaciones desembocaron en enfrentamientos entre los protestantes y unas fuerzas del orden que, en muchos momentos, se vieron desbordadas por la magnitud de las movilizaciones. Los disturbios, los daños al mobiliario urbano y los saqueos en diversas ciudades incrementaron la tensión política y social, convirtiendo la crisis de los chalecos amarillos en uno de los mayores desafíos internos para el Gobierno francés en las últimas décadas.
La violencia urbana y el debate sobre los límites de la actuación policial sirven de telón de fondo para Caso 137 (Dossier 137, 2025), la última película de Dominik Moll. La historia sigue a Stéphanie (Léa Drucker), una agente de la IGPN –la unidad francesa de asuntos internos– encargada de investigar una de las numerosas denuncias por violencia policial presentadas tras unas manifestaciones. A medida que avanza la investigación, la protagonista reconstruye la agresión de un grupo de policías de paisano contra un joven que acaba sufriendo graves lesiones cerebrales, y como espectadores vamos descubriendo los hechos al mismo tiempo que ella.
Moll, que firma el guion junto a Gilles Marchand, vuelve a un territorio que conoce bien: el thriller policial como vehículo para explorar conflictos humanos y dilemas morales. Más que centrarse en la resolución del caso, la película utiliza la investigación como un mecanismo para examinar las tensiones entre la verdad, la responsabilidad policial y la conciencia individual. Ese equilibrio entre el suspense procedimental y el drama íntimo constituye el principal eje de la película.
El personaje de Stéphanie configura una heroína marcada por su vida laboral y personal: es agente de policía, pero también una madre separada que cría sola a un hijo adolescente. Su investigación le sitúa en una posición contradictoria, pues debe perseguir las irregularidades cometidas por sus propios compañeros y, al mismo tiempo, actuar como garante de la institución policial. Se trata de un papel ingrato, pero indispensable ya que su misión consiste en preservar la legitimidad de la policía, corrigiendo sus excesos sin llegar a poner en cuestión los cimientos de la institución.
Sin embargo, pese a la minuciosa investigación que la película despliega a través de las grabaciones de las cámaras de seguridad, entrevistas con testigos, imágenes de internet e interrogatorios a los policías implicados, con un espíritu casi documental, lo que realmente interesa es el conflicto interno que va consumiendo a Stéphanie: el tránsito desde su confianza en el sistema hasta la decepción que, finalmente, se verá obligada a asumir.
A lo largo de la investigación, la agente confronta su fe en las instituciones con la desconfianza que manifiestan quienes la rodean. Sus propios compañeros no comprenden que investigue a policías, y su exmarido –también agente– se lo reprocha en repetidas ocasiones. Pero el escepticismo no se limita al cuerpo policial: también los familiares del joven agredido y la limpiadora del hotel que colabora en la investigación dudan de que las instituciones sean capaces de hacer justicia.
Esa investigación policial discurre en paralelo a la vida privada de Stéphanie —interpretada con sobriedad y precisión por Léa Drucker—, un ámbito en el que también afloran las dudas y los conflictos que la atraviesan. La relación con sus padres, el vínculo con el padre de su hijo e, incluso, la empatía que acaba estableciendo con la madre del adolescente herido terminan reflejando el mismo proceso de desgaste emocional que provoca la investigación.
De este modo, el filme va desplazándose progresivamente del relato policial hacia una denuncia de la corrupción institucional. Sin embargo, su planteamiento rehuye cualquier simplificación moral: no es una película de buenos y malos. Incluso los policías responsables de la violenta represión de los manifestantes tienen la oportunidad de exponer sus motivos. Hablan de la presión constante a la que están sometidos, del desbordamiento provocado por las protestas y de unas órdenes que los obligan, según su versión, a mantener el orden a cualquier precio.
Dóminik Moll no justifica esta actuación pero esos argumentos sirven para mostrar la complejidad de un sistema que termina favoreciendo la violencia y la impunidad.
Caso 137, bajo la apariencia de un policíaco de investigación, acaba revelándose como un contundente retrato de una sociedad fracturada: una comunidad que ha perdido la confianza en sus instituciones y marcada por profundas divisiones sociales y económicas, simbolizadas en el contraste entre el centro de París y las ciudades dormitorio de su periferia. Dominik Moll traslada ese diagnóstico colectivo al drama íntimo de Stéphanie, cuya progresiva desilusión la convierte en testigo privilegiado –y también en víctima– del deterioro moral que la rodea.
Escribe Luis Tormo
Título: Caso 137
Título original: Dossier 137
País, año: Francia, 2025
Duración: 115 minutos
Dirección: Dóminik Moll.
Guion: Gilles Marchad y Dóminik Moll
Fotografía: Patrick Ghringhelli
Música: Olivier Marguerit
Reparto: Léa Drucker, Yoann Blanc, Antonia Buresi, Etenne Guillou-Kervern, Guslagie Malanada, Kevin Dabonne, Laurent Bozzi, Dorothée Marinet, Aleksandra Yermak, Alexandre Ionescu.
Productora: Haut et Court, France 2 Cinema
Distribuidora: Filmin


