Concierto de Amaia en Valencia – Gira Arenas 2026

Amaia demuestra que la emoción también puede llenar pabellones

Tras la publicación en 2025 de su tercer álbum, Si abro los ojos no es real, y después de una intensa gira estival por festivales, Amaia anunció para 2026 una nueva serie de conciertos bajo el nombre de Amaia Arena. El recorrido incluía seis únicas fechas: Pamplona, A Coruña, Sevilla, Bilbao, Valencia y Barcelona, consolidando un formato de espectáculo de mayor envergadura que el habitual en el circuito festivalero. Frente a las limitaciones de tiempo y producción propias de estos eventos, los conciertos de Amaia Arena ofrecen la posibilidad de desarrollar un repertorio más amplio y de presentar una propuesta escénica concebida específicamente para estos grandes recintos, con un mayor cuidado en los aspectos visuales y narrativos del espectáculo.

A diferencia de otros artistas de su generación, Amaia nunca ha mostrado una especial preocupación por alcanzar cifras masivas de audiencia ni por convertir el éxito comercial en el principal objetivo de su carrera. Sin embargo, casi una década después de darse a conocer al gran público, resulta evidente la evolución constante de su trayectoria artística. Disco tras disco, la cantante y compositora navarra ha ido construyendo una identidad propia, cada vez más definida y reconocible y las entradas para su gira 2026 han rozado el soldout.

Paralelamente a su desarrollo musical, Amaia ha comenzado a explorar otros ámbitos creativos, especialmente la interpretación. En los últimos años ha participado en la aclamada serie La mesías, creada por Los Javis, y ha realizado una aparición musical en la más reciente película de Pedro Almodóvar, Amarga Navidad, ampliando así su presencia dentro del audiovisual español.

En el terreno estrictamente musical, Si abro los ojos no es real supone un paso adelante en la madurez de su discurso artístico alejado de las fórmulas más convencionales. Este crecimiento creativo ha venido acompañado de un creciente reconocimiento, reflejado recientemente en su participación en el prestigioso formato Tiny DeskConcert de NPR Music, un espacio reservado habitualmente para artistas con propuestas especialmente sólidas y singulares.

Foto: © Luis Tormo

Amaia llenó el Roig Arena de Valencia con más de 11.000 espectadores en un concierto que confirmó su crecimiento artístico y su capacidad para trasladar a los grandes recintos una propuesta donde la música sigue siendo el elemento central. Lejos de apoyarse en el exceso visual o en una producción deslumbrante, la cantante navarra construyó un espectáculo en el que la puesta en escena estuvo siempre al servicio de las canciones.

La noche comenzó desde la contención. Con el escenario completamente a oscuras, únicamente destacaba una estructura cúbica iluminada desde cuyo interior apareció Amaia sentada al piano para interpretar Visión, la canción que abre su último disco. La elección no fue casual: el tema funciona como una declaración de intenciones de esta nueva etapa artística, más ambiciosa en lo sonoro y más sólida en lo compositivo. Desde esos primeros minutos, la voz de la cantante ocupó el centro absoluto de la escena.

La intimidad inicial se quebró con los golpes de percusión que emulan el trote de un caballo y anuncian Tocotó. En directo, la canción gana cuerpo gracias a una interpretación juguetona que culmina con la ya característica coreografía en la que Amaia reproduce el galope al que alude la letra. Más allá del guiño escénico, el tema volvió a evidenciar su habilidad para combinar referencias populares (Marisol) y contemporáneas con una personalidad propia. Sin apenas pausa llegaron Magia en Benidorm, reivindicación del romanticismo desde una mirada luminosa, y Com você, su colaboración con Judeline.

Con La vida imposible y Dilo sin hablar, ambas pertenecientes a su segundo álbum, Amaia demostró que, aunque el concierto giraba en torno a su trabajo más reciente, no estaba dispuesta a descuidar las canciones que han marcado su trayectoria. Después, Nanai recuperó los ritmos más sensuales antes de desembocar en una interesante fusión con La tarara.

A esas alturas ya era evidente cuál iba a ser la principal virtud del espectáculo: la confianza absoluta en la fuerza de las canciones. Frente a otros artistas que convierten el directo en una sucesión de coreografías y efectos especiales, Amaia apostó por una propuesta minimalista en la que la música, la voz y el trabajo de los músicos sostenían todo el peso emocional del concierto.

Foto: © Luis Tormo

La escenografía respondía a esa misma filosofía. Los músicos ocupaban los laterales de un escenario presidido por una estructura cúbica negra que permitía jugar con diferentes alturas gracias a una pasarela superior. Las pantallas laterales garantizaban una buena visibilidad para todo el recinto, mientras que la pantalla central alternaba imágenes captadas desde distintos instrumentos –como el piano o el arpa– con las indicaciones de los diferentes actos en los que se dividía el espectáculo.

El segundo acto arrancó con una poderosa introducción al piano para C’est la vie. A la banda se sumó entonces un sexteto de músicos de cuerda y metal que amplió la dimensión sonora del concierto y aportó una nueva profundidad a los arreglos. Tras ella llegó la versión de Me pongo colorada de Papá Levante.

La emoción tomó el protagonismo con Auxiliar, una de las canciones más personales de su repertorio, en la que la compositora se pone en la piel de su madre. Amaia volvió a demostrar su capacidad para generar una atmósfera íntima incluso en un recinto de grandes dimensiones. Esa delicadeza continuó con Ya está, interpretada desde el centro del escenario acompañada por el arpa.

El clima emocional alcanzó una nueva cota con su versión de Santos que yo te pinté, de Los Planetas, interpretada desde la parte superior de la estructura escénica y realzada por los arreglos sinfónicos.

El tercer acto elevó todavía más la ambición del montaje con la incorporación de un coro que enriqueció tanto la dimensión musical como la visual del espectáculo. Fantasma y Despedida, esta última dedicada a su abuela, introdujeron una reflexión sobre la muerte entendida como celebración de la vida. Las voces corales aportaron una nueva textura sonora y generaron un atractivo juego escénico mediante desplazamientos y coreografías por todo el escenario.

De vuelta al piano, Amaia presentó El relámpago como una canción a la que profesa un especial cariño. Su sorpresa al recordar que ya habían pasado siete desde su publicación arrancó una sonrisa al público antes de uno de los momentos más destacados de la noche: la cantante en la parte inferior del cubo, acompañada por el coro situado en la plataforma superior y respaldada por toda la banda llevaron a cabo una potente interpretación. Después, durante Nuevo verano, ascendió a la zona elevada para integrarse entre las voces corales.

El cuarto acto condujo el concierto hacia su tramo más festivo. Con la formación de banda tradicional nuevamente como protagonista, M.A.P.S. puso al Roig Arena a bailar desde los primeros compases. La energía continuó creciendo con Giratutto y El encuentro, mientras el público acompañaba prácticamente cada verso. Esa comunión alcanzó uno de sus puntos álgidos en La canción que no quiero cantarte, cuyo estribillo fue coreado de forma masiva antes del guiño final al Ave María de David Bisbal.

Más tarde, guitarra acústica en mano, interpretó Quedará en nuestra mente.

Sin embargo, incluso en medio de la celebración, Amaia volvió a demostrar su capacidad para detener el tiempo. Primero con una delicada versión de Zorongo gitano al piano y después con Yamaguchi, interpretada únicamente junto a la guitarra de Víctor Martínez, director musical de la gira. Dos momentos de enorme sensibilidad que devolvieron el silencio absoluto a un pabellón entregado.

La recta final llegó con la energía rítmica de Aralar, en la que la propia Amaia se sumó a la percusión, seguida de Tengo un pensamiento y Bienvenidos al show, encargada de cerrar una noche que confirmó el excelente momento artístico de la cantante.

Foto: © Luis Tormo

La gira Arenas 2026 demuestra que Amaia ha encontrado la manera de trasladar su universo creativo a espacios de gran capacidad sin renunciar a su esencia. El repertorio, maduro y diverso, tiene en el apartado musical su principal fortaleza. En un momento en el que muchos grandes espectáculos se apoyan en la espectacularidad visual, Amaia sigue apostando por algo mucho más difícil: emocionar desde la interpretación. Junto a Rosalía, probablemente sea una de las pocas artistas españolas capaces de sostener la atención y generar auténtico entusiasmo en un recinto de estas dimensiones simplemente con la fuerza de su voz.

También hay que destacar que en esta evolución Amaia no ha perdido la espontaneidad que siempre le ha caracterizado, y en el concierto de Valencia hubo diferentes ocasiones para demostrarlo (los comentarios sobre las canciones, el humor en las presentaciones, la interacción con el público, las anécdotas, el momento Ipad para las fotos o incluso las interpretaciones a capella de temas pedidos desde las primeras filas como Quiero que vengas o El árbol).

Lo más meritorio es que ese crecimiento artístico no ha diluido la espontaneidad que siempre le ha caracterizado. Durante toda la noche hubo espacio para comentarios improvisados, anécdotas, bromas, interacciones con el público, cantar el Cumpleaños Feliz a una fan (tradicional y versión Parchís) o incluso pequeñas interpretaciones a capela de canciones solicitadas desde las primeras filas, como El árbol o Quiero que vengas. Gestos que mantienen intacta la cercanía de una artista que, pese a llenar pabellones, sigue conservando la naturalidad de sus comienzos.

Esa capacidad para mostrarse cercana y espontánea no debe ocultar el enorme rigor artístico que sostiene su propuesta. Detrás de esa aparente naturalidad hay un espectáculo cuidadosamente construido, capaz de combinar ambición musical, sensibilidad interpretativa y una notable coherencia escénica. El resultado es uno de los directos más emocionantes y personalmente reconocibles que pueden verse actualmente en los escenarios españoles.

Escribe Luis Tormo

Gracias Comunicación GTS y Prensa Roig Arena por todas las facilidades para la realización de este artículo

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