Crítica de Lucas

Una extraña pareja

Álex Montoya, tras su opera prima Asamblea, estrenada en la plataforma Filmin en plena pandemia, se acerca ahora a las salas de cine con su segundo trabajo, Lucas. Una historia con la que regresa a sus orígenes ya que se basa en el cortometraje del mismo nombre rodado en el año 2012.

El director valenciano ya quiso en aquel momento que el corto fuera el primer acto de un largometraje, pero dificultades con la producción impidieron desarrollar la historia más allá de ese cortometraje. No ha sido un camino fácil, la película fue rodada en 2019, pero ha sido en 2021 cuando ha comenzado su recorrido en las secciones oficiales del festival de Málaga, Alicante o la proyección especial en el festival Cinema Jove de València, antes de su estreno en las pantallas de cine.

En el terreno artístico, salir de la zona de confort y plantear propuestas arriesgadas ya es un valor destacable en un panorama dominado en la mayoría de las ocasiones por la aplastante normalidad. El cine español no es una excepción y muchas de las películas estrenadas no escapan de cierto encorsetamiento que viene mediatizado por un estándar que se entiende aceptable para su exhibición.

Lucas escapa a este tratamiento mainstream no tanto por su propuesta externa —donde nos encontramos con una película ágil que discurre entre el drama y el thriller— como por la crudeza de su planteamiento interior, realizado a través de la composición de dos personajes opuestos unidos por la soledad y el dolor.

El protagonista es un adolescente con una situación dramática. Ha perdido a su padre, la precariedad económica apenas le permite cubrir las necesidades y la relación con su madre y el amante de ésta acrecienta el ya de por sí difícil mundo de la adolescencia dibujando un oscuro panorama. El desmoronamiento de todo su universo es el que provoca que Lucas se acerque a una persona como Álvaro, un fotógrafo que le propone utilizar su imagen para suplantar su identidad en redes sociales y conseguir hablar con chicas jóvenes.

Lucas y Álvaro, cada uno por un motivo muy distinto, viven arrastrando un sentimiento de culpa —que se refleja incluso físicamente en sus cuerpos— y su trayectoria es un camino de redención para exorcizar sus demonios. La necesidad crea extraños compañeros de viaje y el adolescente ve en Álvaro una posibilidad de obtener el cariño que no encuentra en su vida, una figura casi paternal en la que refugiarse.

La habilidad del guion es conseguir construir un personaje con el que el espectador es capaz de enfatizar sin cruzar la línea roja de la justificación de sus acciones. Ese frágil equilibrio sobre el que la película se desliza permite desvelar un mundo en el que resulta difícil etiquetar de una forma categórica el bien y el mal; entre el blanco y el negro se abre un abanico de grises y por ese resquicio se cuela la comprensión de Lucas respecto a un adulto en el que puede encontrar una confianza que le permite crecer como persona.

La película va descubriendo poco a poco las capas que recubren a los protagonistas, provocadas por una soledad que envuelve a ambos; la cámara se mueve alrededor de los personajes casi con una mirada documental que permite traspasar esa opacidad externa para desvelar sus dudas, sus inseguridades, porque aunque el relato evolucione hacia el thriller en su parte final, Lucas no deja de ser un oscuro drama sobre dos personas que demandan ayuda.

Una oscuridad que se acrecienta con el uso de unas localizaciones que nos sitúan en ese universo caótico, gris y desprovisto de amor que rodea los personajes: casas desvencijadas, carreteras secundarias con la imagen de la ciudad al fondo, paisajes urbanos o el parque natural de la Albufera desprovisto de cualquier impostación estética.

Con Lucas, Álex Montoya consigue una obra inquietante que apuesta por saltarse los clichés habituales elaborando un discurso sobre la redención con una turbia historia que huye de los detalles escabrosos para mostrar unos personajes que luchan por una oportunidad, por un futuro.

Escribe Luis Tormo

Título: Lucas
País y año: España, 2021
Duración: 98 minutos
Dirección: Álex Montoya
Guion: Álex Montoya, Sergio Barrejón
Fotografía: Jon D. Domínguez
Música: Siddhartha Barnhoorn
Reparto: Jorge Motos, Jorge Cabrera, Jordi Aguilar, Irene Anula,
Productora: Raw Pictures, Telespan 2000
Distribuidora: Begin Again Films

Artículo publicado originalmente en Encadenados

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