Una joven prometedora de Emerald Fennell

Cassie (Carey Mulligan) era una joven con un brillante futuro en la universidad. Tras una traumática experiencia ahora trabaja en una cafetería y mantiene una doble vida por las noches.

En la primera escena de la película, la protagonista termina tendida en la cama mientras su acompañante intenta aprovecharse de ella, la cámara cenital nos deja ver su rostro hasta que abre sus ojos mirando fijamente al espectador; Cassie se incorpora y dirigiéndose al hombre le pregunta qué está haciendo.

En esa pregunta está resumido el discurso que podemos encontrar en Una joven prometedora (Promising young woman, 2020), un alegato contra el acoso masculino que transita por el ideario del movimiento Me too, pero también bebe de reivindicaciones feministas que se han ido plasmando desde hace décadas, para apelar de una forma directa a la sociedad sobre un problema que todo el mundo sabe, conoce y permite que ocurra.

Carey Mulligan y Alison Brie. Foto: Merie Weismiller Wallace / Focus Features

La opera prima de la directora y guionista Emerald Fennell —premiada con la estatuilla dorada al mejor guión en la reciente edición de los Oscar— es un grito furioso, directo, sin freno, contra la cultura machista que favorece o minimiza las agresiones sexuales contra las mujeres. Esa mirada desbocada —Fennell fue guionista y productora de la serie Killing Eve con quien esta película mantiene algunos elementos comunes—, unida a que nos encontramos ante una película de tesis donde el mensaje tiene que reafirmarse hasta el límite, encontramos las mejores virtudes y también los defectos de una película que se consume con avidez.

En el juego de la venganza, Fennell descarta los tópicos del género revenge, obviando la violencia explícita, para construir un discurso feminista que escoge elementos del thriller, la comedia negra y el drama sobre la base del cine indie y que dibuja un personaje femenino que muestra las cicatrices de un dolor intenso y constante.

Un dolor anclado en el pasado y que imposibilita que Cassie pueda afrontar su futuro. Ignora la fecha de su treinta cumpleaños y, la que iba destinada a convertirse en una gran profesional, se gana la vida sirviendo cafés mientras convive en la casa familiar con unos padres que asisten como espectadores al estado vegetativo de su hija y que no entienden cómo ha abandonado sus estudios.

Carey Mulligan. Foto: Merie Weismiller Wallace / Focus Features

Cassie es molesta, dulce, despierta y atormentada, razón por la cual su retrato termina siendo enternecedor. Esta joven prometedora es la protagonista de un cuento de terror —referencia a La noche del cazador en dos ocasiones— en el que ejerce de princesa y de bruja, arremetiendo contra los hombres abusadores, pero también contra todos aquellos que participan, consienten o minimizan las consecuencias de estos actos.

Toda la primera parte en la que se va perfilando el personaje es modélica. Las canciones que salpican la narración, el juego con la imagen de mujer sexualizada, en muchas escenas recuerda a Britney Spears, de la que suena en la banda sonora una versión de Toxic, y todo ello aderezado con una fotografía brillante y luminosa.

Para armar el discurso Emerald Fennell combina esa estética indie, mediante una serie de diálogos y situaciones cómicas, con una puesta en escena que tensiona el relato para introducir el drama que soporta el personaje principal. Unos suaves movimientos de aproximación de la cámara en el hogar familiar o la simetría frontal, a través de unos planos estáticos que enmarcan las casas, las estancias o los personajes, terminan revelando la perturbadora personalidad de Cassie debido al trauma que arrastra.

El deje mordaz que preside toda la película, la combinación de géneros, el juego con los formatos de narración (la cafetería en la que aparece su jefa/amiga o el comedor en el que siempre están los padres recuerdan el modelo de sitcom) y la necesidad de situar el discurso en un lugar preferente, confieren a la película un tono irreal que mitiga las situaciones menos creíbles y algún que otro bache narrativo en la parte central.

Esta exigencia en reafirmar la idea del filme provoca el determinismo de algunos personajes como el de la antigua amiga en la universidad —cuyo objeto se verá en la parte final— o Ryan (Bo Burnham), que encarna la doble moral masculina.

Una joven prometedora va más allá del ataque contra los hombres (depredadores sexuales que se aprovechan de una borracha, comentarios machistas cuando va por la calle o conduciendo, etc.) pues su carga de profundidad se dirige contra el sistema patriarcal establecido donde el enemigo es un conjunto indeterminado de personas, incluyendo también a las mujeres (una madre que espera de su hija que reproduzca el modelo tradicional, la antigua compañera de estudios o la rectora del centro universitario donde ocurrieron los hechos) que perpetúan el bucle social de la desigualdad y la violencia de género.

Con esta tesis, la consecuencia de todo lo mostrado hace que Cassie asuma su destino y no tenga otro camino más que continuar hacia delante. En un final que supone la culminación de un propósito dibujado concienzudamente y en el que asistimos a la única salida posible para la protagonista: unir su destino a Nina —ese colgante con los corazones partidos— para obtener una victoria pírrica sobre los miembros de una sociedad que permite la persistencia de la cultura de la violación, del abuso sexual contra la mujer, bien por acción o por omisión.

Comedia, tragedia, alegría, pesimismo, venganza, sacrificio, contención o desenfreno son algunas de las calificaciones contradictorias que emergen de esta película en la que el regusto amargo tras los títulos de crédito certifica las diferencias que todavía persisten entre hombres y mujeres.

Una joven prometedora es un filme tan imperfecto como necesario en estos momentos, que destaca como una pintada en la pared, alertando de las consecuencias de la persistencia de una sociedad patriarcal.

Escribe Luis Tormo

Título: Una joven prometedora
Título original: Promising young woman
País y año: Reino Unido, 2020
Duración: 113 minutos
Dirección: Emerald Fennell
Guion: Emerald Fennell
Fotografía: Benjamin Kracun
Música: Anthony B. Willis
Reparto: Carey Mulligan, Bo Burnham, Alison Brie, Connie Britton, Jennifer Coolidge,
Productora: Filmnation Entertainment, Focus Features, LuckyChap Entertainment.
Distribuidora: Focus Features. Universal Pictures

Artículo original publicado en Encadenados

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