Crítica de Hogar de Àlex Pastor y David Pastor

Parásito

Vivir la vida acorde al modelo comúnmente aceptado, y que es el que reproduce el estándar de la publicidad, termina afectando a la capacidad de adaptación cuando por alguna causa el esquema se resquebraja. Hogar, dirigido porÀlex Pastor y David Pastor, comienza con un anuncio relamido y empalagoso sobre el modo de vida ideal, una publicidad desfasada que se encadena rápidamente, estableciendo un paralelismo, con Javier, un creativo publicitario al que el sistema expulsa por ser mayor. Su encaje -en estos tiempos de recuperación económica tras la crisis- no es fácil y choca con unas condiciones laborables endebles (le llegan a ofrecer un contrato de prácticas).

La primera parte del filme teje una telaraña de araña en torno al personaje de Javier de tal manera que éste va perdiendo el contacto con la realidad. Esta envoltura termina aislando al protagonista que únicamente ve una salida en la visita a su antigua vivienda cuando los inquilinos nuevos salen para trabajar. Una vivienda que para el protagonista significa todo lo que ha perdido.

La dependencia se materializa con la asistencia de Javier a las charlas de alcohólicos anónimos, para contactar con Tomás (Mario Casas), el nuevo dueño del piso. En la primera reunión Javier se confiesa alcohólico cuando no lo es, aunque en realidad sí tiene una dependencia, la dependencia de una vida que él considerada ideal: un buen piso situado en una buena zona, una familia, un colegio de pago, un coche de gama alta; es decir, los tópicos de una sociedad basada en un capitalismo desmedido donde cada uno vale lo que tiene en cada momento.

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Foto: Netflix

La obsesión por conocer a la familia que habita en su antiguo piso viene de la necesidad de volver a ocupar el estatus socialmente adquirido; pero no porque sienta predilección por Tomás o porque sienta amor hacia la mujer y la hija de éste. Javier está enamorado del concepto de familia adecuada y correcta que sigue el modelo estandarizado; simplemente realiza una sustitución, pasando a interesarse por las personas que ocupan lo que era su antigua vivienda, ese hogar espacioso, bien amueblado y con magníficas vistas de la ciudad.

En este sentido Hogar arremete contra ese modelo tradicional de familia, esa familia que cuenta con una serie de roles establecidos que encorseta a sus miembros. Los hombres, Javier y Tomás, son mezquinos con sus parejas pues ambos consideran que ellos son el núcleo principal sobre el que gira todo el peso, mientras sus mujeres trabajan simplemente para cubrir el expediente. Tanto uno como otro echan en cara a sus mujeres el trabajo de dependienta y el trabajo de abogada en inmigración; y son las mujeres las que se encargan de la educación de los hijos mientras ellos tienen como principal ocupación el trabajo que sustenta a la familia.

Durante esa primera parte el filme va aumentando paulatinamente la tensión utilizando la enorme capacidad actoral de Javier Gutiérrez que brinda la posibilidad de modular un personaje que evoluciona desde lo identificable y reconocible (una persona mayor que queda fuera del mercado laboral) hasta su transformación en un ser oscuro, introspectivo y mentalmente enfermo. Para acompañar este cambio hay una gradación del tempo narrativo que lleva incluso a retardar la presencia del personaje de Tomás y su familia para que seamos capaces de entender los movimientos que efectúa Javier.

Sin embargo hay un punto en el que el guión, coescrito también por los hermanos Pastor, se acelera comenzando a perder la credibilidad introduciendo situaciones y personajes irreales que van más allá de la mínima lógica en aras de que Javier consiga su objetivo final. Como ejemplo basta reflexionar sobre la subtrama que incorpora el personaje del jardinero de la finca (para indicar que en cualquier lugar hay trastornos) o la inverosímil resolución respecto a Tomas.

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Foto: Netflix

La tesis del filme está clara pero el camino que nos acerca a ella, no. Hogar deja patente que el sistema establecido termina convirtiéndonos en esclavos de nuestros deseos situándonos en el arribismo social para defender el estatus establecido. Javier es el que protagoniza en mayor medida esta circunstancia pero el resto de personajes son reos de esa misma condición; Tomás es el jefe de la empresa gracias a su suegro, la mujer de Tomás ve en su marido un riesgo para el mantenimiento de la familia, la mujer de Javier descubre el juego sucio de su marido pero mirará hacia otro lado para que su situación y la de su hijo no se vea afectada.

Sin embargo la precipitación de los acontecimientos en la segunda parte enturbia ese recorrido que sabemos nos va a conducir al final cerrando el círculo. Si el filme comenzaba con ese anuncio sobre el hogar que te mereces, la escena final con Javier conduciendo su coche de lujo, llegando a su magnífica casa, satisfecho de su trabajo, mientras la niña baja por la escalera, abraza a su mujer y se deleita con la vista privilegiada desde la terraza, todo ello con la misma música con la que comenzaba la película (el conocido dueto de las flores de la ópera Lakme de Delibes), es realidad otra estampa publicitaria, otro anuncio.

Pero Hogar es una película que se recrea en los detalles y la última imagen que vemos es un primer plano del grifo goteando, un plano similar al que ya habíamos visto en la primera parte del filme cuando Javier se tiene que mudar a su antigua casa. El grifo gotea tanto en la casa vieja como en la nueva mansión. En el capitalismo salvaje el defecto o la amenaza está siempre presente y esa gota que cae en segunda plano indica que, incluso en la mejor de las situaciones, todos estamos en el filo de la navaja ante cualquier deriva externa que pueda llevarse por delante lo conseguido.

El filme está rodado de una forma elegante con un envoltorio formal que los directores adaptan a cada situación como los suaves movimientos de cámara hacia los protagonistas, el juego con los picados y contrapicados para acentuar la tensión o el juego con los primeros planos y la profundidad de campo en el piso objeto de deseo.

Hogar hubiera redondeado su interesante propuesta si este tratamiento estético hubiese sido acompañado de un guión que no se perdiera transitando caminos tópicos más pendiente de buscar el efecto que de plantear una reflexión sobre la sociedad en la que habitamos.

Escribe Luis Tormo

Título: Hogar
País y año: España, 2020
Duración: 103 minutos
Dirección: Àlex Pastor, David Pastor
Guion: Àlex Pastor, David Pastor
Música: Lucas Vidal
Fotografía: Pau Castejón
Reparto: Javier Gutiérrez, Mario Casas, Bruna Cusí, Ruth Díaz
Productora: Nostromo Pictures / Netflix España
Distribuidora: Netflix
Fecha de estreno: 25 de marzo de 2020

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Foto: Netflix

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