Crítica de Cuerdas de José Luis Montesinos

Cuidado con el perro

El instinto de supervivencia es innato al ser humano. Ante situaciones extremas donde el riesgo nos amenaza, sea esa amenaza de cualquier índole, las personas reaccionan defendiéndose a pesar de las dificultades. Y junto a la supervivencia, la necesidad de superación de todo aquello que nos dificulta el desarrollo normal de la vida.

Cuerdas, el primer largometraje del tarraconense José Luis Montesinos, nos habla de esa primacía por sobrevivir a pesar de que el personaje desee precisamente lo contrario. Una chica tetrapléjica, Elena, se traslada a una masía alejada de la ciudad junto a su padre. Traumatizada por el accidente que sufrió mientras conducía y que la postró en una silla de ruedas para siempre, además de otras consecuencias que descubriremos más adelante, la joven ha perdido las ganas de vivir.

El padre de Elena, un viudo que arrastra su propio sentimiento de culpa, se ocupa del bienestar de su hija elaborando un plan para que se pueda valer por sí misma cuando el ya no esté. Para ello confiará su ayuda —además de un amigo lejano que la visitará de vez en cuando— en Athos, un perro adiestrado cuyo cometido es facilitar todas aquellas tareas que Elena no puede realizar por su situación física.

Este argumento, que podría tener su desarrollo a través de un formato que el cine ha desarrollado habitualmente mostrando el afán de superación con tintes dramáticos, en Cuerdas se materializa a través del género del terror. Una elección que implica una vuelta de tuerca sobra una situación ya de por si sombría que transforma la realidad, su universo, en una pesadilla. Contradictoriamente, todo aquello que tenía que estar al servicio de la persona tetrapléjica, resulta que se vuelve en su contra.

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La casa aislada planteada como una especie oasis que debía aportar las condiciones ideales para vivir se termina convirtiendo en una trampa merced a diferentes circunstancias del destino que hacen que el fiel Athos, un perro adiestrado para satisfacer las necesidades de Elena, no cumpla con aquello que tenía encomendado.

Del impedimento físico de la protagonista, condenada a la esclavitud de la silla de ruedas en un entorno que se vuelve hostil, surge la tensión que se acrecienta debido a la soledad que rodea a la chica.

La adscripción al género de terror, asentada en una serie de hechos casuales que se acumulan para desembocar en tragedia, tiene un efecto positivo pues sacude la pesadumbre de una persona que no ve más allá de su desdicha personal. A pesar de la inestabilidad mental en la que está inmersa, Elena terminará luchando para sobrevivir enfrentándose a aquello que puede acabar con ella.

Sus miedos están encarnados en la transformación que sufre Athos, el perro cuya función es asistirle en sus necesidades y que termina convirtiéndose en una amenaza mortal. Ese animal simboliza los miedos que consumen a Elena: la no aceptación de su condición de tetrapléjica y el sentimiento de culpabilidad por las consecuencias que ha provocado el accidente pues Elena era la conductora del vehículo.

Siguiendo el esquema del género de terror con animales —Cujo (1983) sería un buen referente—, el espacio físico es una ratonera donde la protagonista queda atrapada. La dificultad de su limitada movilidad añade otra vuelta de tuerca al sufrimiento, pues situaciones que serían fácilmente salvables en un entorno cotidiano, para Elena se convierten en verdaderos obstáculos: abrir o cerrar una puerta, moverse por la casa o acceder a cualquier elemento supone una dificultad que pone a prueba la capacidad de supervivencia de la protagonista.

El mecanismo narrativo basado en la superación de los diferentes riesgos y trampas, con un ritmo que se va acelerando, oculta las posibles preguntas que se pueda hacer el espectador sobre la credibilidad del relato (uno de los puntos más endebles del guión). Contribuyen a esa inmersión en la historia la sensación claustrofóbica de la casa, con sus habitaciones, que termina siendo un personaje más de la película convirtiendo sus espacios en compartimentos cerrados que ahogan a Elena.

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El terror psicológico tiene también un papel relevante en base a las apariciones de la hermana muerta, figuraciones o ensoñaciones de una Elena atormentada por la culpa, que juega su papel como acicate —no exenta de cierta trampa en alguna ocasión— para su propia supervivencia que es de lo que realmente nos habla la película. Todos los seres queridos que rodeaban a Elena, su propia familia, ya no están con ella.

La posibilidad de sobrevivir, sola, sin ayuda de nadie, es la historia de superación que nos propone Cuerdas. De hecho, aunque en lo formal —por esa pertenencia al género de terror— parezca que José Luis Montesinos ha debutado en la gran pantalla con una película que se aleja de la trayectoria que ha llevado en sus cortometrajes, la temática no es nueva: en su primer corto, Físico, ya aparecía un personaje en silla de ruedas, y la necesidad de sobrevivir en la actual sociedad era el tema de su multipremiado corto El corredor (2015).

Rodada en Valencia, sin grandes medios aunque aprovechando todos los elementos con los que cuenta (y con la dificultad de rodar con animales), Cuerdas transmite una sensación de película artesanal que tiene la capacidad de crear una situación angustiosa que involucra al espectador que permanece atento al tour de force a la que es sometida Elena, interpretada por una brillante Paula del Río; creando un entorno claustrofóbico en el que las cuerdas son los elementos que ayudan a facilitar la vida de Elena, pero también son unas cuerdas simbólicas que hay que romper, para liberarse y continuar viviendo fuera de esa casa.

Otra cosa son las reflexiones que, tras los títulos de crédito finales, puede plantearse ese mismo espectador y que tienen que ver con situaciones muy forzadas y poco creíbles (el aislamiento en el monte de una chica tetrapléjica, la reiteración del enfrentamiento con los animales, la comadreja) o el abuso en la mostración de la culpabilidad y la presencia de su hermana mediante esas imaginarias visiones.

Escribe Luis Tormo

Título: Cuerdas
País y año: España, 2019
Duración: 87 minutos
Dirección: José Luis Montesinos
Guion: Yako Blesa, José Luis Montesinos
Música: Arnau Bataller
Fotografía: Marc Zumbach
Reparto: Paula del Río, Miguel Ángel Jenner
Productora: Bastian Films / Gaia Audiovisuals / Institut Valencià de Cultura / Numintec /  Súbete al Tren / TV3
Distribuidora: Begin Again Films
Fecha de estreno: 28 de febrero de 2020

Artículo publicado originalmente en Encadenados

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