Crítica de Bikes

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Pedales sostenibles

Bikes es la primera película que surge del acuerdo de coproducción cinematográfico firmado en 2014 para el desarrollo de proyectos entre España y China. Con producción del valenciano Ximo Pérez y dirigida por el castellonense Manuel J. García, la película fue nominada a los Goya 2019 como mejor largometraje de animación (que finalmente ganó Un día más con vida).

Partiendo de referencias fílmicas en los que los protagonistas son medios de transporte (Cars, Aviones, etc.) que reproducen comportamientos humanos, Bikes nos describe una ciudad, Spokesville, habitada únicamente por bicicletas. Un lugar idílico ajeno a los conflictos y donde la vida transcurre amablemente con personajes como Speedy, una bici de montaña que está rodeada de amigos como Piñón, una bicicleta de ciudad; Gassy, una bomba de aire; Montana, una bici atrevida y rebelde, etc. Sin embargo, la llegada de Rock, el campeón local, compinchado con los banqueros de la ciudad, introduce el motor de gasolina incorporado a las bicicletas, y a partir de ahí la tranquilidad se ve amenazada por la intrusión de este innovador elemento.

Mostrando la adhesión inicial de todas las bicicletas, los problemas que poco a poco se van generando por la introducción del motor de gasolina, hacen que este apoyo se vaya transformando en oposición, una oposición liderada por Speedy y que permite lanzar el primer mensaje del filme: la necesidad de cuidar el entorno en el que vivimos, fomentando la ecología como forma de vida pero también como actitud necesaria para preservar el mundo, como una necesidad obligada si queremos subsistir en el mundo.

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Por lo tanto, hay un canto a la amabilidad del tipo de vida asociada al deporte, al transporte sostenibles y que se plasma en la convivencia que trasmite la sencillez de desplazarse con la bicicleta (ausencia de ruido, aire limpio, entretenimiento, diversión, trabajo en equipo) frente a la supuesta mejora de la vida a través de la motorización que al final termina traduciéndose en contaminación, enfrentamientos y la especulación generada por la necesidad de consumir este producto.

Con una animación sencilla, de colores vivos, que juega con los primeros planos y el fondo y donde acompañamos a los personajes a través de sus movimientos, la creación de la ciudad, con sus calles convertidas en carriles bici y con los elementos arquitectónicos concebidos como partes de la bicicleta, es la parte más atractiva del filme.

La participación de capital chino en la producción se traduce en la inserción de una serie de referencias del país asiático, tanto en casas y edificios o paisajes como en uno de los personajes mejor concebidos, Chang, una vieja bicicleta que encarna la sabiduría oriental y que ejerce de maestro orientador del joven Speedy, aportándole consejos y conocimientos que emanan de la antigua tradición (tranquilidad, conocimiento de uno mismo, concentración).

La relación entre Chang y Speedy introduce un segundo tema que tiene que ver con la necesidad de luchar por lo que uno cree, transformando la meta en una metáfora de los objetivos de superación que se marcan las personas en la vida, a la vez que apuesta por la cultura del esfuerzo para conseguir los retos. El pedaleo continuo y esforzado de Speedy se postula como ejemplar frente al motor de Rock, el antiguo héroe transformado ahora en villano.

A esta pedagogía de buenas intenciones le resta firmeza la simplificación de unos personajes planos que se limitan a asumir sus roles (el bueno, el malo) en un desarrollo que comienza a resentirse a partir de la mitad del filme. El hecho de que el filme vaya dirigido a un público estrictamente infantil no está reñido con un tratamiento de guión que ponga en valor los diferentes personajes que nos presentan. Es sintomático que la parte final, con la carrera que enfrenta a Speedy y Rock, se alarga en exceso con una serie de codas que ejercen el efecto contrario a la emoción que debería provocar el frenesí competitivo del protagonista.

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Algunas referencias que aparecen aquí y allá salpican la narración aportando destellos de brillantez. Un edificio de los que aparece reproduce la estación eléctrica Battersea Power Station que aparecía en la portada del disco Animals de Pink Floyd, mientras en la banda sonora unos compases recuerdan la canción Money aportando un guiño a la industrialización (chimenea, contaminación) relacionándolo con las ganancias y el dinero; en otro momento una persecución se transforma de una manera muy imaginativa utilizando las pantallas del clásico videojuego Pac-Man, conocido como comecocos, en el que los personajes tienen que esquivar las trampas vintage de este juego.

El filme se completa con un adecuado registro de voces en el que destacan Carlos Latre y Anabel Alonso y donde aparece el guiño al mundo del ciclismo con la participación en el doblaje de Pedro Delgado.

Finalmente hay que poner el acento en la importancia que puede tener un trabajo como Bikes en el posicionamiento como industria cultural para la animación española, valenciana en este caso, de cara a futuros proyectos de internacionalización de nuestro cine en el mercado exterior; de hecho García ya está trabajando en otra coproducción con China, Argentina y Canadá, que toma como base las esculturas del artista Juan Ripollés.

Escribe Luis Tormo

Artículo publicado originalmente en Encadenados

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