Crítica de Miamor perdido y entrevista con Emilio Martínez Lázaro

Ni contigo ni sin ti

Para decodificar la estructura de un género cinematográfico se necesita conocer a fondo las reglas que rigen ese tipo de escritura para, de esa forma, poder despojar o manipular el relato y aportar un punto de vista original. Emilio Martínez Lázaro, con una larga historia en el cine español, se ha acercado en numerosas ocasiones a la comedia romántica, a la comedia en la que se analizan las relaciones de pareja.

Nos puede cegar la perspectiva si únicamente nos atenemos a sus dos últimos filmes, el díptico que compone 8 apellidos vascos y su continuación, 8 apellidos catalanes. Bendecidos por la taquilla, sobre todo el primero, no son desde luego los mejores avales para hablar de un género en el que Martínez Lázaro se ha expresado de mejor manera a través de las ya lejanas Amo tu cama rica (1991) o Al otro lado de la cama (2002). La primera era una comedia agridulce que descubrió a Ariadna Gil como actriz, y la segunda un juego con el musical, que se convirtió en su momento en uno de los filmes más taquilleros, propiciando una secuela; dos ejemplos de que la comercialidad no tiene por qué estar reñida con la calidad.

La elección de Dani Rovira como protagonista del filme podría indicar una continuidad con los dos filmes precedentes, pero desde las primeras imágenes ya intuimos que Miamor perdido fija su mirada en la comedia clásica pasada por el túrmix de la propia tradición del realizador a lo largo de los años en este género, y en la que, partiendo de situaciones reconocibles, se pretende aportar un toque de originalidad apartándose de los caminos más trillados.

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Mario (Dani Rovira) y Olivia (Michelle Jenner) son dos personas incapaces de mantener una relación de continuidad con sus parejas, tras un encuentro provocado por el azar (el choque), unen sus caminos en lo que parece ser un amor recíproco. La filmación en pantalla ancha, los colores brillantes y cálidos de la fotografía, y el enamoramiento inicial que se va afianzando entre ambos, con gatito incluido (recuerdo para Desayuno con diamantes), nos remite precisamente a las comedias clásicas.

Una vez trascurrida esta primera parte introductoria, el filme va girando hacia un tono más sarcástico, en el que sin abandonar el tono humorístico se va mostrando el tema principal de la película: el miedo al compromiso de los dos personajes. Una pareja que por miedo a un previsible fracaso futuro es incapaz de vivir el presente, de tal forma que al no comprometerse entienden que se encuentran más seguros sentimentalmente, por lo que ambos deciden torpedear su propia relación.

A partir de ese momento comienza una guerra de sexos en la que ambos personajes, con sus separaciones y encuentros, con sus verdades y mentiras, se enfrascan en una pelea emocional —y física— que termina en un atolladero, pues sufren cuando están juntos pero también lo pasan mal cuando se encuentran separados. La comedia inicial deja paso a una mixtura de sensaciones agridulces donde cada personaje parece que se retroalimenta del conflicto y no tanto de ese enamoramiento que persiste entre ellos como invisible nexo de unión.

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Un punto de vista, esta guerra de sexos, que aparece aquí y allá en la filmografía de Martínez Lázaro. Alimentaba el conflicto entre Ariadna Gil y Pere Ponce en Amo tu cama rica, aparecía también entre los cuatro personajes protagonistas en Al otro lado de la cama, en el triángulo amoroso de La montaña rusa y, de una manera más dulcificada, en Ocho apellidos vascos.

Las relaciones equiparadas a la imagen de una montaña rusa, que aparecía en la película del mismo nombre y que se repite ahora también aquí para simbolizar el recorrido sentimental de Mario y Olivia. El vértigo, las subidas y bajadas, las risas y el miedo de la atracción son el reflejo de lo que les va ocurriendo.

Unas relaciones que el director, en un juego por retorcer y mostrar los mecanismos internos de esa comedia, exhibe también en la parte final de la película a través de la obra de teatro en la que ambos protagonistas participan. Volvemos a asistir, ficción dentro de la ficción, a una especie de highlight en el que la pareja expone frente al público aquellas vivencias que el espectador ya conoce. Un recurso que sirve para ahondar en el tono cáustico aunque termina siendo reiterativo, sobre todo teniendo en cuenta la amabilidad con la que finaliza el relato (aunque sepamos el tipo de relación que les espera a esta pareja).

De igual forma resulta un tanto forzado el uso de los tópicos geográficos, en este caso, la caracterización del personaje de Olivia como valenciana (el gato que sólo entiende el valenciano, Chimo Bayo, la pastilla, etc.) pues realmente ese elemento sociológico/autonómico no aporta valor a la definición del personaje ni sirve para contextualizar la historia. Quizá no sea tan fácil dejar atrás el éxito de 8 apellidos vascos.

Nos queda una comedia amable en la que, como indicábamos al principio, se vislumbra el conocimiento de los mecanismos de la comedia y donde aparecen referencias a autores como Woody Allen o Bogdanovich, o las comedias desatadas de enfrentamiento de sexos (desde La guerra de los Rose a Sr. y Sra. Smith), con un dibujo muy apropiado de los personajes secundarios; pero donde el resultado final no termina de destacar para lo que se espera de un corredor de fondo del cine español.

Ojalá Miamor perdido triunfe en taquilla como los filmes anteriores del director por el bien del cine español y de la industria que se genera alrededor de las producciones cinematográficas. Y aprovechando que Martínez Lázaro dice que quiere ponerse cuanto antes manos a la obra con otros proyectos, no estaría mal un giro respecto a esta última etapa, sobre todo para profundizar en otros enfoques pues algunos de sus trabajos más interesantes se han movido en otros géneros, como fue el caso del interesante thriller, injustamente olvidado, La voz de su amo.

Escribe Luis Tormo

Entrevista con Emilio Martínez Lázaro

A propósito de Miamor perdido

Dentro de los Preestrenos de Cine Español del Festival de Cine Antonio Ferrandis, organizado por el Ayuntamiento de Paterna y los cines Kinépolis, tuvimos la oportunidad de acudir al preestreno de Miamor perdido, el reciente trabajo de Emilio Martínez Lázaro, tras la exitosa saga de los apellidos vascos y catalanes.

Esta nueva comedia, protagonizada por Dani Rovira y Michelle Jenner, se estrena en España el 14 de diciembre de 2018.

Para presentar la película estuvo el propio Emilio Martínez Lázaro, a quien, junto con otros medios, pudimos entrevistar para hablar de esta reciente producción y de aspectos relacionados con su ya larga carrera dentro del cine español.

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Estas son algunas de las cuestiones que fueron saliendo a lo largo de la entrevista.

¿Cómo se hace para conseguir el éxito que tuviste en su momento con Al otro lado de la cama y su secuela a principios de los 2000, en su momento las películas más taquilleras del cine español; y luego lo repites con 8 apellidos vascos y 8 apellidos catalanes?

Pues no lo sé. Ojala que tuviera una fórmula y la tuviera por escrito o aunque fuera por tradición oral. No lo sé. Lo que yo pienso sobre eso es que intento que me guste a mí. Muchas veces pienso, qué es lo que me ha gustado a mí en la vida y por qué lo que me gusta a mí le puede gustar a tanto público. Y en principio no tendría que ser así. Si miro mis gustos cinematográficos y mis lecturas son mucho más selectivos que los de la mayoría del público, pero es que yo creo que los que hacemos las cosas, los escritores o los directores de cine o los pintores, debemos hacer las cosas —y esto lo decía un viejo productor catalán— tirando del público hacia arriba, no empujándolos hacia atrás como hacen otras películas que dicen: «vamos a contarles otra vez la historia del bautizo, la boda, los cuñados, etc. porque son divertidas y los cuñados son tontos…».

No. En lugar de eso, si tenemos que contar una comedia donde nos acercamos a la adolescencia hacemos Los peores años de nuestra vida, donde dos hermanos tienen un problema, y resulta simpático, la gente lo entiende, pero es un poco más serio. Y si hacemos lo de los vascos y catalanes, vamos a intentar contar todo lo que pasa ahí, tal y como lo vemos las personas normales —que somos la mayoría—, vamos a contar hasta el fondo y no tener miedo de meternos con los radicales, con los nacionalistas sevillanos o con nadie.

Estas son mis conclusiones, pero si se lo cuento a otro diré: «Pues yo también quiero». No tiene explicación. Yo las hago exactamente igual que como me gustan a mí.

Es la tercera vez que trabajas con Dani Rovira. En la saga de los apellidos es normal porque hay continuidad con los personajes, pero esta película es independiente de las anteriores. Has comentado que en la escritura del filme ya pensabas en él como protagonista. ¿Qué es lo que ves en Dani como para crear un personaje?

Es verdad que pensé en él. Yo asistí a su ascenso con el éxito brutal en 8 apellidos vascos durante el cual le hicieron la vida imposible sencillamente los peatones por la calle, la gente en los bares, los periodistas, fotógrafos en la puerta de su casa, etc. Entonces aquello que vivió pensé que podríamos utilizarlo, y así fue como empezamos el guión. Finalmente de eso no queda nada en la película, queda un poco que él pasa de los garitos pequeños a los teatros, pero en la película eso no tiene ninguna importancia real.

El hecho de trabajar con Dani es porque considero que es muy buen actor y le había dirigido en dos películas que era casi todo en tono de farsa y pensaba que él tenía otro tono de interpretación, que es el de esta película, mucho más rico, mucho más flexible y mucho más interesante. Por eso quería hacer con él la película. No hay nada distinto de elegir un buen actor, alguien a quien conozco muy bien, él me conoce a mí también, y además nos llevamos muy bien.

En esta ocasión has contado en el guión con tu hija, Clara Martínez-Lázaro. ¿Qué tal ha sido esa experiencia?

Cuento cómo fue. Ella ha hecho una película que ya está estrenada, Hacerse mayor y otros problemas. Leí el guión antes de que la hiciera y me impresionó. La verdad es que yo quería hacer ese guión cuando lo leí y me dijo que no pues lo iba a hacer ella. Pero me gustó muchísimo, entonces cuando ella terminó su película le comenté: «Pues hombre, escríbeme algo…». Y ella llamó a otro guionista, Miguel Esteban, una persona de mucho talento también, y ha sido muy agradable trabajar con ellos dos porque son gente inteligente.

¿Has querido cambiarle algo?

He estado todo el rato en el guión, marcando por dónde iba la película, el diseño final del guión lo he hecho yo, aunque no aparezca en los títulos. Pero eso lo he hecho en todas las películas que he rodado, no sólo en ésta.

¿Aquí tenemos ese punto muy musical que también se ha notado mucho en tus películas?

Me gusta mucho la música. Se nos ocurrió que ella era valenciana y el gato era valenciano. Y Chimo Bayo era lo siguiente. Le dejé a Michelle Jenner unos videos de YouTube de un baile, el Shuffle, y al día siguiente ya lo sabía hacer. Vino una chica a hacer las coreografías con ella pero ella lo hubiera hecho igual sola. Es un monstruo, una actriz impresionante. Y lo de Chimo vino por una idea muy buena de Miguel Esteban que se le ocurrió sobre el tema de darle al gato la pastilla… y una manera de tomarse un valenciano una pastilla es escuchar a Chimo Bayo.

Michelle es una superdotada para la comedia. Antes de contratarla vi las comedias que había hecho donde no tenía papel, el papel cómico estaba en los hombres. Entonces dije: «Esto es otra cosa». Hicimos una prueba y vi que era divertidísima, una persona en primer lugar super inteligente, payasa, divertida hasta extremos increíbles, cómo se ve en la película, capaz de hacer el tonto de una manera salvaje. Para mí ha sido una sorpresa brutal y encima sabe cantar muy bien.

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A pesar de ser una comedia, tiene un tono agridulce. Recuerda además de tu último cine a la ya más lejana Amo tu cama rica, por mostrar esa descomposición de la pareja que siempre das dentro del tono de comedia pero que tiene ese punto…

Sí, sí. Muy ácido. La historia es una pasión arrebatadora que tienen ellos dos, pero que ellos mismos intentan boicotear todo el tiempo porque les da pánico el compromiso: primero, les da pánico que eso dure en el tiempo porque saben que eso no dura; y segundo, que el final es un desastre y es muy desagradable.

Por eso hicimos las dos escenas del principio, un poco exagerada la del piano, pero que son muy explícitas de cómo terminan las historias anteriores de ellos. Esto es lo que está detrás de la historia. Aunque tiene un final feliz cualquiera se puede imaginar que en el minuto siguiente otra vez están a malas… Eso pasaba en Amo tu cama rica y también pasaba, de otra manera, en El otro lado de la cama, que es una historia que tiene que ver con ésta.

En los 70 y 80 hiciste televisión en un momento en que los directores no se acercaban a ese medio. ¿Cómo ves ahora el auge de la televisión, de las plataformas, donde la producción ya ha ganado prestigio? ¿Cómo ves toda esta evolución que se ha dado?

Pues que es inevitable. Todos tenemos en casa unos pantallones gigantescos, se ven muy bien las películas, etc. Y al mismo tiempo lo veo como una cierta desgracia porque no se ve igual una película en compañía de los espectadores que solo en tu casa, que te puedes levantar, que suena el teléfono… No es igual. El hecho de reunirse en grupo para ver algo se va a perder.

La prueba es que los espectadores se han vuelto a reunir en el teatro. Los espectadores que han abandonado las salas de cine están volviendo al teatro. En Madrid hay obras de teatro todos los fines de semana, y no exagero, hay 80 obras de teatro. Con una programación que cambia cada semana, y hay muchísima variedad. Lo veo, por un lado, como inevitable, y por otro, no me gusta tanto.

Eso en cuanto a la manera de verse. Y en cuanto a lo que se ofrece por las plataformas pues hay de todo. Estoy harto de poner series y de quitarlas en Netflix, melodramas con narcotraficantes, las comedias son muy débiles, las comedias románticas son muy ñoñas… Pero de pronto se cuelan cosas fantásticas, como una serie que he visto sobre un tío de Chicago, muy light, pero que es sensacional, con un estilo totalmente nuevo, comedia nueva que me ha encantado. Pues de pronto la novedad viene por aquí también. No se puede criticar todo.

Escribe Luis Tormo

Artículos publicados originalmente en Encadenados

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