Entrevista con Jaime Lorente a propósito de El mal hijo

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Jaime Lorente se dio a conocer por su trabajo como actor en La casa de papel y Élite,  dos series que le permitieron tener una proyección nacional e internacional. Tras estos dos títulos siguieron papeles como protagonista en títulos como El Cid, 42 segundos, Cristo y Rey; Disco, Ibiza, Locomía, etc. Con El mal hijo, basada en la novela del mismo título de Salvador S. Molina, debuta en la dirección.

El actor y director murciano ha estado en los Cines Lys de Valencia presentando su opera prima y con él hemos hablado de su cómo ha sido su experiencia con El mal hijo y de sus inquietudes como cineasta.

¿Qué es lo que querías trasmitir dirigiendo que no podías hacerlo desde tu faceta como actor?

La actuación es intentar contar, resolver tu identidad, en un ecosistema que no te pertenece, que no es tuyo. Es un trabajo hermoso porque en la interpretación, un personaje puede ser lo más alejado de ti y terminas convirtiéndolo en algo cercano que va a pasar en tu vida. Y utilizas una máscara, pero siempre, detrás de la máscara, hay un deseo de comunicarte a ti mismo, de transmitirte a ti.

Lo que pasa es que llevaba mucho tiempo queriendo no solo contarme eso a mí mismo sino poner toda la carrera en el asador y contarlo a los demás. Al final, el cine es el lugar en que confluyen todas las artes. Para contar una sola cosa, tienes que tomar una cantidad de decisiones enorme y me apetecía mucho sentirme el dueño, pero con una connotación positiva. Creo que es un ejercicio de amor absoluto. Y todo el amor que puse en el proyecto me lo han ido devolviendo. Está siendo hermoso.

El título de El mal hijo parece una sentencia, sin embargo, en la película no se juzga a los personajes ¿Cómo fue esa decisión?

Susi Sánchez me dijo una definición que me encanta sobre el título: las etiquetas sociales están destinadas a tatuársete en la piel y es difícil deshacerte de ellas, por lo tanto terminas siendo un poco esclavo de los títulos que te han impuesto. Pero, efectivamente, a mí me parecía importantísimo tener una mirada contemplativa y una mirada que infundiese respeto hacia lo que estaban contando estos personajes.

Hay algo que tiene el cine que me parece magnífico, es casi una forma violenta que tiene una connotación positiva porque tú vas a una sala de cine de forma voluntaria a ver una historia desde un punto de vista que no es el tuyo. Es algo parecido a lo que pasa con el sexo: es como el éxtasis de amor más profundo pero que no deja ser un acto violento porque estás atravesando a una persona. Pero es puro y hermoso precisamente porque conviven en ellas esa dualidad y la propia dualidad es positiva.

El cine tiene esto también y a mí me encanta. Pero yo sufro un poco cuando me cuentan demasiadas cosas, cuando me empujan hacia la historia de los personajes, cuando veo que está todo subrayado para que se entienda. Cuando tu subrayas algo, al final terminas definiendo a los personajes. ¿Lo pongo de bueno o lo pongo de malo? Y no queríamos ser maniqueístas, o sea, que no todo es blanco o negro, hay una escala de grises. Creo que es perfecto este cambio de tonalidad constante y yo no lo puedo definir empujando la dramaturgia, empujando la cámara hacía unos personajes que no están definidos por sí solos.

El actor Miguel Ángel Puro y el director Jaime Lorente durante la presentación de El mal hijo en los Cines Lys de Valencia

La película tiene dos partes muy marcadas. Una primera, donde hay una cierta mirada neorrealista, y una segunda parte que se decanta por el thriller y que tiene cierto aire de western crepuscular. ¿Esas dos partes estaban desde el principio?

La novela que adaptamos cuenta toda la infancia de Rubén. El salto temporal que se produce en la película no existe en la novela. No está el paso del tiempo ni el personaje de Rubén mayor. En un principio hicimos la adaptación centrada en la primera parte, pero es verdad que nosotros necesitábamos decir algo más, necesitábamos ver las consecuencias a largo plazo de Rubén y de su padre, necesitábamos que la historia se hiciera más grande.

Y ese es un tema que teníamos muy claro, es el código de sensibilidad que requería la película. La toma de decisiones ha ido de la mano de eso y es algo que fuimos descubriendo durante la preparación de la película e incluso también durante el rodaje.

En la película la familia es el origen de las heridas, pero también es el lugar donde sanarlas ¿Cómo afrontas esta dualidad? Ese papel de la familia para bien y para mal.

Sí. Para bien o para mal. Es algo que te puede destruir a ti mismo. Si algo te puede destruir, es que ese algo tiene el mismo poder para construirte que para destruirte. Si algo te condiciona tanto, te limita, te define tantísimo, es que tiene un poder inmenso sobre ti. Ahora, está en ti evitar eso y no ser esclavo de tu historia, está en ti saber sacarle la parte positiva a eso.

¿Cómo afrontas la narración cinematográfica?

Me da un poco de vergüenza decirlo, pero tengo una naturaleza poética fuerte. Recuerdo escribir poesía desde muy pequeño. Y hay algo mágico en la poesía, sirve para definir cosas que no puedes expresar con el lenguaje cotidiano, la poesía le da un espacio a eso. Pero la poesía no se puede decir en el cine por lo tanto la película ha sido un viaje para descubrir a nivel poético qué tipo de imágenes me ayudaban a contar esta historia.

Y sí que es cierto que yo soy una persona que debo tener las escenas montadas en mi cabeza para ver si están bien o mal. Me encanta regodearme en esa creatividad, en imaginar, y me doy mucha rienda en eso.

Es una película pequeña, en el buen sentido de la palabra, donde ruedas con formatos cinematográficos, uno en 16mm y otro en 35mm. ¿Por qué rodar en formato cine que, además, es más caro?

Sí, escuchas el motor de la cámara y parece que la hucha se rompe. Nolan rodó más de 600 kilómetros de película en La Odisea. ¿Tú sabes la millonada que es eso? Tuve la oportunidad de rodar una película, Hamburgo de Lino Escalera, y disfruté viendo a un equipo volcado, hay algo como de ritual, como de concentración que es hermoso. Hay una puesta en escena más profunda de lo habitual.

Y el cambio de formato nos venía genial para reflexionar sobre el paso del tiempo. Aparece el 35mm y parece que la película respira y le da una poética brutal a la película. Hay algo en la textura, dan como ganas de tocarla.

Una imagen de El mal hijo. Foto: Karma Films

Siendo como eres actor ¿Cómo ha sido el proceso de casting? Cuentas con grandes interpretaciones incluyendo la de Susi Sánchez.

En realidad, fue sencillo. Lo que más me preocupaba era el casting del niño por la complejidad del personaje y por cómo quería rodar porque hay escenas de los niños que están planteadas en un solo plano y son escenas de 4 ó 5 minutos. Y yo no sé cómo trabajar con un niño al que tienes que moldear para que te dé lo que es correcto. Pero este niño tiene un talento especial. Y lo mismo pasó con Hugo que hace de Rubén mayor. Leyeron una escena y les dije inmediatamente: «¿Vosotros queréis hacer la película?».

Miguel Ángel Puro estaba desde el principio.

Sí, sí, siempre ha estado. Tenemos una amistad que nació de la parte profesional. Estudiábamos en la misma escuela, teníamos muy poca relación, la justa, pero una admiración mutua. Hablamos hace ya muchos años de un guion, antes de la pandemia, y dijimos que se tenía que hacer.

Esta es una película sobre la influencia de la figura paterna. Tú eres padre. ¿Esa situación te ayudó o hay algo tuyo en lo que quieres contar?

Creo que uno puede hablar mucho mejor de lo que conoce que de lo que desconoce. Y sobre todo cuando tú quieres hacer algo autoral ¿Qué significa entonces personal? Es imposible no tirar de lo que tú tienes. Es cierto que ser padre te abre un cajón en el corazón que yo no sabía que existía, que te hace tener una mirada de más amor y también de más miedo. Entonces, sí. Yo me he sentido muy removido con cosas de la película.

Y ya para terminar. ¿Cómo valoras la experiencia para tus siguientes trabajos?

Creo que no ha habido ninguna revelación, te lo digo con toda sinceridad. No hay nada que no sea lo básico para mí: empatizar, escuchar y respetar. Y luego, en cuanto a la parte técnica, siempre he sido muy consciente de la cámara, de los procesos, de la dificultad de las cosas.

Escribe Luis Tormo

Miguel Ángel Puro, Luis Tormo y Jaime Lorente

Artículo publicado originalmente en Encadenados

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