La construcción de un sonido
Publicado en 1974, Crime of the Century supuso el verdadero punto de inflexión en la carrera de Supertramp. Hasta entonces, el grupo británico había publicado dos discos, Supertramp (1970) e Indelibly Stamped (1971), con escaso éxito comercial. La situación llegó a poner en peligro la continuidad de la banda y solo el empeño de sus dos principales compositores y líderes, Rick Davies y Roger Hodgson, permitió que el proyecto siguiera adelante.
Para afrontar esta nueva etapa, ambos reformularon la formación con la incorporación del batería Bob Siebenberg, el bajista Dougie Thomson y el saxofonista John Helliwell. Junto a Davies y Hodgson, estos cinco músicos formarían la alineación clásica de Supertramp y serían los responsables de construir el sonido que definiría al grupo durante los años siguientes.
A esta renovación de la formación se sumó otro elemento decisivo: la llegada del productor Ken Scott, conocido especialmente por su trabajo con algunos de los discos más importantes de David Bowie. Scott consiguió combinar elementos del rock progresivo y del pop con una producción sofisticada, pero accesible, que supuso una ruptura respecto a los dos primeros trabajos de Supertramp. El resultado fue un sonido reconocible, basado en el diálogo entre el piano acústico y eléctrico, las voces de Davies y Hodgson, el saxo y el clarinete de Helliwell y una cuidada utilización de los arreglos.
Aunque Crime of the Century comparte algunos rasgos con el rock progresivo de su época, no es un disco conceptual en sentido estricto. Sus canciones no desarrollan una única historia, sino que abordan diferentes aspectos relacionados entre sí: la incomunicación, la frustración, la soledad, el aislamiento y el conflicto entre el individuo y las normas sociales. Precisamente esa variedad temática permite que el álbum funcione como un conjunto coherente sin necesidad de seguir una narración única.
El disco comienza con School, una de las canciones que mejor resume el nuevo sonido de Supertramp. La introducción, construida a partir de una armónica que recuerda al sonido cinematográfico de Ennio Morricone, las guitarras y un clarinete suave, desemboca en las voces de unos niños y, posteriormente, en la irrupción de la batería y el protagonismo del piano. La canción funciona como una crítica a la educación entendida como un sistema de normas y convenciones que condiciona al individuo desde una edad temprana.
La composición da paso a Bloody Well Right, escrita por Rick Davies. Una introducción de carácter jazzístico desemboca en un tema más cercano al blues, en el que continúa la crítica a la educación y a las convenciones sociales planteada en School. La sucesión de ambas canciones establece desde el principio uno de los principales rasgos del álbum: la combinación de melodía pop, elementos progresivos y una cierta influencia del blues y del jazz.
Hide in Your Shell vuelve a mostrar el lado más introspectivo de Roger Hodgson. La canción gira en torno a una persona incapaz de comunicarse plenamente con los demás y refugiada en sí misma. La entrada, que recuerda al sonido de un organillo de feria, da paso al piano eléctrico Wurlitzer, uno de los instrumentos fundamentales en la construcción del sonido característico de Supertramp. Sobre esta base aparentemente sencilla y amable, Hodgson desarrolla una letra centrada en los problemas personales y en la dificultad de establecer vínculos con los demás. El tema alcanza su máxima intensidad en el tramo final, cuando la percusión y el resto de la instrumentación se incorporan progresivamente mientras las voces de Hodgson y Davies repiten el estribillo. Es uno de los momentos en los que mejor se aprecia la capacidad del grupo para convertir una composición aparentemente íntima en un final de gran intensidad.
A continuación llega Asylum, composición de Rick Davies. Una delicada introducción de piano acompaña inicialmente la voz de Davies, pero la canción va ganando fuerza hasta convertirse en una de las piezas más oscuras del álbum. A lo largo de sus casi siete minutos, la letra desarrolla el miedo al aislamiento y al encierro. Con ella se cierra la cara A, dejando al oyente en ese universo claustrofóbico que recorre buena parte del disco.
La cara B comienza con una de las canciones más conocidas de Supertramp: Dreamer. Escrita y cantada por Roger Hodgson, parte de un motivo de piano eléctrico inmediatamente reconocible para desembocar en una de las frases más pegadizas del álbum. Frente al tono sombrío de buena parte de las canciones anteriores, Hodgson reivindica aquí la necesidad de seguir soñando y de conservar la ilusión. El propio músico ha explicado en distintas ocasiones que siempre se ha considerado un soñador.
Dreamer, el primer single del disco, sería además una de las canciones que contribuirían decisivamente a la popularidad de Supertramp y terminaría convirtiéndose en uno de los grandes éxitos de la banda.
Después de este tema relativamente breve llega Rudy, la canción más extensa del álbum y una de las que más claramente incorpora elementos propios del rock sinfónico. Diferentes melodías, cambios de ritmo y de intensidad y abundantes arreglos orquestales construyen una pieza de carácter más ambicioso. Su protagonista, Rudy, aparece atrapado en una existencia rutinaria de la que parece imposible escapar. Si Dreamer representa la posibilidad de conservar la ilusión, Rudy introduce de nuevo una perspectiva mucho más oscura, marcada por la monotonía y el aislamiento.
If Everyone Was Listening, compuesta por Hodgson, continúa con el tono reflexivo del álbum. La canción comienza con una suave introducción de piano sobre la que se superpone su voz. Poco a poco se incorporan los coros, el bajo, la batería y el clarinete, hasta construir una pieza de crecimiento progresivo y gran sensibilidad. Es otro ejemplo de la capacidad de Hodgson para convertir una reflexión aparentemente sencilla en una composición de considerable riqueza instrumental.
El álbum termina con Crime of the Century, la composición de Rick Davies que da título al disco. Se trata del cierre perfecto para el universo temático que se ha ido construyendo a lo largo del álbum: la alienación, la frustración diaria, la soledad y la sensación de encontrarse atrapado en un entorno claustrofóbico. La canción recupera algunos de los rasgos más ambiciosos del rock sinfónico y culmina con un final espectacular, reforzado por los arreglos orquestales, la formación al completo y el protagonismo del saxo de John Helliwell.
Una de las grandes virtudes de Crime of the Century es que permite apreciar con claridad la convivencia de las dos personalidades creativas de Supertramp: Roger Hodgson y Rick Davies. Aunque ambos fueron líderes del grupo y durante años compartieron las responsabilidades compositivas, sus estilos presentaban diferencias evidentes. Hodgson tendía hacia canciones más melódicas e introspectivas, con letras centradas en los sentimientos humanos, la incomunicación o cuestiones de carácter casi filosófico. Davies, en cambio, aportaba una visión más oscura y cercana al blues. Sin embargo, estas diferencias no provocaban una ruptura dentro del disco, sino que contribuían a enriquecerlo.
Una parte fundamental de ese equilibrio se encuentra precisamente en las voces. El contraste entre el registro de Hodgson y el de Davies permite que las canciones tengan personalidades muy diferentes sin dejar de pertenecer al mismo universo sonoro. La propia portada interior del disco reflejaba visualmente esta dualidad: las letras correspondientes a las partes cantadas por Hodgson aparecían en blanco, mientras que las de Davies estaban impresas en amarillo.
En una época en la que el diseño de las portadas constituía una parte fundamental de la experiencia de un álbum, Crime of the Century contó con una imagen especialmente vinculada a su contenido. Diseñada por Paul Wakefield, muestra una figura humana sentada detrás de unos barrotes, como si estuviera encerrada, mientras frente a ella se abre un espacio exterior. La imagen conecta directamente con varios de los temas recurrentes de las canciones como el individuo atrapado. El contraste con esta imagen dramática lo aporta la fotografía de los cinco componentes en el interior del álbum, desnudos y cubiertos únicamente con capas y sombreros de copa. Es un contrapunto irónico que introduce un tono lúdico.
Crime of the Century abrió así la etapa más importante de la carrera de Supertramp y sentó las bases de una trayectoria que se prolongaría durante la década siguiente, hasta la marcha de Roger Hodgson en 1983. Más que un simple éxito comercial, el álbum supuso la consolidación de una identidad musical que convertiría a Supertramp en uno de los grupos más reconocibles de su generación.
Escribe Luis Tormo
