Cine militante
Palestina 36 es un fresco histórico que nos retrotrae a uno de los episodios que marcaron de forma dramática la historia reciente de Palestina. En 1936, bajo el Mandato Británico, la llegada de refugiados judíos procedentes de Europa y su asentamiento progresivo en territorio palestino alimentan un conflicto que desemboca en la mayor revuelta árabe contra las autoridades británicas. Annemarie Jacir, que también escribe el guion, se remonta a este episodio para reconstruir un momento histórico que, lejos de pertenecer exclusivamente al pasado, establece un diálogo directo con el presente.
La directora palestina no pretende limitarse a documentar aquella revuelta contra el colonialismo británico. Palestina 36 utiliza el pasado como espejo de una realidad que sigue condicionando la vida del pueblo palestino. La derrota de aquella rebelión, la pérdida progresiva de las tierras y el fracaso de la comunidad internacional para garantizar los derechos de la población palestina encuentran su reflejo, desde la perspectiva de la cineasta, en la situación actual y en la violencia ejercida sobre la población de Gaza. El episodio histórico se convierte así en una herramienta para interpretar un conflicto que para Jacir no ha dejado de desarrollarse.
Esta conexión entre pasado y presente no es únicamente discursiva. El propio proceso de producción de la película quedó marcado por los acontecimientos recientes. La preproducción comenzó en 2023 y se vio interrumpida tras los atentados de Hamás del 7 de octubre y la posterior ofensiva israelí sobre Gaza. La guerra obligó a alterar los planes de rodaje y condicionó inevitablemente la realización de una película que ya hablaba de un pasado de ocupación, violencia y desplazamiento. El rodaje pudo finalmente concluir en noviembre de 2024, después del regreso a Palestina del equipo para terminar la producción. Resulta difícil separar, por tanto, la película de las circunstancias históricas en las que terminó de construirse.
Producida por casi una decena de países, la película combina el acercamiento histórico y didáctico con una narración eminentemente humana. Jacir muestra los efectos que tienen sobre la población palestina el asentamiento judío y la progresiva ocupación de sus tierras. La tierra y la familia se convierten en los dos grandes ejes desde los que se articula el sufrimiento de un pueblo atrapado entre la colonización británica y el avance del proyecto sionista, todo ello ante la pasividad o el consentimiento de la comunidad internacional. La película no necesita recurrir únicamente a los grandes acontecimientos históricos: son las pequeñas transformaciones de la vida cotidiana las que permiten comprender las consecuencias de ese proceso.
La mirada se articula a través de varios personajes que representan diferentes posiciones dentro de aquella sociedad. El joven protagonista, que se mueve entre el poblado y la ciudad y mantiene contacto con los ingleses, encarna una generación atrapada entre dos mundos y enfrentada a una realidad que no termina de comprender. La periodista palestina, por su parte, representa la necesidad de contar lo que está sucediendo y, al mismo tiempo, la progresiva desaparición de las voces discordantes. A través de ella, la película introduce también la cuestión de la censura y del silenciamiento de quienes intentan denunciar los atropellos.
Formalmente, Palestina 36 ficciona la realidad incorporando imágenes de archivo de la época, coloreadas e integradas dentro de la narración. El recurso no pretende convertir la película en un documental, sino crear una continuidad visual entre las imágenes históricas y las escenas rodadas para la película. El único cambio apreciable en el formato es el paso del encuadre cuadrado de las imágenes de archivo al 16:9 de la ficción. Es una decisión que permite que el material histórico forme parte de la narración sin romperla completamente.
A ello se suma una ambientación exquisita y una fotografía muy cuidada, que reconstruyen con precisión la vida cotidiana de la Palestina de los años treinta. Jacir parece entender que recuperar la memoria no consiste únicamente en reproducir los acontecimientos políticos, sino también en devolver a las imágenes la vida de quienes los padecieron. En ese sentido, la película funciona como un ejercicio de memoria sobre unos acontecimientos que siguen siendo desconocidos para buena parte del público.
Palestina 36 es, ante todo, un canto de amor al pueblo palestino. El punto de vista es inequívocamente el de los ocupados. La película no busca una falsa objetividad ni pretende presentar el conflicto como un enfrentamiento equilibrado entre dos pueblos, cada uno con sus razones. La cámara toma partido, busca, entiende y comprende a una de las partes: la que la película presenta como la más débil, la más golpeada por el colonialismo y la más abandonada por las grandes naciones.
Esta elección determina también la construcción de los personajes. Los judíos aparecen en buena medida como una presencia abstracta, vinculada al mal y a la amenaza, mientras que la representación del colonialismo británico resulta deliberadamente plana. Los ingleses aparecen como los responsables de la represión, aunque sus formas sean educadas y aparentemente civilizadas. Precisamente ahí reside parte de la dureza de su representación: bajo esas formas correctas se esconde una estructura de poder capaz de ejercer una represión sangrienta contra la población ocupada.
No se le puede exigir a Annemarie Jacir un análisis histórico exhaustivo o una representación equilibrada de todas las posiciones. El propósito de la película es otro: recuperar unos acontecimientos que la directora considera fundamentales para comprender el presente y denunciar una cadena de abusos cuyo origen sitúa en aquella época. La película tampoco convierte a los propios palestinos en una comunidad completamente idealizada. Aparecen sus errores, sus contradicciones, su indefinición política y, especialmente, la ingenuidad de quienes confiaron en que sus derechos sobre la tierra terminarían siendo respetados.
Palestina 36 es también una película coral. La familia del pueblo, el joven chófer, la periodista íntegra, el político que termina vendido a los intereses sionistas y los representantes británicos construyen un mosaico de aquella sociedad. Esta estructura permite mostrar el conflicto desde diferentes posiciones, aunque también constituye una de las debilidades del filme. En algunos momentos, la narración fragmentada pierde fuerza, se vuelve reiterativa o deja determinados elementos sin explicar suficientemente. La acumulación de personajes y líneas narrativas hace que algunas historias tengan un desarrollo desigual y que el conjunto pueda resultar, en ocasiones, algo disperso.
Sin embargo, hay imágenes que condensan de manera especialmente poderosa el discurso de la película. Las piedras que lanzan los palestinos y las bombas colocadas contra intereses británicos funcionan como símbolos de una resistencia que trasciende el periodo histórico narrado. Esas piedras parecen prolongarse hasta las sucesivas intifadas y hasta las imágenes que, décadas después, siguen formando parte del imaginario del conflicto. Son las mismas piedras lanzadas una y otra vez contra quienes ocupan una tierra que los palestinos consideran propia.
Por eso, Palestina 36 es una película reivindicativa. Es cine militante y no intenta ocultarlo. Su valor no reside necesariamente en ofrecer una reconstrucción histórica definitiva ni en explicar todas las complejidades del conflicto, sino en recuperar una memoria, tomar partido y establecer un puente directo entre un pasado de ocupación y un presente que la directora considera inseparable de aquel. En ese sentido, el propio hecho de que esta película exista, desde Palestina y desde la mirada de una cineasta palestina, constituye ya una forma de resistencia y una reivindicación de la memoria de su pueblo.
Escribe Luis Tormo
Título: Palestina 36
Título original: Palestine ’36
País y año: Palestina, 2025
Duración: 89 minutos
Dirección: Annemarie Jacir
Guion: Annemarie Jacir
Fotografía: Sarah Blum, Tim Fleming, Hélène Louvart
Música: Ben Frost
Reparto: Hiam Abbass, Kamel El Basha, Yasmine Al Massri, Robert Aramayo, Jeremy Irons, Liam Cunningham
Productora: Philistine Films, Autonomous, BBC Film, BFI Films, Cocoon Films, Corniche Pictures, Film i Väst, Katara Studios, MK Productions, Metafora Production, Munib & Angela Masri Foundation, Snowglobe Films
Distribuidora: La Aventura Cine



