Deseos, mentiras y sangre
Fin de semana salvaje (Bone Lake) comienza como muchas películas de terror, con una introducción en la que vemos cómo una pareja desnuda es perseguida por un bosque hasta ser asesinada. Tras esta breve secuencia inicial, la película da un salto y nos presenta a otra pareja que viaja en coche mientras se dirige a una casa en la que pretende pasar el fin de semana. Con esta introducción y después de leer la sinopsis, la película parece fácil de anticipar desde el primer momento, y nada haría pensar que este filme, dirigido por Mercedes Bryce Morgan, pueda ir más allá de lo que podría parecer un telefilme para adultos, especialmente teniendo en cuenta que se presenta como un thriller de terror erótico.
Sin embargo, esa primera escena que hemos presenciado forma parte de un relato que imagina Diego (Marco Pigossi), el protagonista, un hombre que ha dejado su trabajo para intentar escribir su primera novela mientras vive del trabajo de su pareja, Sage (Maddie Hasson). Esta decisión narrativa supone el primer guiño del juego que plantea la película y permite introducir una serie de elementos que irán adquiriendo importancia a medida que avanza la historia. Aunque Fin de semana salvaje no se aleja de los cánones más tradicionales del género, esta forma de plantear el comienzo aporta cierta frescura y consigue despertar el interés por descubrir hacia dónde pretende llevarnos la película.
Los protagonistas llegan a una casa de ensueño, aislada en mitad del campo, que parece el escenario perfecto para disfrutar de un fin de semana especial en pareja. Todo se presenta de forma idílica, en un entorno tranquilo y alejado de cualquier preocupación, hasta que la llegada inesperada de otra pareja altera por completo sus planes. Will (Alex Rose) y Cin (Andra Nechita) también han alquilado la casa, dando lugar a una situación inesperada e incómoda.
Ante esta circunstancia, los cuatro protagonistas deciden darse una oportunidad y aceptar la convivencia durante esos días, intentando dejar a un lado las molestias iniciales para disfrutar juntos de la estancia. Lo que en principio parece una solución práctica para compartir el espacio terminará convirtiéndose en el punto de partida de una convivencia en la que las relaciones entre los personajes comenzarán a adquirir cada vez mayor relevancia.
Siguiendo la estructura narrativa propia del género de terror, y con el añadido de ese componente erótico, la película utiliza el erotismo como un elemento temático que va más allá de la mera exhibición epitelial. La relación que se establece entre los cuatro personajes sirve así para que el espectador asista, poco a poco, a la disección de la pareja formada por Diego y Sage. La convivencia se convierte en el escenario perfecto para poner sobre la mesa las dudas, inseguridades y conflictos que permanecían latentes entre ambos.
El guion, escrito por Joshua Friedlander, va dejando pequeñas pistas sobre una pareja que afronta su relación desde una posición marcada por las dudas. Unas dudas que no se limitan a un aspecto concreto, sino que se extienden prácticamente a todos los ámbitos de su vida en común. Sage se sacrifica económicamente para que Diego pueda perseguir su sueño de convertirse en escritor, mientras él intenta encontrar su lugar en una relación en la que existe un evidente desequilibrio. Además, la actitud de Sage permite sembrar nuevas incertidumbres sobre sus verdaderos deseos, hasta el punto que se detalla la infidelidad pasada que tuve Sage su ex cuando ya conocía a Diego. De este modo, el relato va introduciendo progresivamente elementos que cuestionan la solidez de la pareja y preparan el terreno para el juego psicológico que se desarrollará a continuación.
Los personajes de Will y Cin son el detonante que permite poner de manifiesto la fragilidad de Diego y Sage. Sus insinuaciones, sus propuestas sexuales, su carácter desenfadado y abierto, así como la red de mentiras que van tejiendo a su alrededor, sirven para profundizar en la psicología de la pareja protagonista y sacar a la luz aquellos conflictos que hasta entonces permanecían ocultos. Su presencia funciona, por tanto, como un catalizador que obliga a Diego y Sage a enfrentarse a sus propias inseguridades y a cuestionar su relación.
A partir de este juego de atracciones, secretos y desconfianzas, la película plantea un abanico de temas relacionados con las relaciones de pareja. El sacrificio por amor, la lucha entre la fidelidad y los deseos ocultos, el instinto de supervivencia o el enfrentamiento entre las relaciones amorosas tradicionales y las relaciones abiertas son algunos de los elementos que entran en juego. Aunque estos temas se integran dentro de las convenciones del thriller de terror erótico, permiten que la película vaya más allá de su planteamiento inicial y utilice el género como una vía para explorar las contradicciones de las relaciones sentimentales.
Uno de los aspectos positivos de la película es que no moraliza ni castiga a sus personajes por las dudas o los errores que puedan cometer, planteando en su lugar un discurso adulto sobre las relaciones y sus contradicciones. La película evita así establecer juicios sobre las decisiones de sus protagonistas y permite que sean ellos mismos quienes se enfrenten a las consecuencias de sus actos.
Además, la introducción de una pizca de humor sirve para restar trascendencia a algunas situaciones y aporta un tono más desenfadado al conjunto. De esta manera, Fin de semana salvaje se inscribe dentro del género de terror construyendo un suspense que va en aumento a medida que se nos ofrecen nuevas pistas sobre la estrategia de engaños en la que Diego y Sage han caído. La tensión crece progresivamente mientras los protagonistas intentan descubrir qué se esconde realmente detrás de la situación que están viviendo.
Con algún giro de guion gratuito, como el relacionado con la verdadera naturaleza de la relación entre Will y Cin, y un desenlace en el que no falta algún toque gore, la película llega a su conclusión insistiendo en una de las ideas que ha ido desarrollando a lo largo de su metraje: en las relaciones y en la propia condición humana nada es completamente blanco o negro, sino que siempre existen matices.
Mercedes Bryce Morgan sabe sacar partido a los cuatro protagonistas, con una destacada interpretación de Maddie Hasson, y al único escenario en el que transcurre prácticamente toda la película. La directora construye una puesta en escena elegante que se beneficia de una fotografía cuidada y de una música que contribuye a crear la atmósfera adecuada, con la participación de Roque Baños en la composición de la banda sonora.
Sin alejarse demasiado de los tópicos habituales del género, Fin de semana salvaje combina suspense, elementos de slasher, humor y erotismo para construir una propuesta que, pese a partir de ingredientes conocidos, consigue aportar cierta frescura.
Escribe Luis Tormo
Título: Fin de semana salvaje
Título original: Bone Lake
País y año: EE.UU.,
Duración: 100 minutos
Dirección: Mercedes Bryce Morgan
Guion: Joshua Friedlander
Fotografía: Nick Matthews
Música: Roque Baños, Ben Cherney
Reparto: Maddie Hasson, Marco Pigossi, Alex Rose, Andra Nechita
Productora: LD Entertainment
Distribuidora: A Contracorriente Films


