Óscar Bernàcer, Joana M. Ortueta, Pablo Molinero y Cristina Fernández nos hablan de «Eixam»

«No hablamos de la sociedad utópica, de lo que hablamos es de la condición humana»

Eixam (Enjambre) es el primer largometraje de ficción del realizador Óscar Bernàcer que pone en imágenes un guion escrito por Joana M. Ortueta y Jorge Juan Martínez. Pablo Molinero y Cristina Fernández encabezan un amplio reparto coral formado por María Maroto, Pablo Derqui, Marta Belenguer, Jordi Aguilar, Glòria March , Àngel Fígols, Abdelatif Hwidar, Elías Hwidar y el debut de June Bernàcer.

Lluc (Pablo Molinero) lo ha perdido todo cuando Alba (Cristina Fernández) le ofrece una salida: integrarse en una aldea aislada donde un grupo de desheredados convive en aparente armonía. Lluc se agarra a esta segunda oportunidad y aprende a vivir bajo las normas comunitarias. El rodaje de la película se desarrolló en distintas localizaciones de la Comunidad Valenciana, como El Molinar (El Toro), en el término municipal de Bejís, Chelva o Calles«No hablamos de la sociedad utópica, de lo que hablamos es de la condición humana»

Eixam es una producción de Nakamura Films, Maqueta Films y Corte y Confección de Películas; y cuenta con la financiación del Institut Valencià de Cultura, del Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales y del Instituto de Crédito Oficial. Además de la participación de Netflix, Radio Televisión Española, À Punt y CREA SGR. La película se estrena en cines el 4 de septiembre distribuida por A Contracorriente Films.

Durante la jornada de prensa celebrada en los cines Lys de Valencia hemos podido entrevistar al director Óscar Bernàcer, a la coguionista Joana M. Ortueta, y a sus dos protagonistas, Pablo Molinero y Cristina Fernández. Con ellos hemos mantenido un diálogo en el que repasamos los principales aspectos de esta producción valenciana.

En tu filmografía tienes cortos, largometrajes documentales, series, pero hasta ahora no había realizado un largometraje de ficción.

Óscar Bernàcer: Bueno, faltaba el largometraje y se ha hecho de rogar, porque llevaba mucho tiempo intentándolo. Las circunstancias y los caminos de las carreras son como son y tú no puedes prever absolutamente nada y ha venido así. Estoy muy contento.

Haber pasado por el documental, aparte de los cortos y las series, me ha facilitado ser muy flexible porque esta película al contar con mucho exterior, rodar con animales, rodar con niños y ser una película coral tenía todas las papeletas para que cada día pasara algún imponderable. El hecho de rodar documentales a mí me otorga flexibilidad. Tanto en las series como en las películas documentales que he rodado vas a un sitio, tienes una idea, ruedas con una persona, te da el tono, y con todo eso, después lo construyes en el montaje. Tienes que ser muy avispado para captar lo que te está ofreciendo el espacio y las personas con las vas a trabajar.

Eso trasladado a la ficción es otra cosa, porque la ficción al final va todo preparado, se desarrollan las tomas y las escenas para que vayan saliendo los diálogos del guion. Y es curioso porque en el documental tendemos a captar la realidad para luego generar una narración, una historia. Y en la ficción lo que tenemos es una historia y lo que hacemos es utilizar todos los mimbres posibles para que después parezca una realidad. Pero al final es lo mismo, porque lo que quieres es contar una historia para el espectador.

Con Óscar Bermàcer

¿Cuál es el origen de Eixam?

Joana M. Ortueta: La necesidad de escribirlo nace del contexto de la crisis de 2008. Se cierra Canal Nou donde me llegaron las primeras oportunidades como guionista. Y a raíz de aquello, al tener tiempo, decidí escribir un largometraje pero no me vi con el coraje suficiente. Un largometraje lleva mucho tiempo y no quería hacerlo sola y entonces se lo propuse a mi coguionista Jorge Juan Martínez, que es novelista, había ganado un Goya por el Mejor Guion Adaptado por Salvajes, una persona con mucha más experiencia que yo.

Él aceptó. Teníamos tres proyectos en el cajón y al final nos quedamos con un trauma infantil mío que tenía que ver con el visionado de Rebelión en la Granja, la versión de dibujos animados que mi padre me puso cuando tenía seis años. Allí se veía esa promesa de un mundo mejor y yo pensaba: ”¡Qué maravilla! ¡Han echado a los humanos!”  Yo estaba allí, comiendo palomitas, feliz de la vida, hasta que de repente va aflorando toda la tiranía, toda esa crueldad, ese abuso de poder. Y de ahí me quedó la pregunta durante mucho tiempo de cómo era posible que no consiguieran que funcionara.

Y esto era una fábula extrapolable a cualquiera de los sistemas fracasados por los que hemos pasado. Yo siempre he tenido la tentación de coger la mochila e irme al monte y con Jorge debatimos mucho sobre si realmente podría funcionar esa utopía. Y de ahí nació Eixam.

¿A pesar de ser un proyecto que tenía cierto tiempo desde que fue concebido todavía estaba vigente para llevarlo a la pantalla?

Óscar: En el origen del proyecto en 2008 la situación social era compleja, aparecieron los desahucios, que ya existían pero de los que apenas teníamos noticias, la gente dejó de pagar sus hipotecas, sus préstamos, hubo negocios que cerraron, y la respuesta del Estado fue salvar a la banca. Y surgió la pregunta: ¿se puede gestionar mejor o hay que irse al monte a generar una realidad alternativa?

Hoy la situación es prácticamente la misma. Sí que ha habido mejoras sociales en algunos aspectos, pero el año pasado hubo más de 25.000 desahucios en España. Y estamos hablando del gobierno más progresista de la historia. En las entrevistas nos pregunta que si la sociedad utópica está condenada al fracaso. Realmente no hablamos de la sociedad utópica, lo que hablamos es de la condición humana, de las relaciones de poder, de la libertad del individuo y del colectivo.

Aquí hay un debate también sobre si la libertad real es la del individuo o la libertad tiene que ser colectiva, porque para que haya libertad individual, la libertad colectiva es muy importante. Todas esas preguntas siguen ahora vigentes. Y las preguntas de si hay una manera de generar una sociedad mejor todavía están ahí.

Lo que yo puedo argumentar es la importancia de que los problemas sociales sean resueltos de una manera colectiva y no de una manera individual, que sean afrontados no solo desde el “pueblo salva al pueblo”, sino de que el pueblo colabore, pero que haya detrás una administración y un Estado fuerte que utilice los recursos.

Todo ellos en favor de que todos mejoremos nuestras vidas, no en entregárselos a unos pocos, porque al final la fractura social se genera ahí y la desconexión con la política es inevitable y eso es muy peligroso porque lo que hace es favorecer discursos ultras y totalitarios.

Joana: En realidad el guion tuvo diferentes versiones, antes hemos hablado del inicio del proyecto. Nos dieron una ayuda de escritura del Institut Valencià de Cultura. En esa fase la película entraba muy tarde, queríamos explicar el pasado de Pablo antes de llegar a la comunidad (que igual era ya en la página 30 del guion). Aquello quedó en un cajón y cuando entró Nakamura para la convocatoria de ayudas, Óscar y Jordi, el productor, lo llevaron a la Berlinale, se reunieron con mucha gente y el feed back volvía a ser que era muy largo. Finalmente  Jorge y yo hicimos una reescritura que ya sí colocó la película en lo que ahora es Eixam.

La película evita la idealización del entorno rural. La descripción de la comunidad comienza como algo idílico y luego se va volviendo más oscura. ¿Cómo se trabajó este enfoque?

Óscar: La película cuando empieza te muestra esa naturaleza hipnotizadora, donde te dejas seducir por su belleza y su paisaje, su color, sus olores, pero luego tiene una parte brutal, una parte que es demoledora. Una parte incluso oscura que se traslada a la sociedad de Malpàs. La película tiene esa estructura, una parte más bucólico-idílica que va derivando a la parte oscura.

Joana: A diferencia de otras películas, aquí no tenemos un personaje que huye o que se traslada al mundo rural en busca de algo, sino que es ese mundo rural, esa comunidad en este caso, es la que va buscando a los personajes que necesita para que su comunidad funcione. Con una función muy clara para la supervivencia de la colmena, de la comunidad. Creo que me parece que es un punto diferencial para la película en relación con otras películas como Suro o Un Amor.

Pablo: Esto es más un experimento sociológico en ese sentido. No es el protagonista el que necesita el entorno rural, es al revés; el proyecto comunitario es el que necesita de las habilidades de ese personaje y por eso lo atrae. Yo que vivo en el campo ahora entiendo algunas cosas y no es jauja. Huimos creyendo que podemos cambiar porque lo que nos molesta es el sistema este que no nos está haciendo felices. Te vas al campo pero el sistema que vives es el mismo.

Cristina: Lo bueno de esta película es que no idealiza el mundo rural,  tampoco idealiza el sistema ni lo critica, más que crítica lo que hace es un análisis sobre qué nos pasa como seres humanos, qué nos pasa en las relaciones, qué instintos tenemos. Es la observación del sistema que nos convierte en esta especie de animales egoístas donde la tiranía siempre acaba apareciendo. Son preguntas que casi no se pueden responder, que forman parte de nosotros.

Y luego, cuando se vive en el mundo rural no es un mundo fácil. Se está continuamente expuesto a la meteorología y muchísimas cosas, no reciben la ayuda institucional, etc. Vivir ahora mismo en el mundo rural es duro. Nos abastece a todos pero nadie cuida. Y siempre expuesto al poder de la naturaleza. Donde hemos rodado, en Bejís, hubo un incendio, de repente, cae un rayo y lo quema todo. Creo que hay que mostrar esto y no la versión edulcorada de la escapada al monte.

Con Joana M. Ortueta y Pablo Molinero

¿Y cómo llegáis vosotros a la película? ¿Qué os interesó de vuestros personajes para involucraros en el proyecto?

Pablo Molinero: Entré cuando estaban reescribiendo el guion. Me he formado, y ha sido mi vida artística, en Los Corderos, una compañía de teatro físico que tenía con un compañero de Villareal. Nuestro foco de estudio en Los Corderos era siempre el ser humano, explorar todas nuestras contradicciones, buscar esa animalidad que es la que nos da el motor de vida pero domesticada al vivir en comunidad.

El guion tiene que ver con un estudio sociológico de lo humano, con un grupo de personas viviendo juntos y donde vuelven a salir los problemas de siempre, como decía Joana lo de Rebelión en la granja. Estos conceptos como el poder, la fuerza, la represión, la libertad, la fe, la fe en el proyecto, en las líneas rojas, la justicia, qué en un sistema, qué es justo, qué no es justo, es justo morir por el sistema, es justo matar por ese sistema…

Y todo esto me interesó mucho porque es un marco muy concreto, muy cerrado, una comunidad en el campo aislada en la que todo eso se va a ir viendo hasta que explota. Y en el caso del personaje en sí, todo el arco que tenía, toda esta cosa de si eres capaz de huir de tus fantasmas, de lo que llevas en la mochila que al final acaba siendo un peso tan gordo que no te deja disfrutar de ese momento idílico.

Cristina Fernández: Personalmente lo que más valoro de mi personaje es que necesita de una actuación muy contenida. Soy una actriz muy corporal, con mucha energía, muy mediterránea, y aquí tengo un personaje muy contenido. Y luego es un personaje que cree en lo que hace, ese proyecto que levanta, y cuando ese proyecto está amenazado, ver cómo reacciona. Es casi como un análisis antropológico de los seres humanos. Hasta dónde puede llegar para defender aquello en lo que tiene fe y qué límites traspasa. Averiguar qué le pasa, qué tiene, para que esta defensa sea tan férrea que de repente pase por encima de tantas cosas.

En tus películas el territorio, la geografía, es importante. Aquí el paisaje es absolutamente protagonista. ¿Cómo lo trataste?

Óscar: Claro, aquí el paisaje es un personaje. Con el añadido que, donde hemos rodado, en el Alt Palància,  el año pasado se cumplían tres años del incendio de 2022. Entonces esa sensación de paisaje hermoso, del bosque renaciendo sobre el bosque quemado, con árboles quemados todavía por retirar, nos daba una imagen de la propia naturaleza abriéndose paso, siguiendo su camino, aunque las cicatrices están ahí. Eso simboliza mucho lo que son los personajes de Malpàs

La película tiene un aire de western, por el paisaje y también por ese personaje forastero que llega a un sitio nuevo y se somete al juicio del resto de habitantes. ¿Tenías alguna referencia cinematográfica?

Óscar: La principal referencia es Rebelión en la granja que ha comentado Joana. Pero una película que teníamos muy presente era Perros de Paja de Sam Peckimpah.

Que en el fondo no deja de ser un western.

Óscar: Esa aldea irlandesa con esa mirada hacia el extraño, hacia lo nuevo.

Con una tensión que desemboca en la violencia…

Óscar: Sí. Nosotros la violencia la desarrollamos de otra manera en la película, pero está muy presente. Después hay películas como Quién puede matar a un niño por la tensión que se genera en un espacio. Lo mismo que La costa de los mosquitos con Harrison Ford y su familia sufriendo pero él llevando su idea adelante. Y luego hay una película que se me quedó grabado que es La isla (Seom) de Kim Ki-duk por la psicología de los personajes.

Está rodada combinando una cámara muy cercana a los personajes con planos generales del paisaje. ¿Tenías claro el acabado formal?

Óscar: Sí porque era muy importante marcar la psicología de los personajes sin que el diálogo lo dijera todo. Quería que ese diálogo apuntara algo, pero que no contara todo del personaje. Sobre todo en el personaje de Alba: es fundamental ver su fisicidad en el hieratismo. Su mirada, su silencio, su rictus, eso dice mucho más que su propio diálogo.

Entonces, la cámara la quería cerca para poder ver esas reacciones entre ellos. Porque entre ellos, al final, hay un poso de años viviendo juntos y cada uno se mira de una manera diferente entre ellos. Entonces no quería perder ese subtexto.

Vosotros sois los protagonistas pero la película es muy coral, el protagonismo está muy repartido. ¿Cómo influye desde el punto de la actuación, de creación del personaje, esa sinergia entre actores y actrices?

Pablo: Sí, la verdad es que el que sea tan coral hace que de alguna manera todo no esté en tus manos. Haces tu viaje, tu proceso, te vas marcando tus hitos dentro del viaje de tu personaje, pero hay algo un poco que cambia al meterte en comunidad que hace que te diluyas ahí. Hay un proceso de purga de información donde al trasladarla al lenguaje cinematográfica hay cosas que se cuentan sin palabras, que se cuentan con las miradas entre dos personajes.

Y luego el rodaje también tuvo una particularidad: al rodarse realmente en lugares remotos y aislados, obligaba a todo el equipo, al elenco y al equipo técnico, a convivir en ese aislamiento. No era como en otras películas que tú acabas tus secuencias, te ponen un coche y te llevan a tu hotel.  En esta película estábamos en el hotelito rural que nos dejaron en El Toro o en el camping de Bejis y seguías viviendo en comunidad. Ibas a cenar con esos mismos personajes, te levantabas con ellos. Y había algo de Meta muy interesante. Realmente se generó como una comunidad paralela muy divertida.

Cristina: Una riqueza porque es un casting fantástico. Con algunos había trabajado, con otros no, pero es de un talento enorme. Como actriz, como Cristina Fernández, te aporta muchísimo porque aprendes, absorbes, creas un diálogo conjunto. El personaje de Alba es necesario que tenga escenas con todos porque al final es ella la que los ha traído a todas estas personas allí y es necesario ver el comportamiento, la manipulación que ejerce sobre cada uno, ver qué decisiones ha tomado con cada uno de esos personajes en función de cómo es cada uno de ellos.

Una imagen de Eixam. Foto: A Contracorriente Film

En el caso concreto tuyo Cristina, el hecho de que hayas dirigido varias películas ¿qué te aporta como actriz a la hora de trabajar el haber dirigido? ¿O son mundos independientes?

No. No son mundos independientes. No sería la misma actriz si no dirigiera y no sería la misma directora si no fuera actriz. Aporta muchísimo. Dirigir siendo actriz es fácil de entender: te aporta mucho porque conoces el mundo de los actores y las actrices, conoces los procesos, lo entiendes muy bien; pero al revés también porque entiendes lo que trabaja el equipo técnico, a veces parece que lo que se hace visible son los actores, pero lo que hay detrás es una barbaridad, lo que trabajan y la energía que le ponen, conocer todos y cada uno de los puestos; y luego, entender las posiciones de cámara, por qué te están pidiendo una cosa que tú luego lo pides también. A mí me enriquece muchísimo porque me ayuda a entender, a empatizar y a respetar.

A pesar de ser una película muy local (localizaciones, idioma, etc.) la película habla de temas universales. ¿Cómo se logra ese equilibrio?

Óscar: Lo hemos manejado de una manera muy natural, porque la historia, como tú dices, es una historia que trata temas universales y en la que todo lo que sucede podría suceder en cualquier lugar del mundo y sería igualmente interesante.

Lo único que hemos hecho es que, como llevo muchos años viviendo aquí, ya conozco a los técnicos, conozco a los actores, sé de lo que son capaces los actores valencianos. Sabía que una película como esta la iban a defender bien y la apuesta por el talento valenciano era firme. Y esa es una de las grandes virtudes. Apostar por hacerlo mucho más local, con nuestro equipo, con nuestra gente.

¿Cómo ves la situación del audiovisual valenciano?

Óscar: Pues eso, que no tiene miedo a contar historias universales desde aquí, con gente de aquí, y que cada vez tiene miradas más puras, más complejas y que son más interesantes para los espectadores no solo de Valencia.

Creo que hay futuro en ese sentido, pero creo que la administración y los espacios de financiación, como es la televisión valenciana, deben estar alineados. Que tengamos grandes directores y grandes actores y grandes actrices, si después no hay apoyo… Y del mismo modo, de nada sirve que haya mucho apoyo, si luego las historias que contamos no son historias buenas.

Pero para que eso suceda, que las películas empiecen a funcionar, tanto en festivales como de manera comercial, tenemos que estar todos alineados. Creo que estamos en un momento que todo eso está más o menos colocándose y que de una manera natural pueden salir grandes propuestas.

Escribe Luis Tormo

Con Cristina Fernández

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