Juventud y rebeldía
Al final de este viaje es el segundo disco de Silvio Rodríguez. Grabado en España en 1978, el álbum reúne canciones que el cantautor cubano había compuesto casi una década antes. Escuchado hoy, casi cincuenta años después, el disco adquiere una dimensión particular: aunque no fue concebido como un recopilatorio, el paso del tiempo lo ha convertido, en cierta medida, en uno. Muchas de sus canciones han trascendido el momento en que fueron escritas para convertirse en auténticos himnos.
Como señala la propia carpeta del disco, si se atendiera a un criterio estrictamente cronológico, Al final de este viaje sería en realidad el primero de los álbumes de Silvio Rodríguez, ya que las canciones que lo componen fueron escritas entre 1968 y 1970. Sin embargo, su grabación no tuvo lugar hasta 1978, en Madrid, en los estudios Sonoland y para la discográfica Movieplay. El álbum fue registrado en dos sesiones de trabajo en las que el cantautor cubano recurrió a una instrumentación mínima: únicamente su voz y su guitarra.
Aunque el disco aborda una amplia variedad de temas, su espíritu está marcado fundamentalmente por dos ideas: la juventud y la rebeldía. Las canciones fueron compuestas por un Silvio Rodríguez de poco más de veinte años, en un contexto de efervescencia revolucionaria tras la llegada de Fidel Castro al poder –en la que no se percibía la deriva posterior fruto de la política internacional de bloques y los propios errores del régimen castrista– y de profunda contestación juvenil tanto en Europa como en Estados Unidos frente a la generación anterior.
A finales de los años sesenta, la música y la cultura atravesaban un momento decisivo, marcado por el auge de la contracultura y por fenómenos como los festivales de Monterrey y Woodstock. Aunque Cuba permanecía políticamente aislada, los ecos de aquellos movimientos también llegaban a la isla y formaban parte del clima cultural de la época. En la isla surgió la Nueva Trova, movimiento del que Silvio Rodríguez fue uno de sus integrantes y que convirtió la canción en un vehículo para expresar los profundos cambios sociales, políticos y económicos que siguieron a la Revolución cubana.
El disco se abre con Canción del elegido, dedicada al joven revolucionario cubano Abel Santamaría Cuadrado, fallecido durante el asalto al cuartel Moncada en 1953. A pesar de su evidente carga política, la canción trasciende la mera reivindicación para construir, a través de hermosas metáforas, un retrato cargado de sensibilidad. Rodríguez se inspiró en las historias que le contó Haydée Santamaría, hermana del revolucionario. El resultado es una composición que contiene una de las frases más lúcidas de Rodríguez: «Lo más terrible se aprende enseguida y lo hermoso nos cuesta la vida».
Inspirada también en un personaje real, La era está pariendo un corazón fue compuesta tras la muerte de Ernesto «Che» Guevara. La canción se convierte así en una reivindicación de la lucha por la justicia y, al mismo tiempo, en una llamada a no permanecer inmóviles ante los problemas que nos rodean. Frente a la comodidad y la pasividad, Silvio Rodríguez plantea la necesidad de actuar y comprometerse, como expresa uno de sus versos: «Debo dejar la casa y el sillón».
Esta línea política continúa con La familia, la propiedad privada y el amor, cuyo título remite directamente a la obra de Friedrich Engels. La canción plantea una crítica frontal a la moral burguesa y recorre, a través de sus versos, algunos de los elementos que Rodríguez identifica como obstáculos para el cambio social: el legado del colonialismo español, el conservadurismo que se resiste al cambio, la influencia de la Iglesia y la institución del matrimonio como estructura que puede llegar a constreñir la libertad del amor.
¿Qué decir de Ojalá? Quien haya tenido la oportunidad de escucharla en directo conoce el efecto que sigue produciendo esta canción de (des)amor, convertida con el paso de los años en una de las composiciones más reconocibles de Silvio Rodríguez. Durante mucho tiempo circuló el rumor de que estaba dedicada a Fidel Castro, pero el propio cantautor se encargó de aclarar que se trataba de una canción inspirada en una antigua novia. Su hermosa melodía y una letra cargada de imágenes y deseos contradictorios hacen de Ojalá una canción singular. Basta recordar versos como «Ojalá se te acabe la mirada constante, la palabra precisa, la sonrisa perfecta» para entender la capacidad de Rodríguez para transformar algo íntimo en una canción universal.
El amor está presente a lo largo de todo el disco y, junto a Ojalá, constituye el eje temático de canciones como Aunque no esté de moda, Óleo de mujer con sombrero o Qué se puede hacer con el amor. Esta presencia convive con la dimensión política y reivindicativa del álbum, una dualidad sobre la que el propio cantante reflexiona en Debo partirme en dos. En esta canción, el cantautor plantea su rechazo a los estribillos fáciles («Te quiero mi amor / no me dejes solo / no puedo estar sin ti / mira que yo lloro») y a las fórmulas comerciales en favor de composiciones que tengan algo que decir, que aporten un contenido. Silvio Rodríguez no renuncia, por tanto, a escribir canciones de amor; lo que rechaza es convertirlas en un simple cliché.
Esa apelación al público que aparece en Debo partirme en dos encuentra también un eco en Resumen de noticias. En ella, Silvio Rodríguez reflexiona sobre su propia condición de cantautor –a pesar de que su carrera apenas comenzaba– y reivindica la necesidad de preservar la libertad creativa frente a las críticas y expectativas ajenas. Como artista debe poder elegir su propio camino, incluso cuando este se aleje de lo que se espera de él. De ahí que él resuma su trabajo de esta forma: «Yo he preferido hablar de cosas imposibles / porque de lo posible se sabe demasiado».
Al final de este viaje, la canción que cierra el disco y le da título, sorprende por su tono casi testamentario en alguien todavía tan joven. Silvio construye en ella una profunda reflexión sobre el sentido de la vida, sobre aquello que hemos venido a hacer al mundo y sobre nuestra condición de seres diminutos dentro de un devenir mucho más amplio. Hay en la canción una conciencia serena del paso del tiempo y de la inevitable desaparición, pero también una mirada poética que convierte esa reflexión en algo íntimo y existencial: «Al final de este viaje en la vida, quedarán / nuestros cuerpos tendidos al sol / como sábanas blancas después del amor» resume esa mezcla de melancolía, aceptación y belleza.
En definitiva, Al final de este viaje es un disco que, pese a reunir composiciones escritas de manera independiente termina adquiriendo una notable coherencia como conjunto. La decisión de presentar las canciones únicamente con la voz y la guitarra de Silvio Rodríguez permite apreciar con mayor claridad la riqueza de su trabajo compositivo y, especialmente, la complejidad de su interpretación a la guitarra. Esa aparente sencillez es, precisamente, una de las grandes virtudes del disco: canciones desnudas, sin más artificios que la voz y el instrumento, que a primera escucha pueden parecer simples, pero que, cuando se escuchan con atención, revelan una extraordinaria riqueza de arpegios, tonalidades, cambios melódicos y matices.
Han pasado casi 50 años pero las canciones se conservan frescas y no han perdido esa mezcla de rabia e inocencia juvenil.
Escribe Luis Tormo

