El artista coruñés confirma la solidez de su cancionero
El pasado 17 de abril, Xoel López publicaba Oniria Popular, su último trabajo de estudio. Un álbum que nació de forma natural mientras el compositor gallego se encontraba inmerso en la revisión de toda su trayectoria discográfica. Aquel ejercicio de mirada retrospectiva acabó dejando paso al germen de sus nuevas canciones.
Con este nuevo disco bajo el brazo, Xoel López se encuentra recorriendo la geografía española en una gira estival marcada por su presencia en algunos de los principales festivales y ciclos musicales del país. Una gira que ha hecho parada en el FAR València, donde el músico coruñés compartió cartel con los escoceses Belle and Sebastian en la noche indie del festival.
Tras sonar la intro con Cantares, de Joan Manuel Serrat –un homenaje que no sería el único guiño al cantautor catalán a lo largo de la velada–, Xoel López y su banda irrumpieron en el escenario para abrir el concierto con Todo lo que merezcas. Desde los primeros compases quedó claro que el gallego afronta esta gira con una propuesta sobria pero eficaz: una formación reducida, integrada por bajo, batería y teclados, a la que se suma el propio Xoel, encargado de las guitarras y, por supuesto, de conducir el repertorio con cierta sobriedad pues no se comunicó demasiado con el público (quizá provocado por el tiempo limitado del concierto al tener que compartir el show con Belle and Sebastian).
Una sobriedad que se trasladó también al envoltorio formal del concierto con un escenario sin ningún tipo de atrezo presidido por el fondo de una gran lona negra, un juego funcional de luces y un exceso de chorros de humo que provocan el efecto niebla. Pero no le vino mal este minimalismo escénico a una canciones que se sostienen sin aditamentos externos y que nos permitió ver el admirable trajín de guitarras con el que Xoel fue confeccionando cada uno de los temas.
El primer guiño a su más reciente trabajo llegó con Cúpido (Muerte al amor romántico), un tema vibrante que cuestiona los clichés del amor romántico y reivindica una visión menos complaciente de las relaciones. Sin apenas pausa, el concierto regresó a Caldo espírito (2023) con Elevarte caerte, una de las canciones más representativas de aquel álbum, del que también sonarían otros cortes destacados.
Entre las composiciones nuevas, una bien recibida fue Sombras chinas, en la que Xoel López construye una reflexión sobre la pérdida de referentes y de certezas en un mundo cada vez más incierto. La letra, que menciona de forma explícita a figuras como Bob Dylan, Joan Manuel Serrat o David Bowie, funciona tanto como homenaje a quienes marcaron su imaginario musical y al vacío al que nos enfrentamos ahora.
A partir de ahí fueron sucediéndose las canciones de un repertorio muy querido por el público, que acompañó cada tema cantando y bailando. Sonaron Fort da, Lodo, A serea e o mariñeiro –que López presentó como una canción en gallego y que destacó por su ritmo, una contundente batería y un solo de guitarra distorsionado–, Faneca brava, El amor no es lo que piensas y la nueva composición Mundo flotante.
A partir de la efectiva Mágica y eterna, que Xoel anunció como un merengue, el concierto fue entrando en la parte final con un público cada vez más receptivo. La contundente interpretación de Glaciar contribuyó a subir la temperatura (en una tarde noche ya asfixiante en Valencia).
A la reciente Monstruo final siguieron dos de los temas más esperados por su emotividad: Tierra y y Ningún hombre, ningún lugar, ambos correados por todo el público.
Si el concierto comenzó con el reseñado guiño a Serrat en el tramo final del concierto Xoel López y sus músicos interpretaron una versión de Cantares para encadenarlo con Campos de Castilla para siempre, de su último trabajo, que no deja de ser un homenaje a Machado (y a The Beatles) con el que establece una conexión entre tradición y cultura pop.
Para acabar el concierto Xoel López agradeció al público su apoyo añadiendo que “aquí siempre volvemos así que nos veremos dentro de poco” y dio paso a la festiva Tigre de bengala con la coda de La bamba cerrando el show por todo lo alto.
Xoel López empieza a acumular un repertorio de canciones imprescindibles para un público que quizá no sea mayoritario, pero que no deja de crecer al calor de una trayectoria construida con paciencia y una admirable regularidad. Cada dos o tres años entrega un nuevo disco, y en todos ellos hay siempre un puñado de canciones capaces de quedarse, de encontrar su lugar en un cancionero cada vez más sólido y reconocible. Esa continuidad, tan poco frecuente, ha permitido que sus conciertos dejen de apoyarse únicamente en un puñado de clásicos para descansar sobre un repertorio en permanente expansión cuya vigencia se reafirma sobre el escenario.
Escribe Luis Tormo



