Christina Rosenvinge en concierto: Los versos sáficos

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Un viaje musical al universo de Safo en Serenates

En 2023, Christina Rosenvinge publicó Los versos sáficos, un proyecto singular en el que la cantante y compositora madrileña trasladaba al lenguaje del pop contemporáneo los textos de Safo, la poetisa griega nacida en el siglo VII a. C. Sin embargo, el origen de este trabajo se remonta algunos años atrás, cuando Rosenvinge recibió el encargo de participar en una producción para el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida.

Su labor consistía en asumir la dirección musical de un espectáculo concebido como una sucesión de poemas visuales inspirados en la obra de Safo. A partir de aquellos fragmentos poéticos y de los escasos versos conservados de la autora griega, Rosenvinge comenzó a desarrollar un repertorio que, más allá de la función teatral para la que había sido concebido, acabaría adquiriendo su propia independencia.

A medida que la gira de la producción llegaba a su fin, fue tomando forma la idea de convertir aquel material en un álbum. Las canciones utilizadas en el montaje fueron revisadas y adaptadas al formato discográfico, incorporando además nuevas composiciones que completaban el conjunto. El resultado fue Los versos sáficos, un trabajo que combina los textos originales –escasos– con las letras y la música de Rosenvinge adecuadas a la realidad de nuestro tiempo, y que estuvo acompañado por una gira destinada a presentar estas nuevas canciones ante el público.

Christina Rosenvinge en concierto Serenates 2026. Foto: Luis Tormo

Dentro de la programación de Serenates 2026, Christina Rosenvinge presenta este proyecto en formato de trío, acompañada por Amaia Miranda a la guitarra y Magalí Datzira al contrabajo.

El concierto comienza con Canción del eco, tema de La joven Dolores (2011) inspirado en el mito de Narciso y Eco. Más que una simple apertura, la canción actúa como una declaración de intenciones: adelanta el tono emocional del concierto y conecta con varias de las ideas que recorrerán el repertorio pues como explicó la cantante Ovidio está muy conectada a Safo.

Las canciones de Los versos sáficos destacan en su versión de estudio por una producción que combina múltiples sonoridades, desde el folk, el pop y las texturas electrónicas. En este directo en formato trío, sin embargo, Rosenvinge opta por despojarlas de gran parte de ese armazón sonoro y llevarlas a un terreno más austero. La adaptación acústica pone el foco en la voz y en unos textos que adquieren una presencia aún mayor, permitiendo apreciar con más claridad la fuerza poética de las composiciones.

Los textos hablan del placer, del disfrute de los sentidos, de la reivindicación del amor lésbico y como contexto general sitúa a la mujer, lo femenino, en el centro del universo para enfrentarse al discurso patriarcal.

Magalí Datzira, Christina Rosenvinge y Amaia Miranda en concierto. Foto: Luis Tormo

Tras ese primer tema, el concierto se adentró de lleno en el universo de la poetisa griega. Himno a Afrodita, basado en uno de los escasos poemas completos conservados de Safo, abrió un bloque que continuó con Hoy duermo sola, inspirada en el mito de Titono. La pegadiza Pajarita sirvió para reflexionar sobre el vértigo de la falta de inspiración, mientras que Canción de boda trasladó al escenario la celebración del amor físico.

A esas alturas de la velada ya resultaba evidente que estas canciones, despojadas de la producción del disco y defendidas en formato de trío, conservan intacta su fuerza expresiva. Buena parte de esa solidez descansó en el trabajo vocal de Christina Rosenvinge, Amaia Miranda (muy sólida con las guitarras) y Magalí Datzira. Lejos de limitarse a unos coros convencionales, las tres construyeron un delicado entramado de voces.

El recorrido por Los versos sáficos prosiguió con Manzana y Poema de la pasión, uno de los primeros textos de la literatura en formular el concepto de «morir de amor», que Rosenvinge presentó como una auténtica canción pop. Uno de los momentos culminantes de la noche llegó con la sonoridad distorsionada de Fragmentos, un homenaje musical a los restos dispersos de la obra de Safo. El bloque concluyó con Ligera como el aire, una pieza que pone en primer plano la complicidad femenina («Tú envuelta en una sábana / tú que me robas el aliento / tú que me enseñaste a hablar con las divinas musas / que ahora son como mis hermanas»).

Christina Rosenvinge en concierto Serenates 2026. Foto: Luis Tormo

Tras el repertorio de Los versos sáficos, Rosenvinge anunció, con su habitual ironía, que terminaba la parte festiva del concierto para dar paso a la parte más dramática encarnada en sus propias canciones. El giro emocional comenzó con un díptico de carácter autobiográfico: Jorge y yo, dedicada a su hermano, y la canción escrita para su padre, fallecido cuando la artista tenía 26 años: Romance de la plata. Entre medias sonó La distancia adecuada. Cerró el concierto con La flor entre la vía, canción que nació como un homenaje a su hijo.

El trío regresó al escenario para los bises. Rosenvinge agradeció al público haber hecho posible una trayectoria de varias décadas en la música antes de mirar a sus propios orígenes con dos canciones de su primer disco Que me parta un rayo: 1000 pedazos y la emblemática Tú por mí, un cierre que conectó pasado y presente.

Un excelente concierto, celebrado en el Claustro de la Universitat de València, que nos permitió disfrutar de una Christina Rosenvinge en plena forma. Con una voz espléndida, mantuvo un diálogo constante con el público para contextualizar cada una de las canciones y, además, dio una sobrada muestra de profesionalidad al resolver con naturalidad un problema técnico de sonido. Una actuación que confirmó por qué su dilatada trayectoria sobre los escenarios sigue plenamente vigente.

Escribe Luis Tormo

Magalí Datzira, Christina Rosenvinge y Amaia Miranda en concierto. Foto: Luis Tormo

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