Concierto de Dani Martín en Valencia

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Dani Martín firma un show arrollador entre la memoria y el presente

Dani Martín llega a Valencia con su gira “25 p*t*s años”. Su parada en Valencia, en el flamante Roig Arena, consta de 4 fechas, 8 y 9 de mayo de 2026 –con un regreso ya anunciado para octubre con dos nuevas fechas–. Desde que se anunciaran las fechas a finales de 2024, la gira ha estado marcada por un denominador común: el sold out prácticamente inmediato. Las entradas, agotadas en cuestión de horas, evidencian no solo la fidelidad de su público, sino también la vigencia de un repertorio que ha trascendido el paso del tiempo. Ya no se dan las críticas que dos décadas atrás hablaban de unas canciones pop para adolescentes porque esos temas ahora se han convertido en una fuerza capaz de atraer a todo el público que vivió esa época, unido a todas las personas que se han ido enganchando a raíz de sus discos en solitario.

Con un Roig Arena al completo con más de 16.000 espectadores, con un público variado en el que estaban los fans de siempre, familias con sus hijos (que habrán vivido los temas de El Canto del Loco en casa y en el coche) y gente más joven no pudo escuchar en directo al famoso grupo en su momento pero sí al Dani Martín en solitario.

Dani Martín en concierto. Foto: © Luis Tormo

El concierto comenzó con una introducción al ritmo de Si te vas, de Extremoduro. Con el escenario todavía vacío y las luces contenidas, la inconfundible voz de Robe Iniesta resonaba por todo el Roig Arena, creando una atmósfera de expectación entre el público. Al mismo tiempo, las dos grandes pantallas laterales proyectaban imágenes de los espectadores, captando miradas, sonrisas y teléfonos en alto, convirtiendo a las personas en protagonistas antes de la aparición de Dani Martín sobre el escenario.

Con los últimos acordes de la introducción todavía resonando en el recinto, Dani Martín saltó al escenario dispuesto a poner el listón muy alto desde el primer minuto. Aferrado al micrófono de pie y con una energía desbordante, arrancó el concierto con la guitarrera Zapatillas, toda una declaración de intenciones que desató la euforia inmediata del público.

A partir de ahí, el concierto se transformó en un karaoke multitudinario. El primer tercio del repertorio fue una auténtica andanada de himnos de El Canto del Loco: Volverá, Canciones, Desaparece o Vuelve hicieron que el público no dejara de cantar y bailar ni un solo instante. Tanto en la pista como en las gradas –donde buena parte de los asistentes ya estaba en pie– se respiraba una conexión total entre artista y audiencia. La nostalgia, lejos de sonar impostada, funcionaba manteniendo la intensidad emocional del concierto. El momento más claramente coral llegó con Besos, convertida en uno de esos instantes donde miles de voces tomaron el relevo transformaron el Roig Arena en una celebración colectiva.

Dani Martín en concierto. Foto: © Luis Tormo

Siguió con Tal como eres, con una preciosa guitarra acústica como protagonista, y Son sueños. Y con Puede ser llegó la primera sorpresa de la noche. Para interpretar está canción que supuso la colaboración de El Canto del Loco y Amaia Montero en 2002, salió al escenario Fernando Tejero –amigo de Dani Martín desde los tiempos en que ambos estudiaban interpretación– para abordar con dignidad  las estrofas del tema y terminar fundiéndose con su amigo en el escenario con un emotivo abrazo.

El segundo tercio del concierto lo ocuparon los temas de su etapa en solitario. Comenzó con Cero. Tras este tema se dirigió al público para hablar con nostalgia de que ya no aparece en la Superpop ni está en las carpetas de las chicas pero la vida sigue y este discurso vino certificado con la interpretación de una emotiva Qué bonita la vida seguida de No, no vuelve. El cantante agradeció el apoyo que siempre ha tenido en Valencia desde los inicios de su carrera, dijo que le gustaba el público por su pasión (el mar, el clima, el calor).

En el tramo dedicado a su etapa en solitario, y dejando claro que el concierto estaba concebido como un recorrido por toda su trayectoria, Dani Martín aprovechó para exprimir buena parte de su último álbum. Sonaron Me vuelves puto loco, Carpe Diem y Novedades Viernes, esta última recibida con especial entusiasmo gracias a ese estribillo coreado de “iros a tomar por culo”, otro guiño a Extremoduro. Fue una sección donde el artista combinó madurez y energía, demostrando que su repertorio más reciente convive con naturalidad junto a los clásicos de toda una generación. El cierre de este bloque llegó con un intenso Burning Man.

Para el último tercio del concierto, el protagonismo volvió a recaer en El Canto del Loco. La festiva La madre de José desató uno de los momentos más desenfadados y celebrados de la noche, mientras que Una foto en blanco y negro aportó la dosis de emoción necesaria para mantener la intensidad emocional.

Dani Martín en concierto. Foto: © Luis Tormo

En esta parte final el cantante madrileño soltó un largo speach en el que habló de sus tiempos de (mal) estudiante, sobre su naturaleza sensible y el deseo de escribir canciones, sobre la felicidad de mantenerse 26 años en la música (a pesar de que canto ‘gangoso’ parece que gusta, dijo bromeando) y agradeció el cariño de padres personificado en su madre que seguía el concierto  en el bakstage tal y como recogieron las pantallas del escenario.

Este discurso terminó con un reconocimiento a los cantantes y grupos que había llegado antes como Los Ronaldos, Green Day, Nacha Pop o Seguridad Social. Este homenaje concluyó precisamente con la interpretación de Chiquilla de Seguridad Social. Cuando terminó el tema, muy coreado por la gente, dijo que posiblemente José María Casañ se encontraba entre el público y no le había invitado a acompañarle en el escenario para que fuera una sorpresa; en definitiva, un gran tributo a la música del grupo valenciano Seguridad Social.

Para el siguiente tema, Ya nada volverá a ser como antes, se fijó en una chica joven que tenia un cartel en el que le indicaba que quería tocar con él. Dani Martín le preguntó qué instrumento tocaba, ella contestó que la batería y él la invitó a subir al escenario (“quizá esté momento esté preparado es la magia de la música” dijo Dani Martín).

Con Dieciocho volvió a invitar al quinteto de cuerda que ya había salido anteriormente, para una emotiva interpretación tras el que alagó el recinto del Roig Arena como un lugar fantástico para tocar.

En ese momento, la cortina cubrió el escenario y el concierto pareció entrar en una dimensión mucho más íntima. A través de las pantallas, el público pudo ver cómo Dani Martín, aparecía acompañado únicamente por sus dos guitarristas por la pista para abrirse paso entre los asistentes mientras interpretaba La suerte de mi vida. La escena, rodeada de móviles en alto, manos que tocaban y saludaban y rostros emocionados, generó uno de los momentos más especiales de la noche. Hubo incluso una chica a la que el cantante dedicó unos segundos de la canción mirándola directamente mientras le cantaba, que rompió a llorar, y probablemente, mientras escribo estas líneas al día siguiente, todavía tendrá los ojos enrojecidos.

Dani Martín en concierto. Foto: © Luis Tormo

Este pequeño paréntesis acústico apostó por la cercanía. Desde el escenario, el quinteto de cuerda y el piano acompañaban la interpretación, aportando una atmósfera delicada.  En ese formato más desnudo también sonó una sentida versión de Peter Pan.

Ya de vuelta al escenario, la banda acometió una enérgica interpretación de El último día de nuestras vidas, tras la que Dani Martín aprovechó para agradecer el trabajo de todas las personas que hacen posible que el concierto salga adelante, desde el equipo técnico hasta la producción. Acto seguido presentó de una forma muy cariñosa a los miembros de la banda («son muy buenos y están conmigo») para cerrar con la incombustible Insoportables, recibida con entusiasmo por el público.

Con las luces del Roig Arena ya encendidas, el cantante se despidió abrazado a su banda mientras, por la megafonía, sonaba 25, poniendo el broche emocional a la velada.

La sensación final, reflejada en las sonrisas del público que abandonaba el pabellón, no es tanto la de la nostalgia entendida como una dependencia del pasado, sino más bien la de un agradecimiento por lo vivido. Dani Martín deja en el aire la idea de que ese pasado sigue formando parte del presente como una raíz. De hecho, en la camiseta con la que cerró el concierto podía leerse: “El Canto del Loco y yo estamos vivos!!!!!”, una declaración que sintetiza ese equilibrio entre memoria y continuidad. En sus nuevas canciones y en su trayectoria reciente, el artista demuestra que ambas etapas no compiten, sino que conviven y se integran de forma natural.

Escribe Luis Tormo

Gracias The Project y Roig Arena por las facilidades para realizar este artículo.

Dani Martín en concierto. Foto: © Eva Tormo

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