Concierto de Paula Mattheus en Valencia

Entre lo íntimo y lo salvaje

Paula Mattheus publicó el pasado mes de febrero su tercer trabajo, Todo lo alto que quiera, un álbum que funciona como un recorrido emocional cuidadosamente trazado, desde el desconcierto inicial hasta una forma de esperanza más serena y consciente. La cantautora vasca articula aquí un relato con vocación de conjunto, alejado de la simple colección de canciones, que encuentra su equilibrio en una estructura dividida en dos mitades claramente diferenciadas.

Esta progresión no solo se percibe en el plano narrativo, sino también en la evolución de su lenguaje compositivo. Mattheus gana en madurez lírica -con textos más depurados, menos impulsivos y más reflexivos- sin renunciar a la cercanía que define su escritura. En lo musical, el disco amplía su espectro sonoro con una inclinación más decidida hacia el rock, lo que aporta mayor dinamismo al conjunto, aunque su sello íntimo y reconocible permanece intacto.

Con este nuevo disco como carta de presentación, Paula Mattheus se embarca en la gira Todo lo alto que quiera Tour 2026, un recorrido por distintas ciudades de nuestro país. En este contexto, la artista hizo parada el pasado 24 de abril en la sala Joy de Valencia con todo el aforo vendido.

Paula Mattheus, concierto en Valencia. Foto: © Luis Tormo

Paula Mattheus irrumpió en el escenario desde la penumbra, con su silueta recortada a contraluz, para entonar los primeros versos de Me presento. A ese inicio íntimo y casi confesional se sumó enseguida la banda, dando paso a lo que acabaría convirtiéndose en un intenso y emotivo karaoke colectivo, en el que el público acompañó cada canción de principio a fin.

No es casual la elección de este tema para abrir el concierto: funciona como una auténtica declaración de intenciones, un manifiesto de amor propio en el que la artista se muestra vulnerable y honesta desde el primer instante. Del mismo modo, el cierre con Cubriéndome las espaldas resultó coherente y simbólico: un canto luminoso que reivindica el apoyo mutuo y la complicidad emocional, dejando al público con una sensación de calidez compartida.

Entre ambos momentos se desplegó una verdadera comunión musical entre artista y asistentes. La cercanía del formato, propia de salas de aforo reducido, favoreció una interacción constante difuminando la frontera entre escenario y público.

Autotune y Cuando nadie me mira fueron las encargadas de abrir el bloque dedicado a Todo lo alto que quiera, marcando un punto de inflexión dentro del repertorio. Estas canciones, aún recientes para parte del público, sirvieron como carta de presentación de la evolución de la compositora vasca. Antes de que comenzara el show, tuve ocasión de intercambiar unas palabras con Paula Mattheus. Al preguntarle qué significaba para ella llevar estas nuevas composiciones al directo, respondió con claridad: el verdadero sentido de esas canciones era precisamente poder interpretarlas sobre el escenario. Esa intención se hizo evidente durante la actuación, donde cada tema cobró una dimensión más viva.

Paula Mattheus, concierto en Valencia. Foto: © Luis Tormo

Lo más destacable fue cómo estas piezas recientes encontraron su lugar sin fricciones dentro del setlist, conviviendo de forma orgánica con sus canciones anteriores, aportando unos matices que reforzaron la narrativa emocional del concierto, demostrando que la evolución artística puede coexistir con la esencia que conecta con su público.

Continuó con Valientes de sofá, y aunque había anticipado que la velada estaría cargada de optimismo, decidió introducir un matiz más introspectivo con Vasos medios llenos, un tema que remite a esas etapas en las que la fragilidad emocional se hace más evidente, adscribiéndola al presente actualizando el verso  original “ya veintitantas primaveras” por “veintinueve primaveras”, como un guiño a su edad actual. Para Te lo dije de verdad invitó al escenario a Mbongo, cantautor pamplonés que había ejercido como telonero preparando al público con un breve set en solitario de composiciones propias defendidas a la guitarra. Ese relato continuó con la interpretación de Viaje sin vuelta.

Los conciertos de Paula se construyen como un diálogo continuo con el público, una conversación viva que va más allá de lo estrictamente musical. Entre canción y canción, la artista introduce sus ya habituales “chapas” –como ella misma las llama–, pequeñas digresiones cargadas de humor. En uno de estos momentos, Paula confesó su tendencia a inventar expresiones propias, y aprovechó para presentar una idea surgida en torno a uno de sus temas más recientes: Suspender adulto. A partir de ahí, desplegó un monólogo cotidiano en el que reflexionó sobre ese desconcierto que acompaña a la vida adulta. Nadie te enseña realmente cómo enfrentarte a ciertas tareas básicas  y, sin embargo, se espera que lo sepas. Paula fue más allá al señalar que incluso aquellas figuras que percibimos como seguras o plenamente formadas –como los propios padres– probablemente también estaban improvisando sobre la marcha.

Paula Mattheus y Miguel Sempere, concierto en Valencia. Foto: © Luis Tormo

Muy ligada a este relato vino después Año bisiesto. Compuesta a partir de una experiencia sentimental fallida, el tema recoge el proceso de recomposición personal de la artista, atravesado  por el paso por terapia. Explica cómo, tras ese periodo de reajuste emocional, conoció a otra persona, y cómo ese encuentro resignificó su manera de mirar el tiempo y las oportunidades, deseando que en ese año bisiesto tuviera más suerte. Tras Tocado y hundido y No soy yo eres tú, Paula Mattheus cogió el banjo para interpretar Botas horteras que en directo se convirtió en otra reivindicación femenina.

Como viene siendo habitual en sus directos, la cantante vasca abrió paso al bloque acústico. Sentada en un banco en primera línea de escenario, acompañada de su guitarrista y arropada por el resto de la banda en un formato más íntimo, interpretó En plural y una especialmente coreada La hipoteca, momento en el que toda la sala se volcó gritando al unísono el ya icónico verso “eres solo un ¡capullo!”.

El clima contenido de este tramo dio paso a uno de los puntos emotivos de la noche con Oxidado, una de las piezas más destacadas de su nuevo disco. La canción arrancó en soledad, con la artista acompañada por su pianista y fue creciendo progresivamente hasta desembocar de nuevo en el formato eléctrico. Sin apenas tregua, enlazó con La Salvaje, elevando de nuevo la intensidad del concierto, más rockero, generando uno de los momentos más vibrantes del show.

Paula Mattheus y Miguel Sempere, concierto en Valencia. Foto: © Luis Tormo

A partir de ahí, el clima del concierto se mantuvo en lo más alto sin conceder un solo respiro con la clásica en El río –que, según confesó la propia artista, fue la canción que le salvó la vida– al que siguió La lotería, un tema luminoso y celebratorio que reivindica el valor de lo cotidiano: disfrutar de lo que se tiene, de los pequeños momentos, como si eso, en sí mismo, ya fuese que te toque la lotería. El tramo final tomó un tono festivo con Ya no me joden la vida, planteada como un cierre del concierto abandonando el escenario.

Para el consabido bis, tras una introducción al teclado, sonaron Vale la pena y Cubriéndome las espaldas. El concierto terminó con Paula Mattheus y toda la banda bailando y saludando al público mientras sonaba a todo volumen Johnny B. Good.

Arropada por una banda sólida y perfectamente engrasada –con la que lleva ya cinco años compartiendo escenario–, el directo de Paula Mattheus se sostiene sobre una riqueza sonora notable, en la que conviven con naturalidad los instrumentos como el saxofón o el violonchelo, aportando matices y profundidad a cada arreglo. Asistir a uno de sus conciertos es, ante todo, una experiencia revitalizante: una auténtica inyección de energía que nace tanto de la potencia musical como de su arrolladora presencia escénica. La artista no se limita a cantar; salta, se mueve y baila de un extremo a otro del escenario, contagiando su entusiasmo a un público completamente entregado. Ese mismo público, cada vez más numeroso, evidencia cómo sus canciones han trascendido el formato de estudio para convertirse en auténticos himnos coreados de principio a fin. La conexión es total.

Escribe Luis Tormo

Paula Mattheus (voz, guitarra, banjo)
Miguel Sempere (guitarras)
Sabas Yagüe (teclados)
Fiti Esteban (bajo, violonchelo)
Guillermo Cortés (batería)
Nata Estevez (saxofón)

Sala Joy
24 de abril 2026

Gracias a The Music Republic por todas las facilidades para realizar este artículo.

Con Paula Mattheus

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