«Es una película casi con voluntad de documental antropológico»
Víctor García León dirige Altas Capacidades, una comedia protagonizada por Marián Álvarez, Israel Elejalde y Juan Diego Botto, junto a Suso Nanclares, Natalia Reyes, Pilar Castro y Bea Segura. El guion, escrito por el propio director junto a Borja Cobeaga, retrata a Alicia y Gonzalo, una pareja de clase media que se enfrenta a la oportunidad de matricular a su hijo Fer en un colegio laico de élite. Este cambio supondrá su entrada en la clase alta, desencadenando una serie de ilusiones, miedos y contradicciones.
Con motivo de la visita de ambos cineastas a los Cines Lys de Valencia, dentro de su programación de actividades cinematográficas, hemos tenido la oportunidad de conversar con Víctor García León y Borja Cobeaga sobre el proceso de sacar adelante un proyecto de estas características.
Como creadores que trabajáis el género de la comedia, ¿os sorprende la reacción del público a vuestras propuestas?
Víctor García León: A mí siempre me ha sorprendido la reacción del público, nunca la tengo muy clara. Y de hecho esa reacción a veces varía según el público. No te ríes igual en un festival en Francia que en un pase en Carabanchel en Madrid o aquí en Valencia. Le gente se ríe en momentos distintos. Y es verdad que hay algo de fe en la comedia, algo te hizo gracia en algún momento y esperas que eso sea compartible, pero es un acto de fe.
Borja Cobeaga: Tengo que decir que el hecho de haberme dedicado a esto, a escribir comedia, tiene que ver con esto precisamente. Sueltas una película, un corto, y la gente se ríe y no sabes por qué se está riendo. El hecho de que tú pienses en algo en el baño de tu casa o en la cocina de tu casa y días después alguien se ría de eso es mágico. Con lo cual es verdad que yo nunca le quitaría la razón al público de cuándo se ríen porque creo que esa conexión que pueda haber entre el autor o guionista y un público que no conoce se puede etiquetar de mágico.
Cualquier persona que haya pasado por el proceso de matriculación escolar sabe el significado y a importancia de ese trámite. ¿Cómo surgió la idea de utilizar ese proceso como una herramienta para plantear una comedia de carácter social? ¿Cuándo os disteis cuenta que ahí había una película?
Víctor: Para eso se juntan muchas voluntades. Por un lado cuando Borja empieza a escribir el guion conmigo tenemos la voluntad de hacer una comedia muy divertida que aborde un poco las neurosis y las inseguridades de los padres, porque tanto Borja como yo no hacemos una película sobre los niños, hacemos una película sobre los padres y nuestras dificultades. Y ahí los dos empujamos para hacer la película lo más entretenida y lo más inteligente posible, jugamos entre esas dos bazas.
Y por otro lado quiero hablar muy bien de los productores. Han empujado no para que la película tenga un reparto más sexy o sea más comercial, han empujado para que la película tuviera más capas, tuviera más niveles de discurso, que fuera más interesante. Nos han empujado en ese sentido.
Borja: En el mundo de la comedia cinematográfica –no hablamos de la comedia televisiva de plataformas donde hay ejemplos de comedias que tienen muchas capas– española no está en su mejor momento ahora mismo, son muchos remakes, y el hecho de hacer una película como Altas Capacidades que es una comedia negra, amarga, posibilitada como dice Víctor por los productores, es bastante gozoso. Poder hacer una comedia que no tenga todos los personajes agradables, que tenga bastante mala baba, es bastante gozoso de hacer.
Víctor: Es un lujo hacer una comedia que no tenga que terminar bien.

De hecho, ahora que comentas esto, es una comedia negra que remite a esa tradición de Berlanga, Azcona, Ferrari, etc.
Borja: Creo que es la película más Azcona que he hecho nunca. Quizá Víctor ha hecho más cosas Azcona pero yo creo que es lo que más Azcona he hecho nunca como guionista.
Víctor: Ahí te discuto lo que dices porque creo que Negociador es una película super afilada, negra,
Borja: Creo que es mi mejor peli.
Víctor: A mí me gusta mucho, no sé si es tu mejor peli, pero hay algo de una libertad muy gozosa, muy negra. Creo que Los Aitas también tiene una parte muy negra, disimulada, pero la tiene. Creo que pecas de lo mismo que peco yo.
Borja. Es verdad que cuando se presentó la posibilidad de escribir una película para Víctor yo no dejaba de pensar en Vete de mí, que es su segunda película, que era muy negra, que hablaba de la condición humana. Víctor siempre habla de si quieres hacer película sobre lo que se te ocurre o sobre lo que te pasa, y con él siempre pienso en lo que te pasa.
Víctor: Así es porque creo que hay más cine en la vida que en nuestras cabezas.
Comentabais que era una película de muchas capas: el arribismo social, las apariencias, las mentiras, el ejercicio del poder, etc. ¿Cómo fue el proceso de ir incorporando esas capas?
Víctor: Contesto una cosa que a lo mejor es una idea muy particular y no lo he hablado nunca con Borja, en realidad, pero para mí la dificultad de un guion es exponencial. Es mucho más fácil escribir el primer acto que el segundo, y es mucho más fácil escribir el segundo que el tercero, porque va cargándose de complejidad. Los personajes son cada vez más complejos, los conoces mejor, empiezas a entenderles mejor y tienes que seguir alimentándose esa locomotora de información.
Y creo que los distintos temas, las distintas capas, de alguna manera responden a una voluntad de hacer una película buena. Es necesario para que el tercer acto no se quede un poco desinflado. Si no vas metiendo un poco de carbón, el tren se termina parando.
Y es verdad que es la película que afortunadamente a la hora de escribir nos hacía mucha gracia cada paso que dábamos, es decir que creo que eso también afecta un poco al global de la película; nos reíamos mucho escribiendo y eso no solo pasaba en los primeros minutos sino también en los últimos. Tenía gracia todo lo que sucedía en la película.
Borja: Sí, lo que pasa al final estaba cargado porque al principio son dos padres normales y conforme avanza la película, al final, les quieres, los comprendes. Y eso es más difícil de escribir.
En la película todos los personajes salen malparados. La crítica les alcanza a todos.
Víctor: Creo que hay personajes que son más positivos que otros. Por ejemplo, la viuda del narco mantiene una cierta dignidad y es un personaje con nobleza, la madre del niño amigo del colegio también y el director del colegio público. Pero sí es verdad que el tono te arrastra a una sensación poco optimista-
Borja: Tienes como una agarradera. Cuando ves una película con muchos personajes negativos siempre ves uno positivo al que agarrarse. Pero creo que ésta, justamente, no. [risas] Por alguna razón, por la visión que tenemos de la vida cotidiana, ésta no.
El pesimismo también lo provoca el hecho de que nos veamos reconocidos en los personajes.
Borja: Yo que he sido el guionista, cuando vi el primer montaje con Víctor y el montador pensé: “Esto es desolador”. Me dejó atrapado. Por un lado, dije: “Es que esto es lo que tiene que ser”, pero por otro lado decía: “Es que es muy jodido”. No es una película que sea optimista con la condición humana y creo que, en general, las películas de Víctor tampoco lo son.
Víctor: No, no tengo una opinión muy positiva de la humanidad, pero pienso que es entretenido, no está mal la experiencia.
Hay algo, que también es propio del cine de Berlanga, que es el cuidado por los personajes secundarios en un reparto coral donde algunos de ellos con muy poco tiempo se quedan en la memoria del espectador, como ocurre con el caso de Juan Diego Botto.
Borja: Hay películas que ocurren porque surgen de una idea y hay películas que ocurren porque surgen de cosas que te pasan a ti. En este caso es la segunda opción. Es una película muy cotidiana, donde los personajes que aparecen los conocemos. Es importante esa visión costumbrista o realista.
Víctor: Tiene que ver con la vocación de realizar un retrato, quieres retratar un momento de la vida, ver qué hacen tus congéneres. Y al final te sale una fauna de personajes. Y no lo puedes evitar. Si ahora mismo quieres hacer un retrato de tu colegio, de los padres que están en el AMPA, te sale una galería de personajes variadísima y muy florida.
¿Cómo trabajas con el reparto durante el rodaje? En los personajes hay mucho gesto, mucho detalle de interpretación física.
Víctor: Soy bastante fiel al guion, creo que en el guion está todo. Lógicamente se puede cambiar algo pero el personaje está escrito. Está marcado lo que tiene que pasar y por qué tiene que pasar. Y después está la vocación de que no huela a cerrado, pero creo que todo lo que me importaba a mí del guion, está reflejado.
Borja: Es verdad que hay un matiz como de realismo en el sentido de que parece que no está escrito sino que está viviéndose.
Víctor: En el texto está todo y los actores vienen a sumarse a eso. Hay que intentar que cuando aportan algo, sumen.

Lo comentaba por el personaje de Juan Diego Botto que hace una composición repleta de gestos y que marca esa superioridad casi físicamente.
Víctor: Sí, todo eso es verdad. Y llevaba por el camino de la amargura al montador porque luego no había forma de montar nada porque no había raccord. Y es verdad que ese personaje Juan lo llevó por un sitio, que es merito suyo, en el que hacía una cantidad de gestos que difícilmente es gestionable desde lo verosímil, pero funcionaba. Y cuando las cosas funcionaban, lo mejor que puede hacer un director es dar un pasito para atrás y dejarle trabajar porque funcionaba.
Borja: Y también está la confianza. Es tu tercera película con él y creo que hay una cosa como que Juan hace siempre un personaje como de pijo siempre.
Víctor: Bueno en Vete de mí no era tan pijo.
Borja: Era un nepo baby. En realidad es como si fuera el mismo personaje pero evolucionado de otra manera. Y es verdad que este pijazo absurdo, muy pagado de sí mismo, lo hace increíble.
Y los secundarios en el cine de comedia es lo máximo que hay. Como guionista de comedia hay que hacer un secundario gracioso porque es lo mejor, incluso más que los protagonistas.
Víctor: Te diría que la situación más desgraciada del mundo es ser protagonista de una comedia. Es mejor ser secundario [risas].
Borja: Mucho mejor. Te lo digo desde el punto de vista que he hecho comedias y muchas veces dices: “Este secundario, arrasa.” Es el caso de Juan Diego Botto en esta película.
Víctor: Un protagonista tiene que dar pasa a la siguiente secuencia, a la otra, darle un arco. Sin embargo, el secundario puede hacer lo que le dé la gana. Hace dos o tres secuencias, te las roba y se va a su casa.
En el entorno de la comedia, cuando se trabaja con niños, estos suelen ser muy amables. En este caso, el niño escapa a esa imagen.
Víctor: Un poco lo mismo, estaba así escrito desde el principio. Era un poco como el motocarro de Plácido. El niño es ese objeto que llevaban y traían para cubrir intereses que no eran los del niño y en el tercer acto emergía. Y cuando emergía sí hacía falta que ese niño que parecía un objeto se convirtiera en un personaje. Y tuvimos la suerte de encontrar a Suso, que es como Marlon Brando, hemos tenido muchísima suerte. Y no es que yo haya dirigido especialmente bien o tenga una varita mágica, es que es buenísimo el tipo.
Desde el punto de vista forma, la cámara está en una posición que parece captar la realidad más que influir en ella. Es una especie de visión casi documental. Creo que aquí se quiere mostrar.
Víctor: Desde el principio de los tiempos era una película casi con vocación de documental antropológico. Era un relato que tenía más gracia si el espectador se la encontraba, había que fiarse del espectador. Así que nunca fuimos muy enfáticos con los chistes ni con el tono de las interpretaciones o el vestuario, Digamos que era como ponerle deberes al espectador diciéndole: aquí hay muchas cosas si quieres verlas.
Y es verdad que nosotros planteábamos desde el principio a nivel estético casi un retrato antropológico de dos personajes que no son del espectador. Y poco a poco, o al menos esa es la intención, en el tercer acto empezamos a meter música, a meter más primeros planos, y terminamos intentando que el espectador sí sea esos personajes que al principio rechazaba. Nosotros teníamos la vocación de intentar que te rieras de ti contra tu voluntad. Que pensaras que esos señores tan ridículos y lejanos, en realidad no están tan lejanos; esos tipos absurdos y tan lejanos se parecen mucho a ti. Y conseguir ese efecto de empatizar con ellos se tenía que hacer a lo largo del metraje, teníamos que llegar más o menos a la hora de la película y, sin saber cómo, convertirnos en esos personajes de los que nos reíamos en la distancia.
¿En estos tiempos de controversia y enfrentamiento, la comedia es el género que permite poder expresar las críticas de una manera tamizada? ¿Se puede hablar de cualquier cosa?
Borja: Es que yo creo que este discurso que estamos oyendo mucho últimamente de que ya no se puede hacer humor sobre nada creo que no es verdad. Lo único que pasa es que, en realidad, tú haces un chiste y en vez de tener al crítico del periódico ahora tienes a 400 tuiteros hablando. Pero en realidad eso tampoco te influye, tú puedes seguir haciendo los chistes de siempre y es verdad que hay como una especie de nostalgia, desde mi punto de vista bastante falsa, diciendo que antes se podía hablar y ahora ya no.
Víctor: Creo que desde los bufones de la Corte de Felipe II, el humor siempre ha amparado de una manera mucho más amable cualquier clase de discurso disidente del poder. De hecho, el último recurso del menesteroso es reírse del poder. Y seguimos en eso, creo que es parte de nuestra cultura.
¿Cómo ha sido el proceso de creación de la película? Ese guion a cuatro manos que dirige Víctor.
Borja: Creo que uno se da cuenta, después de dirigir películas y series toda la vida, que lo mejor que sé hacer es quedar con Víctor a comer y a hablar de tonterías. No sé si es lo mejor, pero es divertido. Hemos hecho ahora una serie juntos porque Víctor está en la segunda temporada de Su Majestad y nos lo hemos pasado muy bien.
Víctor: Al final las películas no se escriben a cuatro manos. Lo que uno hace es quedar a hablar. Las películas se hacen hablando. Las películas, las series o cualquier guion se hacen hablando. Tú hablas y hablas y hablas de muchas cosas. Del partido de ayer, de las novias, de tus divorcios, de tus hijos… Y vas generando historias. Y luego las pones en papel. Pero te diría que ponerlo en papel es lo menos entretenido y seguramente lo menos importante.
Escribe Luis Tormo
Publicado originalmente en Encadenados
