Crítica de El año de la furia

El amor en los tiempos de cólera

El director y guionista Rafa Russo comenzó su andadura en el mundo del cine con el guión de Lluvia en los zapatos (1998), con el que obtuvo el premio al mejor guión en el Festival de Cine de Montreal. Tras realizar diferentes trabajos como guionista y director de cortometrajes, en 2006 llegó su primer largometraje como director, Amor en defensa propia; desde ese momento su carrera continúa como guionista en numerosos proyectos para el cine y la televisión. Ahora, tras 14 años, se estrena su segundo largometraje como director, El año de la furia, una película que tras pasar por diferentes festivales —como la Seminci o el BCN Film Fest— se estrena ahora en salas de cine.

A principios de los 70 del pasado siglo se produjo en Latinoamérica una serie de golpes militares promovidos por las clases dirigentes, con el apoyo de la política intervencionista norteamericana, para desalojar o sofocar los movimientos sociales y revolucionarios que se extendieron en muchos de esos países: Bolivia (1971), Uruguay (1973), Chile (1973) o Argentina (1976) son algunos ejemplos.

El año de la furia nos lleva al convulso Uruguay de 1972, en un tiempo en el que ya se palpaba en el ambiente las tensiones sociales y militares que desembocarían con el golpe de estado del año siguiente. Ese año anterior se conoció en Uruguay con el sobrenombre de «el año de la furia».

Alberto Ammann en El año de la furia. Foto: Filmax

Costa-Gavras ya reflejó en Estado de sitio (1972) el conflicto de Uruguay y el caldo de cultivo desestabilizador fomentado por la intervención de la CIA. Frente al cine político y militante del cineasta franco griego, el guion de Rafa Russo propone una lectura focalizada en los personajes a través de cómo les afecta en su vida los acontecimientos que se van sucediendo y que terminaron con el golpe cívico-militar.

Con epicentro en la pensión en la que residen la mayoría de los personajes, la película despliega una serie de líneas argumentales sostenida por un conjunto de personajes que pretende cubrir el amplio abanico que conforma la sociedad. Así tenemos a dos guionistas que sobreviven en la televisión, unos jóvenes revolucionarios, una prostituta, oficiales del ejército o el matrimonio que regenta una zapatería. Ese grupo conforma un microcosmos que pretende traducir la realidad de un país que va viendo como se precipitan los acontecimientos a través de las señales que van anunciando como el sistema democrático termina sucumbiendo ante la dictadura.

Sara Salamo en El año de la furia. Foto: Filmax

La película quiere dar respuesta a la pregunta que cada personaje llega a plantearse durante ese periodo: cómo reaccionar cuando la amenaza se cierne sobre cada uno de ellos y en el ambiente flota la sensación de que la justicia ha desaparecido. Mientras conviven con la censura, las detenciones, la tortura y los asesinatos, cada uno reacciona de una forma distinta. De todos, los guionistas representan dos posturas enfrentadas que discurren entre la dignidad y la aceptación de la derrota en la que se plasma la dualidad de las reacciones.

Esta incertidumbre en la que se une el miedo, la decencia, la capitulación o la esperanza, se traslada a todos los personajes protagonistas, como podemos ver en el oficial del ejército que pretende solventar sus contradicciones entablando una historia de amor, la prostituta que ve una posibilidad de salir de su miseria utilizando a conveniencia la realidad del momento o la mujer que duda en abandonar a su marido para irse a vivir con quien realmente ama.

De hecho, bajo el relato de un thriller político se esconde el drama interior de los personajes. La película está rodada para aprovechar todas las posibilidades de la pantalla ancha, pero este uso del gran formato no sirve para dar brillo a grandes escenas de acción ni tampoco para jugar con las localizaciones exteriores sino que se circunscribe a destacar las reacciones de los personajes a través del empleo de los primeros planos en los que se prioriza el escrutinio minucioso del rostro, el valor de las miradas y donde se potencia el valor de los silencios, con el objetivo de mostrar cómo la dura situación externa se traduce en el sufrimiento íntimo con el que carga cada personaje.

Martina Gusman en El año de la furia. Foto: Filmax

En este intento de abarcar todo el muestrario social manejando media decena de personajes es donde El año de la furia muestra sus debilidades, pues si bien es cierto que se intenta presentar la ambigüedad de cada personaje, el guion no termina de hilar la profundidad en cada uno de ellos. Es por ello que se intuye la lucha interna, las dudas de los protagonistas, pero no se materializa en la pantalla, lo que termina lastrando —por esa falta de definición respecto a algunos personajes— el alcance final de la película.

El discurso elaborado por Russo apuesta por el amor, la dignidad y la amistad como valores intrínsecos que contribuyen a que los personajes puedan sobrevivir en una época gris, en la que se hace patente la carencia de moral, tanto a nivel individual como social. Valores en los que buscar amparo frente a la dictadura del Estado y su cruel presencia (impunidad jurídica, censura, tortura y asesinato) y que universalizan la propuesta yendo más allá de la referencia concreta a la situación histórica de Uruguay.

Lo mejor de El año de la furia es la advertencia sobre el riesgo de la deriva totalitaria con la recreación de ese ambiente opresivo que va asfixiando a los personajes, la puesta en escena de Russo con un ritmo pausado en el que encontramos recursos como equiparar el sonido de los limpiaparabrisas y los golpes de las botas de los militares, el uso del primer plano o el juego con los silencios y, por último, un reparto solvente que da vida a la estructura coral de los personajes.

Escribe Luis Tormo

Artículo publicado originalmente en Encadenados

Título: El año de la furia
País y año: España, Uruguay, 2020
Duración: 102 minutos
Dirección: Rafa Russo
Guion: Rafa Russo
Fotografía: Daniel Aranyo
Reparto: Alberto Ammann, Joaquín Furriel, Daniel Grao, Martina Gusman, Sara Sálamo, Maribel Verdú, Paula Cancio, Miguel Ángel Solá
Productora: Gonafilm, Aliwood Mediterráneo Producciones S.L, Cimarrón Cine, TVE
Distribuidora: Filmax

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s