Crítica de Padre no hay más que uno 2

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La familia y uno más

El éxito de Padre no hay más que uno hacía inevitable que Santiago Segura, con la experiencia acumulada en dar continuidad a una historia, volviera a retomar esta fábula familiar. Programada para estrenarse al año del estreno de la anterior aprovechando el verano como mejor fecha para una comedia de estas características, la crisis provocado por la Covid-19 trastocó los planes de su distribución. Debiendo realizar el montaje en pleno confinamiento y apostando por su exhibición en salas de cine en un momento muy arriesgado, parece que las cifras de taquilla delprimer fin de semana certifican la validez de esta continuidad cinematográfica y la estrategia de una distribución en cines en estas fechas.

Siguiendo el molde básico de franquicia, y contando que el espectador conoce ya a los personajes, Santiago Segura no tiene más que profundizar en el camino abierto en la primera y añadir un hilo argumental (la llegada de un nuevo miembro a la familia) y renovar el casting con un personaje nuevo como el que encarna Loles León (la suegra).

El filme ahonda en la descripción amable de las relaciones familiares poniendo de relieve los enfrentamientos que se generan en el universo reducido de la familia. Así tenemos la diferente forma de ver la vida del matrimonio formado por Javier y Marisa, las discusiones entre Javier y sus hijos o el enfrentamiento del yerno y la suegra.

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Foto: Sony Pictures

En este sentido el guión se convierte en un recopilatorio de situaciones muy comunes para el espectador (la llegada de un nuevo niño a la familia, una adolescente incomprendida, la organización familiar) que se adaptan a los roles que asumen los diferentes personajes. Padre no hay más que uno 2 evita centrarse o profundizar en algún hecho concreto para convertirse en una abanico expositivo de situaciones dedicando un tiempo limitado a casa aspecto. Salvo el desarrollo del personaje de Loles León que sí tiene un mayor protagonismo, el resto de situaciones se exponen y resuelven con rapidez: la diferencia a la hora de abordar el nuevo embarazo, el miedo ante la relación afectiva entre la hija adolescente y su amigo que se resuelve rápidamente, la rebeldía de la hija que quiere ser andaluza, el conflicto con la asistenta doméstica o las escenas con el perro (que casualmente se llama José Luis).

El modelo de comedia familiar tiene numerosas referencias en el cine americano pero la mirada de Segura y su guionista, Marta González Vega (que también vuelve a repetir aquí su papel de actriz), al igual que la primera entrega, está puesta en un patrón más cercano como es La gran familia, un éxito del cine comercial español de los años 60 y que tuvo también sucesivas entregas.

Un tipo de cine de humor blanco y amable que funciona como un microcosmos de la sociedad basado en una mirada costumbrista donde se habla de pequeños dramas cotidianos que son tamizados por las risas propias de este género. Nada mejor que reírse de aquello que nos es común para exorcizar el mal rollo pues este tipo de filmes lo que hace es poner en primer término temas universales que son entendidos en todos los lugares y que funcionan en cualquier modelo de sociedad como son las relaciones familiares o compaginar la vida laboral y familiar pero sin plantear un análisis o una reflexión sobre el modelo de familia porque tampoco ese es el objetivo del filme.

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Foto: Sony Pictures

Por lo tanto estamos ante una película que aspira al entretenimiento familiar y que apuesta claramente por el carácter comercial de su propuesta y cuyo objetivo principal es atraer espectadores a las salas de cine, partiendo de ese amplio apoyo que respaldó la primera entrega; en las circunstancias actuales, con la carencia de propuestas para la pantalla grande, no es poco. Precisamente si algo tiene Santiago Segura es la capacidad de llegar a un gran número de personas; ya lo demostró con Torrente, en una fórmula que a pesar de parecer agotada dio para cinco entregas, y ahora parece que vuelve a abrir una franquicia con este tipo de cine familiar en el que amplía la horquilla, desde niños a adultos.

Gags sencillos, humor amable y una sucesión de situaciones ligeras apoyado todo ello en sacar el mayor partido a un reparto que funciona perfectamente en la pantalla: la química entre Santiago Segura y Toni Acosta, las actuaciones de los niños, el personaje de la suegra y las pequeñas anotaciones de los personaje secundarios (los cuñados, las madres del colegio, la asistenta). Y como viene siendo habitual en Santiago Segura asistimos a toda una serie de pequeños cameos de caras famosas a lo largo de todo el filme.

Más dispersa que la primera entrega de esta saga, pero que a la vista de los resultados de taquilla seguro que tendrá continuidad, la película persigue el objetivo que se marca Santiago Segura: que la gente se vaya del cine mejor de lo que ha entrado.

Escribe Luis Tormo

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