Una voz que ilumina
En 2023, Lia Kali publicó su primer y sorprendente álbum, Contra todo pronóstico, con el que confirmó el talento que ya despuntaba en la escena del hip hop a través de diversas colaboraciones. En ellas se intuía una identidad musical propia, construida a partir de la fusión de géneros. Sin embargo, fue con aquel primer trabajo cuando terminó de consolidar una propuesta tan personal como difícil de encasillar.
La cantante barcelonesa concibió el disco como una herramienta de supervivencia. En la nota de voz que abre el álbum, la propia artista relata un proceso de sanación que recorre también el conjunto de las canciones: un viaje desde la oscuridad hasta la luz. De carácter autobiográfico, Contra todo pronóstico aborda experiencias dolorosas durante la adolescencia, y convierte su herida emocional en una forma de expresión y denuncia.
Dos años después, con Kaelis (2025), Lia Kali amplió ese universo y consolidó su proyección nacional e internacional, manteniendo la honestidad como eje de una propuesta que transita entre los miedos y la aceptación de una misma. Rap, flamenco o neosoul para arropar una voz rasgada y sentida.
Ahora, antes de iniciar un parón sobre los escenarios previsto para 2027 y con la vista puesta en su regreso en 2028, cuando prevé presentar su tercer álbum, Lia Kali afronta el cierre de una etapa de cuatro años (dos discos, colaboraciones, más de 200 conciertos)con una gira de despedida por España que ha recalado en la Sala Auditorio Roig Arena de Valencia.
Apenas pasadas las 21 horas, el escenario, teñido de tonos rojos y con el nombre de Lia Kali en el centro de la pantalla, se oscureció para dar entrada a los músicos –dos baterías, un teclista y un bajista–, que acometieron las primeras notas de La noche. La cantante catalana se situó en el centro del escenario para desgranar este tema a modo de intro. La letra dice: «Hoy no puedo, no puedo encontrarte». Sin embargo, eso no fue lo que ocurrió, ya que Lia Kali sí se encontró con su público: 1.700 personas que, desde el primer tema, gritaron y cantaron con ella.
Con Turbulencias y Con tu collar quedó claro por dónde iba a discurrir el concierto: un sonido potente y nítido, una escenografía sencilla, con una pantalla en la que se proyectaban imágenes y letras,un juego de luces eficaz y una banda muy sólida al que se añaden algunas bases pregrabadas. Pero, sobre todo, destacó la presencia escénica de Lia Kali, respaldada por una voz espectacular que le permite cambiar de registro y abordar la diversidad musical de su repertorio.
Bajo esta premisa fueron cayendo las canciones, que picotearon de sus dos álbumes y de sus colaboraciones con otros artistas (con la fórmula de la voz grabado que se insertaba en sus correspondientes partes de la canción). Así sonaron Veintiocho, Veneno, Me hace mal, Florezco, Niño o Volando a tu ventana –con ese registro de rumba–.
Si en sus discos la cantante barcelonesa da pistas sobre el planteamiento de su discurso con sus notas de audio insertadas entre los temas, en directo el diálogo con el público es constante y el formato de concierto en la Sala Auditorio facilita precisamente esa cercanía. Antes de cantar Qué te debo hilvanó un discurso sobre la ambición, hablando de cómo hay que controlarla y afirmando que no hay que correr detrás del éxito.
Fosforito nos devolvió a la pura alegría y al baile. El escenario se bañó de colores verdes mientras las letras se proyectaban en la pantalla convirtiéndose en uno de los (tantos) momentos karaoke de la noche.
Tras Tantas fotos vino Alzo el vuelo. Dirigiéndose al público Lia Kali explicó que estaba dando sus últimos conciertos de este año antes de su parón en 2027 y acometió su emblemático Contra todo pronóstico. A estas alturas el concierto ya estaba lanzado con el acompañamiento del público no solo en los estribillos sino en toda la letra de las canciones.
En la cuerda floja, Te conocí bailando, Falso –con una espectacular coda final a cargo de las baterías–, Brindo por los míos, Heavyheavyheavy, Dame tiempo, Rosas y pistolas, y Un cachito de luz, con su delicioso ritmo reggae, ofrecieron una muestra de los diferentes registros e intensidades que caracterizan el repertorio de Lia Kali. Mientras tanto, la cantante recorría el escenario y hacía que su voz se impusiera por encima de la solvente banda.
Volvernos a amar, 24/7 (el tema lanzado en julio), La cruz, Me muero–interpretada desde el trono mientras se encendía un cigarrillo– y Chulx fueron las canciones con las que Lia Kali afrontó el tramo final del concierto. Tras la presentación de la banda, sonó Cantaré, coreada por el público desde el primer instante.
El concierto se cerró con Renacer. El álbum Kaelis fue el eje central de la actuación, y este tema –el primer lanzamiento del disco– ejemplifica el discurso de la barcelonesa: la música como herramienta para superar el dolor, sobreponerse a las dificultades y resurgir.
Muchas de sus canciones tienen su origen en el dolor y en situaciones dramáticas. Sin embargo, en ellas también hay espacio para el optimismo, sustentado en la confianza en la música como fuerza transformadora. De este modo, sus canciones acaban construyendo un discurso sanador que cobra vida y se transmite al público cuando toman forma sobre el escenario.
Junto al dominio escénico, en el que se empodera como artista, y su capacidad para introducir matices e intensidad en cada una de las canciones, sorprende la voz de Lía Kali en directo; una voz capaz de llegar a todos los rincones de la sala y que arropaba a cada una de las personas. No es un detalle baladí porque, por encima del juego de estilos y el flow que va más allá de la etiqueta de música urbana, con Lia Kali es importante que se escuchen sus letras. Hay canciones para el baile, pero sobre todo hay canciones que traducen sentimientos, que trasmiten mensajes. En definitiva hay un relato que recorre e hilvana todo el concierto. Y en el fondo, ese es el valor de su trabajo y lo que el público corea, aprecia y canta junto a ella.
Texto y fotos Luis Tormo





