«Las historias son siempre las mismas, lo que cambia es cómo se cuentan las cosas»
La maleta es la nueva comedia dirigida por Carlos Therón (Es por tu bien, Lo dejo cuando quiera, Operación Camarón). La película está protagonizada por Lucía Caraballo y Alejandro Speitzer junto a Leonor Watling, David Lorente y Víctor Clavijo.
La película es una comedia de acción con el detonante de una insignificante maleta equivocada. Laura y Nacho se han conocido en un vuelo, pero una vez que recojan sus maletas, su breve encuentro habrá terminado. Laura no quiere eso, así que propone un juego: si la primera maleta que sale es la de ella, esa misma noche tendrán una cita. Nacho acepta y, para salirse con la suya, ella coge la primera maleta que ve… sin saber que pertenece a unos terroristas.
La Maleta, que se estrena el 16 de octubre de 2026, es una producción de Telecinco Cinema y Zeta Cinema, con la participación de Mediaset España, Netflix y Mediterráneo Mediaset España Group. La distribución en cines corre a cargo de Universal Pictures International Spain.
Dentro de las actividades del Festival Antonio Ferrandis, Kinepolis y el Ayuntamiento de Paterna se ha realizado el preestreno de La Maleta con la presencia del director Carlos Therón y la actriz Lucía Caraballo. Con ellos hablamos de cómo ha sido la experiencia de rodar esta comedia.
¿Cuándo llegas a la película y qué es lo que te pareció más interesante del proyecto?
Carlos Therón: La primera vez que oí hablar de este proyecto todavía era una serie. Era una idea de Diego San José que en principio se escribió pensando en una serie. En ese momento yo estaba terminando Operación Camarón. La agenda no me cuadraba y desapareció del horizonte. Tras esto, volvió pero convertido en película, sin fechas previstas. Luego entró Zeta Estudios y con ellos Carlos de Pando y Sara Antuña, dos guionistas con mucho músculo en esta mezcla de acción y comedia. Venían de hacer la serie García y la serie Sin Huellas.
Me llamó la atención la idea inicial de si sale tu maleta cada uno por su lado y si sale la mía, nos tomamos algo, a ver qué pasa. Es un gran comienzo. Pero además, en todas las comedias que he hecho intento variar un poco, no hacer exactamente lo mismo, sino transitar por terrenos por lo que no he ido antes. Y nunca había hecho una screwball comedy. Para mí, lo verdadero interesante era tener un personaje como el que interpreta Lucía que es como la Katharine Hepburn de La Fiera de mi niña o Barbra Streisand en ¿Qué me pasa doctor?. Mujeres terremotos que vuelven loco al protagonista y, todo esto, mezclarlo con una cosa más que es la acción y el suspense, la parte de un thriller un poco más oscura. La idea era coger dos personajes de comedia española metidos en una especie de Jungla de cristal y ver cómo evolucionaba.
¿Cómo ha sido manejar ese equilibrio entre comedia y acción o aventura?
Carlos: Yo me he pasado toda la vida tratando de hibridar cosas y probar. Hice una película para Netflix que era comedia y terror que se llamaba Fenómenas, con tres protagonistas con una parte de comedia y otra de terror, pero terror del bueno, terror para asustar. para mí eso convive bien. Si lo manejas con lógica zarandea al espectador y eso creo que es interesante y juega a favor de la película. Luego nos podemos equivocar en alguna cosa pero al menos no es igual que la película que tienes al lado, esto la hace diferente.
Y a ti, Lucía. ¿Qué te atrajo del personaje de Laura?
Lucía Caraballo: Cuando lo leí se me hizo la boca agua. No es el personaje habitual. Siempre se me ha visto en personajes más introvertidos, más tímidos, con una energía más baja. Y de repente el personaje de Laura es un protagonista verborreico, con una energía altísima. Habitualmente a las personas jóvenes no se nos permite hablar tanto, no tenemos tanto texto. Es una mujer joven que no pide permiso ni perdón, que coge lo que quiere porque se cree con ese derecho. Estos son rasgos insoportables pero que en los hombres se les denomina carisma, es un galán torpe mientras a las mujeres se les denomina histriónicas.
Y de repente llega Laura y yo la quise nada más leer el guion. Es una anti heroína de manual y hay que quererla y acompañarla durante toda la película. Entonces, espero haberlo hecho con el encanto que necesitaba este personaje y esta historia.
Quiero destacar que he estado muy bien rodeada y muy bien capitaneada por Carlos Therón y Alejandro Speitzer, que es un compañero maravilloso. Pero el guion ya era muy tentador. Carlos de Pando y Sara Antuña dejaron un muy buen punto de partida.
¿Y cómo has trabajado ese personaje que puede ser encantador o repelente?
Lucía: Pues fíjate, yo me he dado cuenta de todos estos adjetivos después de hacerla. Cuando a mí me llega el guion y me pongo a trabajar el personaje me quito de cualquier prejuicio. Siempre pienso en cómo encarnar ese personaje y ahí no puede haber juicio. No me planteo hacer malabares entre el encanto y lo antipático. Simplemente construí en mi cabeza el personaje de una chica con muchas ganas de conseguirlo todo, de ser muy apasionada, con mucha energía.
De esa forma ella establece una relación con los demás como si los conociera. Desde el monólogo de presentación que tienen en el aeropuerto hasta el final de la peli, ella se toma la licencia, o sea, el permiso de ser cercana con quien tiene enfrente, y desde ahí puede pedir favores. No es manipuladora sino que la persona que esté enfrente piensa: ¡Qué chica más maja!
Y a mí me cayó bien desde el principio. Igual que hay otro tipo de personajes que me cuesta más liberarme de los prejuicios, con Laura no. Desde el minuto uno me apeteció muchísimo hacer una mujer con unos ovarios tan grandes y que ocupa tanto espacio. Entonces fueron más las ganas que cualquier otra cosa.
En cine te has especializado en la comedia. ¿Qué supone trabajar con este género que, al final, es uno de los más difíciles porque tiene tonos y ritmos muy diferentes?
Carlos: La comedia en ese sentido es una pesadilla porque es un animal muy escurridizo, que a veces se te escapa. Tú lees algo que puede ser gracioso, luego lo pones en pie, lo ensayas y es gracioso, lo ruedas y te ríes, y cuando llega al montaje deja de ser gracioso. Y no sabes en qué momento se ha perdido esa magia. Y también al revés, hay veces que en montaje puedes recuperar cosas o construir otras.
La comedia es complicada porque no tiene unas normas. Es lo único que, de momento, la inteligencia artificial no está haciendo bien.
Tienes que construir lo que hablabas tú del ritmo. Intento todo el rato que la secuencia esté siempre viva. Y ruedo con los actores con los que generamos un ritmo para contar lo que está escrito. Tenemos la partitura de lo que es divertido, lo armamos, lo organizamos, y luego siempre me permito una o dos tomas de improvisación y ellos aportan lo que sea o lo que a mí se me ha ocurrido, o hacemos algo para darle esa cosa de frescura. A veces funciona, a veces no, pero yo necesito tener siempre ese espíritu creativo.
Incluso puede pasar que algo que pienses que va a funcionar, al final, no responde a esa sensación inicial.
Carlos: Sí, pasa muy a menudo. Gran parte de lo que hacemos es eso, intentar ponerlo en pie y conseguir que funcione. En la comedia estás narrando una historia que a su vez tiene que ser divertida. Tienes que estar operando en esos dos niveles. Y puede pasar dos cosas: ensayamos, empezamos a levantar la secuencia y vemos que le falta algo o el chiste no está funcionando, no acaba de divertido; o al revés, puede ser que nos haga mucha gracia pero que no estemos contando nada. Y si no estamos contando nada y no aporta nada a la película no sobrevivirá en el montaje.
Esto es lo verdaderamente complicado. El equilibrio entre saber alentar la creatividad para provocar sorpresas y, por otro lado, cortar las cosas que sabes que no van a funcionar para gestionar el tiempo de rodaje.
Por lo que comentas ahora entiendo que eres un director implicado en el montaje.
Carlos: Sí, yo no lo entiendo de otra manera. No entiendo a directores que no vayan a montaje. Entiendo a directores que no les dejen ir a montaje, que eso sucede más en Hollywood.
Yo trabajo con Carolina Martínez, que es una montadora extraordinaria que trabaja con Borja Cobeaga, con Amenábar… Estoy todos los días con ella y es un trabajo diario de ir seleccionando y ir testando todas estas cosas.
Vamos viendo si va a ser divertido o no, hasta qué punto, cuánto lo cortamos, cuánto lo estiramos, es lo que te digo, es muy complejo, una obra de ingeniería porque tú dices, si le quitas aquí una pieza, ya deja de ser gracioso, pero lo está contando mejor, o al revés. Ahora mismo a la película yo le cambiaría alguna cosa, le bajaría una música, pondría otra. Las películas nunca se terminan, se abandonan.
Tú también has hecho mucha comedia desde que empezaste siendo muy joven. ¿Tienes alguna clave para afrontar este género?
Lucía: Creo que he tenido mucha suerte al estar siempre rodeada de grandes maestros de la comedia. He aprendido de ellos durante todos estos años que es verdad que ya van muchos, desde 2021 que empecé con la comedia en papeles protagonistas. La primera fue La reina del pueblo con Raúl Navarro, y a partir de ahí he ido haciendo mucha comedia. Y siempre he pensado que el personaje no puede ser consciente de que está en una comedia. Como te decía antes tengo que trabajarlo libre de prejuicios.
Y he tenido también muy buenos guiones de comedia. Escribir comedia creo que lo más difícil que hay, más que dirigirla, interpretarla. Y de verdad que aquí teníamos un muy buen guion de base. Entonces, yo creo que también confiar en el texto. Con un mal guion de comedia no vas a hacer gracia, y con un buen guion ya tienes gran parte del terreno ganado,
A partir de ahí tienes que relajarte, que meterte a ver el mundo a través de los ojos del personaje, creo que ese es mi trabajo. Crear esa forma de enfocar el mundo aunque nunca me he considerado actriz de comedia específicamente o exclusivamente. Yo no era consciente de que hacía gracia y de hecho cuando veía a la gente reírse con mis partes pensaba: ¿por qué? O sea, no entendía dónde estaba la gracia.
Sí es verdad que he ido ganando conciencia de dónde está el chiste, de cuál es el tiempo que necesita un chiste. He ganado como una visión externa para esto. Pero creo que es muy importante que no la prioridad no sea eso. No vender la historia ni vender el personaje por hacer el chiste sino que hay confiar en la situación y la propuesta.
En este caso de La maleta está muy claro: los personajes son contrarios y viven una situación muy disparatada, dos personajes opuestos que se ven obligados a convivir. Ya con eso se van a dar situaciones graciosas.
Y confío mucho en una frase que me dice que me dice Luis Zahera que era: «Colega, haz lo que a ti te haga gracia y punto pelota.» Y es verdad, yo no creo que haya una clave o una única forma de hacer un chiste. Pero lo que sí está claro es que si lo vas a hacer, mejor que sea desde tu punto de vista. Si a mí algo me hace gracia, voy a confiar en que alguien en el mundo le haga gracia. Y eso es en lo único que puedo creer.
Llevas más de 25 años en el sector audiovisual. Ha pasado mucho tiempo desde tus primeros cortos en Salamanca y luego escribiendo y dirigiendo cine, dirigiendo series, videoclips musicales, etc. ¿Cómo ves la evolución del cine?
Carlos : Es una pregunta compleja. Tengo la sensación, que supongo también tiene que ver con que me hago mayor, que ha habido cierta involución en determinadas cosas y que la explosión digital ha afectado a todo de diferente manera.
Siempre pongo el ejemplo de la música. Cuando yo era chaval y quería comprarme un disco, ahorraba porque quería comprar la banda sonora de Indiana Jones y La última cruzada, que me gustaba mucho. Me compraba el vinilo y cuando llegaba, cuando lo tenía en casa, me encerraba y lo escuchaba seis veces: la cara A, la cara B, leía todo, estudiaba todo lo que había en ese disco. Ahora la música está en un botoncito en el móvil, entonces obviamente no tiene el mismo valor.
Pues ese proceso que ha pasado con la música, creo que en el cine pasa algo similar. Se ha convertido en un botoncito que hay en el móvil y entonces eso creo que en cierto sentido lo ha devaluado un poco. Por eso intento, y es lo que pretendo con esta película, es hacer un producto pensado para verlo en la sala de cine. Una propuesta que rescate cierto espíritu clásico y que, sin ser trasgresora, sea valiente en determinados aspectos.
Vivimos un momento ahora en el que hay cosas que se valoran mucho, a lo mejor por la intención de lo que se va a contar, pero la narrativa visual, el cine con el que yo aprendí de chaval, está en decadencia. Se valora mucho de qué va la película pero hay menos cine que antes. Menos cine en ese sentido narrativo.
Se valora la tesis pero no la forma.
Carlos: Exacto, yo creo que las historias son siempre las mismas, y lo que las hace diferentes, lo que cambia la mirada, es el cómo se cuentan las cosas. Ahora creo que hay un poco de homogeneidad en cómo se están contando las cosas. Sigue habiendo voces, y eso no me da miedo, no se van a perder, siempre saldrán esas voces distintas, pero tengo la impresión de que hay menos, hay menos voces singulares. Yo disfrutaba mucho de los grandes narradores. Y muchos de los que siguen fascinándome son aquellos que ya lo eran hace un montón de años como Scorsese o Spielberg. Y hay algunos nuevos, pero no tantos como creo que surgieron en ese momento.
Y todavía no sabemos exactamente qué va a pasar con la llegada de la inteligencia artificial. Cuando llegaron las redes sociales, pensábamos que era para hablar con un amigo que estaba en Australia, y fíjate en lo que ha derivado: polarización. El mundo ha cambiado, se ha revolucionado. ¿Qué pasará con la inteligencia artificial? Pues todo eso al cine, evidentemente, le ha afectado.
Llevas una carrera como actriz muy pausada. Empezaste de niña y poco a poco has trabajado rodar todo tipo de series y películas en papeles protagonistas. ¿En qué punto te encuentras ahora profesionalmente?
Lucía: Pues mira, llevo desde los 8 años, pero aún así todo está siendo muy nuevo porque como has dicho ha sido muy poco a poco. Es algo que agradezco muchísimo. Siento que las cosas me están llegando cuando estoy preparada, personalmente y profesionalmente. Como actriz cada vez noto que cuento con más herramientas para enfrentarme a trabajos más exigentes añadiendo en esos trabajos cosas que antes no hubiera sido capaz. Y luego personalmente también me noto como preparada para la cantidad de trabajo, para la falta de tiempo, para la exposición.
Al ir poco a poco he ido aprendiendo por el camino y he tenido tiempo para digerir ese aprendizaje. No ha habido ningún momento de empacho. Estoy en un momento muy nuevo porque siempre lo vivo todo así. Un momento en el que me suena el teléfono con muchas ofertas de trabajo, y eso es súper nuevo: es algo que veía, que sabía que existía, que deseaba con todo mi corazón, pero que curiosamente era como una creencia de que me iba a pasar. Y de repente, sí.
Un deseo que se va cumpliendo.
Lucía: Sí, es un deseo que se va cumpliendo, y siento que voy ganando una ambición sana, como que cada vez quiero seguir en esto de una manera más clara, asumir cada vez mayores retos. Pero no tengo ansia, gracias a que ha sido poco a poco y confío en que poco a poco, si soy honesta y me dejo de falsas humildades, confío en que va a ser así. No te digo mañana pero sé que será así. Estoy en un momento muy bonito y tengo proyectos a la vista muy bonitos. Es muy guay y es un sueño.
Escribe Luis Tormo




