«Soy consciente de lo difícil y milagroso que ha sido poder sacar adelante un proyecto así»
Lo carga el diablo es la opera prima de Guillermo Polo. El cineasta valenciano coescribe, produce y dirige esta tragicomedia en clave de road movie. El filme inauguró la edición del festival Cinemajove de Valencia de 2024 y la película ha llegado a las salas de cine el mes de abril de 2025. En Encadenados está disponible la crítica de la película desde su estreno en Cinemajove.
Recientemente he coincidido con Guillermo Polo en una Jornada de networking sobre rodajes en la Costa Blanca organizada en Petrer (Alicante) –en una de las localizaciones utilizadas en la película– donde ambos formábamos parte de la mesa redonda.
Durante el viaje en coche de Valencia a Petrer, mientras recorremos los paisajes de carretera, aprovechamos para hablar sobre Lo carga el diablo, del origen y las motivaciones de la historia, las dificultades de poner en pie un proyecto de estas características, las influencias visuales y el tono del filme.
Una road interview para una road movie.
¿Cuál es el origen de la película? Creo que se remonta a casi una década atrás.
El primer tratamiento lo escribí en 2012 cuando vivía en Madrid. Luego me fui a vivir a los Estados Unidos porque de alguna manera no acababa de encontrarme todavía artísticamente aquí y, aparte, me apetecía estar una temporada fuera. Hice un viaje por Estados Unidos en coche, de costa a costa, de Nueva York a Los Ángeles, por la Ruta 66 también. Cuando llegué a Los Ángeles, hubo algo que me atrajo mucho de la ciudad. Volví a Madrid, acabé en unos proyectos que tenía y me fui a Los Ángeles para hacer un curso de dirección, luego me dieron el visado por lo que estuve casi 5 años trabajando allí.
El proyecto nació pensando que podía rodarse en los Estados Unidos, así que durante el tiempo que estuve allí empecé a darle forma, planteándome rodar la película en inglés. Pasó el tiempo y el ciclo se fue cumpliendo pues tampoco pretendía ser americano ni mucho menos tenía tantas similitudes con ellos.
De esa forma, justo estando allí es cuanto más empecé a conectar nuevamente con mis raíces, con mi parte española. Decidí volverme y me di cuenta que no tenía sentido hacer la película allí. A partir de esa decisión, en 2015 entró un guionista, David Pascual, con el que empezamos a trabajar las primeras versiones del guion; posteriormente entró Guillermo Guerrero, y finalmente, Vicente Peña Rocha, el guionista que más experiencia tenía, y que nos ayudo con ciertos aspectos que tenían que ver un poco con la artesanía del guion.
Puedes imaginar que desde el origen del proyecto, con todo el tiempo trascurrido, yo era directamente otra persona desde que todo esto empezó. Sí que está la semilla del proyecto que viene de una anécdota personal, de un casero que tenía y que cuando falleció su madre, de pronto, él tuvo que hacerse cargo del gato de la madre. A raíz de la muerte de un ser querido, el hombre, al que no le gustaban los animales, tuvo que aprender a cuidar al gato porque era lo único que quedaba de su madre. Esa situación fue un poco el germen de todo. A partir de una muerte, que siempre es algo trágico, a veces se dan unas situaciones un poco tragicómicas, en este caso un animal con el que tienes que generar ese vínculo. Eso ha quedado en la película transformado en el perro del hermano y con el que el protagonista hace el viaje.
En esa primera parte de la película el protagonista tiene casi unos diálogos con el perro porque, de alguna manera,son como los diálogos que seguiría teniendo con su hermano. Y de todo eso, la película ha ido evolucionando, incluido el proceso del protagonista que está intentando publicar una novela, que se ha ido asemejando a mí, haciendo la película; a eso añade las relaciones familiares o las relaciones de hermanos.
¿La estructura de road movie estuvo desde el principio? ¿Parece más difícil de abordar para una ópera prima?
Sí, siempre fue una road movie, siempre me han atraído las road movies porque muchas de ellas proponen un viaje emocional de un personaje. Tiene el viaje dentro del viaje, o sea, hay un viaje físico real de desplazarse de un punto A a un punto B, y luego, a la vez,el viaje emocional. Y eso me interesaba.
Sí que es verdad que a lo mejor con el atrevimiento y fantaseando un poco con hacer esa primera película, no fui demasiado consciente de lo que iba a suponer en ese momento. Creo que parte de que haya costado tantos años levantar la película ha sido por eso mismo, por ser una ópera prima complicada, pero a la vez creo que ese empeño de haber estado tanto tiempo dándole forma es lo que ha hecho que lo hayamos podido hacer.
Sí que es verdad que hay muchos ejemplos de primeras pelis que son más sencillas, en cuanto a localizaciones, de personajes, y aquí nos liamos.
A esa dificultad que antes has comentado de estructurar el guion, de esas diferentes fases, primero en Estados Unidos y luego en España, entiendo que también estaría la dificultad de conseguir la financiación para llevar adelante el proyecto.
Claro, porque yo cuando estaba en Estados Unidos no tenía demasiada idea de cómo iba a levantar esa película, de hecho yo ahora lo pienso con perspectiva y digo: “¡Cómo iba a lograr yo armar esa película!”. Si que es verdad que empecé a tener unas primeras reuniones con productores, a ver si se interesaban, pero allí todo funciona por financiación privada y tienes que conseguir un agente también, o sea es como más complejo; es verdad que yo en esa época empezaba a darle forma al proyecto pero todavía no estábamos en una fase de financiación, era como que íbamos escribiendo el guión, avanzando.
Fue ya en 2018, cuando vuelvo, el momento en que empecé a reunirme con productoras en Valencia, y de pronto veo que lo que más sentido tiene es que hagamos nuestra propia productora. Se lo propuse a mi hermano, y cuando montamos la productora, el primer proyecto que había armado era éste, lo que pasa es que El misterio del Pink Flamingo, al ser documental, se financió antes y lo rodamos en primer lugar, pero el largo ya estaba en marcha desde bastante tiempo antes.
La película de tu hermano Javier en la que tú eras director fotografía.
Eso es, y ahí yo, de alguna manera,voy creando un poco el estilo visual, no tanto en los elementos que tiene El misterio del Pink Flamingo, que es un universo kitsch y colorido,sino más en los encuadres, en el lenguaje, porque también era una road movie de alguna manera. Tampoco fue una película fácil para tratar. Pero éramos siete personas en una furgoneta para arriba y para abajo y ya estábamos un poco acostumbrados a la guerrilla.
Pero en el caso de Lo carga diablo, la dificultad era esa. Primero, ver cómo se le daba forma a una película tan ambiciosa. Descartado el proyecto en Estados Unidos, me planteo armarlo en España, buscando las ayudas públicas y acudiendo a los diferentes pitchings y mercados. Al final la fueron seleccionando en bastantes mercados nacionales, sumando hasta tres productoras más al proyecto.
¿Y cómo fue encontrar el tono de la película? Ese juego de comedia negra, de thriller, de drama…
Pues eso sin duda ha sido una de las cosas que también han sido complejas porque en España habitualmente cuando dices comedia se entiende como esa comedia más generalista, incluso familiar, que suelen hacer muy buena taquilla.
En el momento en que dices que es una comedia negra, todo el mundo se queda un poco parado y te preguntan que cómo vas a desarrollar eso porque para cada persona puede significar cosas diferentes y tampoco es un tipo de humor fácil.
Y de hecho, en el propio camino que ha significado hacerla, nos hemos dado cuenta de ello, descubriendo que cosas que a lo mejor sobre el papel funcionan mejor luego no funcionaban en rodaje. Y, al contrario, cosas que a lo mejor pensabas que no iban a funcionar, después han generado más carcajada, aunque es verdad no es una película donde la intención fuera provocar carcajadas porque al final tiene sus momentos emocionales.

Sí, creo que al final intentas también aterrizarlo todo a cuestiones humanas y existenciales,como puede ser el sentirse alienado en el trabajo, haber entrado en una rutina de comodidad y de alguna manera la necesidad de que surja un chispazo, un empujón para ese personaje, para empezar otra vez a reconectar con ese Tristán que ya fue. Y del mismo modo con otros personajes, tenemos a Álex, que también está en una huida hacia adelante buscando estímulos o diversiones en las que entretenerse, tenemos al personaje de Antonia San Juan, etc.
Creo que una de las cosas más importantes y que está más homogénea en la película es que el casting se tomara en serio las circunstancias, con un punto de partida que ya era absurdo, teniendo que llevar a ese hermano congelado en el maletero, que se persona como un fantasma y todo lo que va sucediendo alrededor que es un poco loco. En este sentido quería que los personajes se lo tomaran en serio y que en esas circunstancias no buscaran el gag, que no buscaran remarcar cosas con el texto, les decía: “Lo que está sucediendo es real y os lo tomáis en serio”.
Y se ha conseguido que eso sea consistente en todo el reparto porque yo tenía miedo, al principio, de que todos esos actores y actrices no sintonizaran con ese tono, que no hubiera alguien leyendo una comedia alocada y otros, a lo mejor, un drama, sino que hubiera ahí una consistencia.
La película ser abre a multitud de temas. Junto a la historia de los dos hermanos, se habla de la infancia, hay una reflexión sobre la alineación del trabajo, el proceso de creación. ¿Querías aterrizar ese tono un poco especial a la realidad?
Todos, de alguna manera, tienen una doble cara donde hay una parte de luz y una de sombra; están en una pequeña lucha interna.
Por eso al final hay un punto en común entre todos los personajes y que va un poco con el espíritu de la película. Al final la vida es eso, un sinsentido con un punto de partida que no acabamos de comprender y por tanto te invita un poco a no tomarte demasiado en serio todas esas cosas.
Hay algo de cine clásico en esa cita de Mae West, pero también en la estructura o el personaje de Alex que hace de contrapunto al personaje que interpreta Pablo Molinero, eludiendo el romanticismo.
Una de las cosas que teníamos clara era eso, no queríamos que hubiese ese cliché de personaje mayor, masculino, con la chica joven. Buscábamos que se hicieran amigos en el camino y que se complementasen el uno al otro, y de alguna manera, lo que carece cada personaje desde su generación o desde su manera de serlo complementa el otro.
Y en cuanto a lo clásico, sí, creo que la road movie también tiene un poco esa estructura más clásica. La película tiene bastante definidos los tres actos y luego la cita de Mae West que es un poco un guiño a ese cine clásico,y además, es una cita que me parece muy oportuna porque tiene mucho del espíritu de la película, pero a la vez, podría encajar en un sobrecillo de azúcar.
Y tenemos el aspecto visual que está muy cuidado y que bebe de influencias reconocibles como el universo de los Cohen, Tarantino… ¿Buscabas ese aire local, pero a la vez universal?
Forma parte de ese ejercicio de haber vivido fuera y volver, yo quería meter todo eso en una batidora y ver un poco a España con otros ojos, pero que a la vez lo que estuviéramos viendo fuera algo de aquí, fuera local, o sea que no pusiéramos localizaciones o personajes que dijeses: “Esto no es de aquí, no me lo creo.”
Al final las localizaciones son todas de verdad. Eso implicó tener que hacer una búsqueda muy extensa de lugares porque también muchos de esos lugares han ido desapareciendo y quería homenajear precisamente a toda esa cultura reciente de bares, hostales, carreteras y gasolineras de la época de nuestros abuelos, con esas tipografías hechas a mano y que cada vez queda menos de todo eso.
Del mismo modo que Wim Wenders, siendo alemán, hizo Paris, Texas donde observó los Estados Unidos con esa mirada europea. Yo quería de alguna manera observar España como si acabase de llegar aquí, como si fuera extraterrestre casi, y darle un poco ese valor a los personajes y a los paisajes, estilizarlos fotográficamente.
¿Cómo fue la elección del casting? Cada actor y actriz se acopla perfectamente a su rol.
No tuvimos director o directora de casting. Fui haciendo una preproducción como bastante elaborada y en la parte del reparto me hice una especie de mapa de caras y fuimos tocando puerta a puerta a los agentes. La verdad es que la gran mayoría han sido primeras opciones y los que no estuvieron no fue por falta de interés sino por agenda porque cuando tienes tanto personaje secundario muchos actores o actrices están súper ocupados en series o teatro. Cuando tienes un protagonista sí que te bloquea las cinco semanas o lo que sea pero cuando tienes secundarios tienes que hacer encaje de bolillos y más siendo una road movie que complicaba la logística.
La película fue un salto al vacío con actitud bastante punk porque por ejemplo no teníamos margen para un día de cover, era todo un tetris de localizaciones y de recursos limitados por lo que hubo bastantes cosas que nos las jugamos a una carta, porque no nos llovió ningún día por suerte, pero muchos días salieron nublados. Isak Férriz, estaba rodando El cuerpo en llamas de Netflix y literalmente rodaba con nosotros, se lo llevaban en coche a Barcelona, rodaba allí y al día siguiente lo volvían a traer; así cuatro días yendo y viniendo porque le gustaba el proyecto.
El propio Isak Férriz es un ejemplo. Sale poco tiempo pero es fundamental la presencia física que tiene.
Necesitas una presencia física, es decir, necesitas a alguien que lo tenga muy claro y que destaque en ese espacio corto, un poco como Orson Welles en El Tercer Hombre, que sale muy poquito pero está presente toda la peli. Aquí Isak Férriz era la energía del hermano, de hecho cuando se complicaba por agenda estábamos dándole vueltas si había que buscar a otra persona porque estaba todo muy complicado y no nos venía nadie la cabeza, o sea, él era perfecto para el personaje y nos la jugamos.
Con todas las dificultades planteadas. ¿Has podido hacer la película que querías?
Creo que sí, que es la película que hemos podido hacer. Yo creo que es una película que requeriría tres veces más de presupuesto para ser la película que debería ser. Era una road movie muy ambiciosa y para rodar cierto tipo de cosas no puedes hacerlas tan rápido como las hemos hecho.
Pero por otro lado, como he estado involucrado en la producción de la película, soy tan consciente de lo difícil y milagroso que ha sido poder sacar adelante un proyecto así, siendo una primera película, que no tengo en ese sentido peros. En realidad los peros son más míos, creativos, de qué cosas hubiera hecho de otra manera, cómo mejoraría, pero yo creo que eso es parte de hacer películas.
Como director estoy agradecido del proceso, de haber hecho un filme así porque, aunque no podría recomendar a nadie que empezara por ahí, pero gracias a eso me siento ahora con capacidad, con fuerza y con visión para embarcarme en cualquier proyecto
Tienes un corto que va a estrenarse en la próxima edición de Cinemajove.
Sí, es un corto que estrenamos ahora en junio en Cinemajove y que irá también a diferentes festivales calificadores, y es la semilla de mi siguiente largo, se titula Videoclub 2001, está ambientado en 2004 justo cuando empieza el ocaso de los videoclubes. Es un homenaje al cine, a la comunidad de los barrios, a esa relación con las películas; el personaje protagonista es una chica que acaba de perder a su padre, que era el dueño original del videoclub, y ha de empezar a tomar decisiones frente a todos los obstáculos de la digitalización que está llegando, de las descargas ilegales, internet, el top manta, toda esa época…
Escribe Luis Tormo
Artículo publicado originalmente en Encadenados


