La administración, con toda su capilaridad de organismos, entes y organizaciones satélites conforma una entidad que termina adquiriendo una forma propia bajo un sistema establecido que oscila entre la realidad y la entelequia. En Oposición, Sara es una joven interina que acaba de acceder a un puesto como interina, prácticamente sin trabajo –hasta que se integra en un nuevo proyecto de gestión de quejas– el tiempo pasa entre el aburrimiento y el intento de comprensión de un engranaje burocrático que se basa en la tradición, las normas y el rango.
En un primer estadio Oposición describe de forma minuciosa todo el ecosistema que genera la pertenencia a la función pública y que Sara va descubriendo entre el asombro, la extrañeza y la resignación. La emoción de los primeros días, la ubicación física, las funciones del puesto de trabajo, la pertenencia a un grupo, el ritual de los almuerzos, el conocimiento de la tradición y las costumbres asentadas a lo largo del tiempo así como la relación entre el funcionariado y los cargos políticos son elementos que se vertebran en la parte inicial de la novela.
Pero conforme transcurren los días, la falta de trabajo, la monotonía, y finalmente, el trabajo inútil (y sin sentido) se adueñan de la vida laboral de Sara. Si en su anterior novela, Un amor, la protagonista luchaba para adaptarse a la vida de la España vaciada –con todos los condicionantes y limitaciones de un entorno alejado de la ciudad– en Oposición el edificio en el que trabaja Sara funciona como contenedor de la materia con la que está conformado el universo administrativo: la burocracia.
Ese microcosmos regido por la burocracia, con sus reglas buenas, malas o regulares, es la barrera que debe superar la protagonista. La incomprensión del sistema burocrático se traduce en una ruptura de la comunicación. Sara se relaciona con sus compañeros y compañeras inmediatos, con su jefa, con el cargo político, con los servicios horizontales (ordenanza, los informáticos) pero no hay comunicación real porque la recién llegada, más allá de emisor y receptor, desconoce el código y el mensaje.
Los dibujos que Sara realiza –y que se reproducen en el libro–,el juego con la descomposición estructural de las palabras o la poesía experimental son diferentes formas de establecer un diálogo que supere la incomprensión con todos los que la rodean. El tono utilizado por Sara Mesa discurre entre el humor y el cinismo porque este formato es la única posibilidad de acercarse a unos personajes fagocitados por el sistema, unos personajes con síndrome de Estocolmo que conviven, aceptan, entienden y justifican todo lo que gira alrededor de los procedimientos administrativos. Cada uno de estos personajes representa un arquetipo con el que se abarca el amplio espectro de la fauna que puebla la administración y que resume, también, muchas de las características que conforman la sociedad actual.
Como ocurría en Un amor, una decisión alejada dela racionalidad, pero absolutamente motivada por las circunstancias, tendrá repercusiones futuras en el estatus vital de Sara. El aburrimiento, la certeza de que el trabajo realizado es un sinsentido o la justificación de una serie de datos sobre el rendimiento de la nueva aplicación, unido al estrés del estudio de la oposición para consolidar el empleo, hacen que Sara comience a perder el sentido de la realidad. La resolución de la falta cometida por Sara, a través del procedimiento administrativo correspondiente, es un ejemplo más del funcionamiento de un ente que tiene sus reglas, su vida propia y que gestiona las crisis reafirmando su idiosincrasia.
Pero más allá de esta primera aproximación al envoltorio externo de la administración, Sara Mesa despliega un discurso sobre esa etapa crucial de la vida en la que se decide el futuro de una persona. La protagonista busca su identidad –ni siquiera pronuncia bien su nombre debido a un problema de frenillo– tentada por la seguridad laboral que provoca la pertenencia a la administración. Sara –Sada– se mueve entre personajes anodinos, destellos de personas de carne y hueso convertidas en paradigmas de un sistema que asumen y retroalimentan. La aparición de Sabina, una informática con su plaza consolidada, parece aportar algo de luz de luz simbolizado por el conocimiento que Sabina tiene de la administración y del propio edificio –Sabina le descubre pasillos, recorridos y una terraza que Sara desconocía– estableciendo una complicidad que le aporta un bienestar emocional.
Oposición nos remite a la sociedad en la que vivimos, un mundo donde terminamos aceptando un camino en la mayoría de las veces desilusionante pero que recorremos en aras a una estabilidad laboral que sacie las necesidades económicas o emocionales. Pero nada es blanco o negro. Por ello la novela de Sara Mesa se mueve entre la atracción y el rechazo a ese estatus. Esa es la lucha y la oposición que debe ejercer la protagonista. Frente a la aceptación solo queda el camino de la rebeldía.
El juego con el lenguaje, con las palabras –un elemento común en sus obras– consigue describir el aburrimiento desde el divertimiento a través de una prosa ágil que, al eliminar la oscuridad de otras novelas de su autora, hace de Oposición un ejercicio satírico. Pero ese recubrimiento no significa que el resultado final termine siendo igual de contundente y asfixiante.
Escribe Luis Tormo
Oposición
Sara Mesa
Editorial Anagrama
Colección Narrativas Hispánicas
Número de páginas: 232
ISBN 978-84-339-2968-6
Fecha de publicación: 5 de marzo de 2025