La complejidad del proceso creativo
La primera década de los años 70 fueron años convulsos en la música. El mundo ya había despertado de la ensoñación que supuso la contracultura (el verano del amor, los hippies, la revolución, la oposición a la guerra de Vietnam, las drogas, la ecología, mayo del 68) al comprobar que los cambios eran difíciles de llevar adelante. En el terreno musical convivían diferentes estilos, la evolución del folk, la música psicodélica, el rock sinfónico o progresivo, el glam, etc. Eran tiempos de cambio, donde los grupos apenas duraban más allá de un disco o dos, los músicos saltaban de una formación a otra, etc.
Con este ambiente como telón de fondo, el músico británico Robert Wyatt publicó en 1974 el álbum Rock Bottom. Wyatt había formado parte del reconocido grupo Soft Machine, después formó Matching Mole, a la vez que iba construyendo una carrera en solitario. Rock Bottom fue su segundo disco, compuesto en su mayoría el año anterior, aunque fue completado tras sufrir un accidente -cayó en una fiesta desde un cuarto piso- que lo dejó paralítico. Este hecho dramático sirvió para impulsar su música. Siendo consciente de su impedimento para realizar giras, se concentró en la grabación, cambiando su instrumento original, la batería, por el piano e incluyendo un mayor protagonismo de su voz. El resultado fue Rock Bottom, un disco que combinaba diferentes estilos (psicodelia, rock, música sinfónica) y que termino siendo una obra de culto.
Asentado en este contexto sociocultural y con el foco puesto en la génesis de la creación artística, llega Rock Bottom, el primer largometraje de María Trénor que recoge el momento vital en el que se encontraba Robert Wyatt durante la época en que las canciones del disco iban tomando forma, a la vez que asistimos al proceso de autodestrucción de una pareja.
La película no es un biopic al uso. El relato se organiza en torno al accidente que provocó su parálisis, pero la mayor parte de la película está formada por una serie de flashbacks y una elipsis final que resume el paso de tiempo de la pareja protagonista. La película comienza con la escena de la fiesta que terminará provocando la caída de Wyatt desde el cuarto piso; una escena localizada en Nueva York, un cambio que certifica que no estamos ante un relato fidedigno a la realidad pues el accidente de Wyatt se produjo en Londres, no en Nueva York.
Estas primeras imágenes nos dan ya una visión del camino que va a seguir Rock Bottom, un viaje por la psicodelia y la recreación del proceso de creación asociado a un modo de vida en el tránsito entre la felicidad hippie de finales de los 60 (cuando la juventud pensaba que el cambio de la sociedad podía ser una realidad) y la constatación, en los primeros años de la década de los 70, que todo seguía igual (las guerras, la crisis económica o el efecto destructivo de las drogas que acabó con la vida de varias estrellas del rock).
El bloque mayoritario de la película se desarrolla en Deià, Mallorca, a principios de los años 70. Robert Wyatt convive en la isla con su gran amor, Alfreda Benge -Alif-, una directora de cine experimental, autora de las portadas de los discos de Wyatt. La relación de la pareja atraviesa por diferentes fases que van desde el enamoramiento hasta el distanciamiento, aunque Robert y Alfie se casaron cuando se editó el disco en 1974, un tiempo después del accidente de Wyatt, y todavía permanecen juntos en la actualidad.
La destrucción del mito del verano de amor –la bondad hippie– se materializa debido a la situación provocada por la tensión del proceso de creación de la obra artística y el consumo de las drogas de Alif. Precisamente la película reivindica la figura de Alfreda Benge, más allá de su papel como compañera de Wyatt, poniendo de relieve su trabajo como autora de un cine experimental cuya muestra va apareciendo a lo largo de la película en pequeñas proyecciones que Alfie le muestra a Robert en una reflexión de cine sobre cine; a la vez que denuncia la situación de las mujeres creadores, siempre a la sombra de la figura masculina incluso en una época y un movimiento que hablaba de la liberación de la mujer.
El uso de las drogas como experimentación creativa, una reivindicación de los años 60, se asocia aquí con el riesgo a la adicción que termina provocando la autodestrucción de la persona (las escenas de Alif dependiente de la droga). La droga como puerta de acceso a un universo imaginativo -y que permite desarrollar una serie de escenas muy imaginativas asociadas al paisaje y la desnudez- incluye también una visión de su lado más alienante al perder el control de la propia vida. De esta forma, de forma paralela, se muestra el proceso de autodestrucción de una pareja pero también la pervivencia de un amor a lo largo de los años.
El guion del filme dedica un espacio a denunciar la contradicción que supone el espacio de libertad para los residentes extranjeros que existía en plena dictadura franquista. Así se muestra la vida de un pequeño pueblo (las personas mayores, las tiendas pequeñas) de esa España atrasada, alejada de Europa, en la que convivían artistas anglosajones que buscaban un paraíso de libertad que el régimen de Franco consentía para dar una mejor imagen internacional (la Guardia Civil hace caso omiso de la venta de drogas en el bar o del alboroto provocado por la borrachera de los amigos de Wyatt).
Con una técnica basada en la rotoscopia para desarrollar el movimiento de los personajes (se filmaron escenas con los actores Fermí Herrero y Laura Casaña y las voces de Oriol Pla y Miranda Gas) y el 2D, con el uso de claroscuros para dar volumen a las formas, lo mejor de la película es la descripción de mundo psicodélico del universo hippie que se contrapone, a través del montaje alterno, con la frialdad de las escenas del hospital en que se encuentra ingresado Wyatt tras el accidente.
Una animación que apela a un universo onírico de sensaciones con escenas que combinan la dureza de la ciudad de Nueva York (el mundo underground), el naturalismo (la presencia de paisajes idílicos, los pueblos antiguos, la vida diaria, los baños en la playa) con la pura experimentación (el simbolismo de las escenas acuáticas, las películas de Alif, la ambientación de las canciones) sin olvidar que el hilo conductor está marcado por los temas musicales que conforman el álbum, siendo las canciones (y sus letras) reproducidas en el orden del disco, las que articulan el grueso del discurso de la película.
Rock Bottom, sin atarse a una descripción fidedigna de los hechos sucedidos, y siendo comprensible tanto para las personas iniciadas en el mundo de la música y la cultura –que pueden reconocer a nombres y figuras reales– como aquellos que simplemente se dejen llevar por la descripción de una época y unos lugares, es un ejercicio de animación adulta que entremezcla el homenaje a uno de los discos de culto, con la descripción de un amor al límite asociado al ambiente musical y cultural de mediados de los 70.
Escribe Luis Tormo
Artículo publicado originalmente en Encadenados

