En el debut novelístico de Sara Torres, Lo que hay (2022, Reservoir Books), una obra donde se mezclaba el dolor asociado a la muerte con el poliamor y el deseo amoroso, podíamos leer: “La seducción es un arte que se ensaya, pero que también se beneficia de la experiencia del límite y del fetiche de la fatalidad”.
Ahora la escritora nacida en Gijón regresa con La seducción (2024, Reservoir Books), su segunda novela, para profundizar en el concepto de la seducción y el deseo femenino a través de la historia de una fotógrafa treintañera y una escritora de 50 años. Con la excusa de realizar unas fotos para un libro de varios autores, y tras un intercambio de correos electrónicos y comunicaciones por redes, la fotógrafa acude a la casa de la escritora en la playa con la intención de seducirla desde el primer instante.
La primera frase de la novela ya nos indica el territorio que vamos a recorrer: “Para mí, la historia del deseo es fundamentalmente la historia del fracaso, todo lo que quise y no pudo ser, todas las veces que temblé en la distancia entre yo misma y aquello que amo”. Lo que se inquiere de esta afirmación que efectúa el personaje de la fotógrafa es que el deseo –y su consecución a través de la seducción– es un espacio donde las posibilidades de fracaso incitan a la duda y abonan el terreno de la fantasía.
En La seducción, de hecho, no hay conquista, no hay imposición, no hay dominio de una sobre la otra, lo que tenemos es el pantanoso terreno del titubeo, de la vacilación ante la posibilidad del rechazo o de equivocar las intenciones, lo que conlleva un choque igualado donde ambas partes –el punto de vista recae en gran parte en la fotógrafa– se encuentran casi en igualdad de condiciones.
Al igual que ocurría en Lo que hay, la diferencia de edad, más allá de contextualizar a los personajes, no implica una ventaja de una parte sobre otra. Lejos del discurso heterosexual clásico donde la edad implica un dominio ejercido por el personaje mayor que impone su experiencia en un ejercicio similar al ejercido por la figura de Don Juan; en La seducción, la edad no exime de la incerteza que deja en el mismo plano a ambas protagonistas. Lógicamente, la diferencia generacional establece pautas diferentes en la forma de abordar el deseo, de interpretar el deseo, pero no establece un dominio piramidal.
La novela discurre precisamente en el terreno de la espera, su ritmo pausado –que no lento– dilata ese periodo de acercamiento, de ronroneo, hacia la otra persona. La urgencia de la fotógrafa, ansiosa de poseer aquello que desea, choca con el tempo que marca la escritora, caracterizado por una dilatación que parece atemperar el deseo inicial expresado a través de las comunicaciones a través de correos electrónicos e Instagram que llevaron a la invitación a la fotógrafa a pasar unos días en la casa de la escritora.
De esta forma se establece un juego entre las dos mujeres –y el algún momento otra persona que termina conformando un triángulo– que se convierte en una combinación de dolor y placer, emoción y desilusión, optimismo y pesimismo. Para la fotógrafa, una frase –o una palabra, una invitación– genera una reflexión sobre el significado, sobre la intención que supone; es la inseguridad para interpretar un gesto, para valorar una aproximación o entender un alejamiento.
Frente a la descripción minuciosa, detallada y real de todo el entorno y todas las situaciones (Altafulla, sus establecimientos, el camino a la playa, personajes reales, citas de autores, canciones o alguna película) en la que se mueven los personajes, Sara Torres introduce un universo imaginario para recrear las fantasías sexuales que la fotógrafa construye proyectando su deseo sobre la escritora.
Una materialización imaginada que constituye un espacio independiente, un lugar de fantasía capaz de superar los miedos y las indecisiones y que permite que, aunque el sexo físico se postergue, las imágenes recreadas nos muestren el sexo explícito deseado. Textos explícitos que trascienden a través de un lenguaje poético, cargado de imágenes sugerentes, que permiten superar los códigos habituales de la novela erótica sin perder un ápice la mostración del deseo febril de la fotógrafa.
En este especie de How to do it, un remedo de manual de seducción, ninguna persona resulta herida mortalmente. Sara Torres deja ver los pensamientos de la escritora en los capítulos titulados ‘Cuadernos de notas’ en donde esta mujer madura, más experimentada, se iguala a la fotógrafa al mostrar los mismos titubeos. La escritora coge las manos de la fotógrafa en el coche, esperando que ese gesto sirva como señal para que la fotógrafa actúe, que se mueva; sin embargo, la fotógrafa no sabe cómo interpretar esta aproximación de la escritora. Ambas se igualan en ese camino de intento de seducción.
La novela presenta múltiples capas de tal forma que todas las personas pueden encontrar su espacio, o bien dejándose llevar por la parte ficcional o bien descubriendo la parte ensayística, de conductismo científico respecto al relato del deseo femenino que contiene La seducción. De ahí que, si dejamos de un lado las consideraciones respecto a lo que está suponiendo el fenómeno Sara Torres e incluso su capacidad de seducción ´–solo basta escucharla en las múltiples entrevistas en la que habla de su obra–, queda una novela inteligente donde todas las personas pueden –podemos– verse representadas en las emociones, las dudas, las ansiedades que provoca el deseo, un deseo que recorre –con sus variados recovecos– el amplio territorio que transita por la dulzura, pasando por la ternura y el goce placentero.
Escribe Luis Tormo
La seducción
Sara Torres
Sello: RESERVOIR BOOKS
Colección: Reservoir Narrativa
Fecha de publicación: 04/04/2024
Núm. de páginas: 168
Precio: 18,90 €
