Pobres criaturas (Poor things) de Yorgos Lanthimos

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Exuberante provocación

Desde que en 2009 Yorgos Lanthimos adquiriera notoriedad internacional con Canino (Kynodontas), el cineasta griego no ha perdido la oportunidad, película tras película, de afianzarse como un autor cinematográfico con un universo propio e intransferible. Una forma de hacer cine comprometida y controvertida, no exacta de polémica, y donde el espectador difícilmente permanece impasible. A Lanthimos se le ama o se le odia debido al planteamiento radical, en fondo y forma, con la que concibe el arte cinematográfico.

Tras su primer filme en inglés, Langosta (The Lobster, 2015), su rebeldía inicial encontró acomodo en un cine de mayor difusión en el que sin renunciar a su carácter autoral, avalado por premios y presencias en los festivales más importantes del mundo, fue ampliando su público; por ejemplo, La favorita (The Favourite, 2018) optó a una decena de nominaciones, ganando Olivia Colman el Oscar a mejor actriz. Ahora llega con Pobres criaturas (Poor Things, 2023), León de Oro en el Festival de Venecia, 11 nominaciones a la inminente edición de los Oscars y situándose en los primeros lugares del ranking de taquilla.

Para encontrar el origen de Pobres criaturas hay que remontarse más de una década atrás cuando sobre 2010 Lanthimos leyó Poor things, la novela del escritor escocés Alasdair Gray. Inmediatamente vio las posibilidades de llevarla al cine obteniendo la aprobación de Gray para llevar adelante la adaptación. Finalmente Gray murió en 2019. Pero en ese momento, sin haber rodado ningún filme en inglés  y sin tener acceso a grandes presupuestos, el proyecto tuvo que aplazarse aunque en su ánimo siempre estuvo la idea de poner en imágenes una obra que hablaba de una mujer que se labraba su propia camino en la vida poniendo de relieve el empoderamiento femenino en unos años en los que este término no estaba tan de relieve como ahora.

Pobres criaturas. Foto: 20th Century Studios

Aunque los primeros contactos entre Lanthimos  y Emma Stone para llevar adelante la película –la actriz trabajó con el director griego en Langosta y lo haría también en La favorita– fueron en 2017, aunque no sería hasta 2020 cuando la actriz se involucró como coproductora. Para el guion, Lanthimos  cuenta con Tony McNamara con quien ya había colaborado en La favorita.

Bella Baxter (Emma Stone) es una mujer, casi muerta, es revivida por Godwin Baxter (William Defoe), un científico heterodoxo que basa su conocimiento en la experimentación. Godwin implanta en la mujer un cerebro infantil en el cuerpo de la mujer adulta, deseoso de experimentar la evolución del aprendizaje de esa mujer. Con este argumento heredado de la novela –aunque ésta tiene diferentes puntos de vista y en la película el protagonismo se centra absolutamente en  Bella, y en el que es inevitable encontrar referencias a personajes como Frankenstein, Pigmalión o incluso Pinocho, Lanthimos elabora una poderosa fabula sobre una mujer que busca su liberación rompiendo las ataduras sociales que sufre la mujer en la sociedad victoriana.

La elección estética escogida para la narración queda patente desde el inicio. Un tratamiento visual a base del uso del gran angular que introduce un efecto distorsionador, el juego con el blanco y negro y el color, y la importancia del diseño de producción, artístico y vestuario para construir el mundo en el que habita Bella. Un primer tercio que remite directamente a La novia de Frankenstein y a las películas de terror góticas, con el empleo del blanco y negro para la reproducción de la mansión y el laboratorio en lo que la fase de aprendizaje infantil de la mujer (anda con dificultad, tira los platos al suelo, dificultad para el habla).

Criada en el espacio limitado de la casa, su educación se realiza en una libertad experimental al margen de los condicionamientos de género. La relación con la criada o con el ayudante del doctor visibiliza el choque con las costumbres sociales de la época, con aquello que se espera del comportamiento de una mujer. Un hecho que Lanthimos  enfoca en el despertar del deseo femenino con el descubrimiento de su cuerpo, del sexo y del placer a través de la masturbación. En este sentido, la sexualidad siempre ha sido un elemento que el director griego ha empleado con frecuencia en sus películas como palanca generadora de cambio y controversia.

El deseo de libertad que Bella Baxter desarrolla hace que, a pesar de su compromiso con Max McCandles  (Ramy Youssef ), el ayudante del doctor, finalmente se marche con Duncan Wedderburn  (Marc Ruffalo) para descubrir el mundo. Duncan es un galán acostumbrado a manejar a las mujeres y que facilita que Bella pueda aprender y experimentar más allá de su entorno limitado. No estamos lejos del universo de Canino, allí la película terminaba con la hija escapando en el maletero del coche para ver el mundo por primera vez, alejándose del padre que ejercía de dueño absoluto del destino de sus hijos, una especie de Dios. Y en Pobres Criaturas, donde Bella llama al doctor Godwing por su abreviatura, God –Dios–, termina abandonando a su creador, a ese Dios que no puede negarse a dejarla ir.

Pobres criaturas. Foto: 20th Century Studios

A partir de ahí, asistimos a un viaje iniciático que ocupa la parte central del filme en el que cada etapa supone un escalón en el aprendizaje de Bella para tomar las riendas de su destino. Lisboa es la emancipación, con el sexo como elemento liberador, en el que Bella comienza a disfrutar de ser libre junto a Duncan, aunque su libertad y su sinceridad para expresarse termina chocando con su entorno.

El viaje en barco supone la metáfora del encierro (antes Duncan  la ha metido en un baúl) que pone freno a su libertad. Será en ese entorno donde Bella transite hacia el mundo adulto, tomando conciencia del mundo claustrofóbico en el que puede llegar a sentirse como mujer. Ahí conocerá a Martha Von Kurtzroc (Hanna Schygulla), una mujer mayor, que exibe su libertad, en lo que supone un homenaje a esas mujeres provocativas y libres que la actriz alemana encarnó en las películas de Fassbinder, otro autor para el que el sexo era un elemento crucial de su temática. La presencia de Schygulla  no es la única referencia al mundo de Fassbinder porque el diseño artístico recuerda a la última película del director alemán, Querelle, con esos paisajes reconstruidos en estudio . La llegada a Alejandría –un lugar unido al conocimiento–  supone un paso más en la toma de conciencia de Bella, entendiendo que la vida con Duncan supone asumir todos los condicionantes sociales asociados al género.

El último destino del viaje será París. La ciudad donde Bella termina experimentando con la prostitución como forma de convertirse en una mujer adulta. Lanthimos vuelve a utilizar el sexo como provocación planteando la prostitución como elemento liberador en lo que es la introducción de un debate que está de actualidad y que enlaza con la alineación y la lucha de clases que también son reflexiones que están en toda su filmografía.

En la coda final, asistimos a una vuelta de tuerca sobre el efecto castrador –nunca mejor dicho– de la institución del matrimonio. Bella bucea en el pasado para encontrar las razones de su muerte para emprender un proceso completa su madurez y asumir que debe navegar por encima de los cuatro hombres de la película que, de una manera y otra, buscan controlarla.

Para poner en imágenes este viaje iniciático, además del uso del gran angular y la profundidad de campo, Lanthimos despliega un diseño artístico -extensible al vestuario y en general a toda la producción- donde el concepto imperante es el barroquismo. Frente al minimalismo de sus primeros filmes, en Pobres criaturas todo es desmesura para reproducir la época victoriana a través del rodaje en estudios y con técnicas digitales. Una reproducción alejada del naturalismo, retrofuturista, para afianzar la tesis de que los condicionantes de género no se limitan a un periodo histórico concreto sino que permanecen todavía vigentes.

Pobres criaturas. Foto: 20th Century Studios

Si nos quedamos en el mensaje más evidente de empoderamiento de la mujer –que puede parecer un discurso reiterativo a estas alturas–posiblemente estemos perdiendo toda la complejidad que nos propone el director griego pues ese fortalecimiento femenino hay que unirlo a la capacidad de rebeldía para acabar con las estructuras de poder establecidas, un concepto que está en el núcleo temático del director griego.

Una rebeldía que se hace presente a través del aprendizaje, de la educación y del conocimiento. El uso de la sexualidad de Bella como elemento liberador es la capa externa; la exposición de su cuerpo, las escenas de sexo, no son más que una muestra del deseo femenino que funciona como la experimentación con el fin de conseguir el objetivo final, que no es otro que romper el orden establecido y ser capaz de dirigir su destino que se hace patente en la estructura circular de la película donde Bella terminará asumiendo el papel de su creador.

Finalmente es imprescindible destacar la interpretación de Emma Stone en un papel muy arriesgado, capaz de hacer visible la evolución de un personaje que evoluciona desde la inocencia inicial, con la mentalidad infantil, representada con la dificultad para andar y una dicción poco articulada, hasta la mujer libre, emancipada, lujuriosa, que termina saltándose todas las reglas establecidas para eregirse en protagonista de su destino.

Pobres criaturas, a pesar de su aparente accesibilidad –nominaciones y triunfo en taquilla– es una propuesta substancial, compleja, que sigue profundizando en el humor surrealista con el que Yorgos Lanthimos construye su particular cosmovisión puesta al servicio de un personaje femenino que adquiere su libertad.

Escribe Luis Tormo

Título original: Poor things
Título: Pobres criaturas
País y año: EE.UU, Reino unido, Irlanda, 2023
Duración: 141 minutos
Dirección: Yorgos Lanthimos
Guion: Tony McNamara
Fotografía: Robbie Ryan
Música: Jerskin Fendrix
Reparto: Emma Stone, Willem Dafoe, Mark Ruffalo, Ramy Youssef
Productora: Element Pictures, Film4 Productions, Fox Searchlight, TSG Entertainment.
Distribuidora: 20th Century Studios

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