Entre copas (Sideways) de Alexander Payne

Sueños incumplidos

Alexander Payne (Omaha, Nebrasca, 1961) debutó en el cine con The Passion of Martin (1991), el filme que realizó para su graduación en la UCLA. Después vendría Citizen Ruth (1996), una sátira sobre el aborto que llamó la atención en su estreno en el festival de Montreal; con Election (1999), su primera nominación al Oscar, y con A propósito de Smith (2002), protagonizada por Jack Nicholson, afianzó su nombre en el mundo del cine.

Pero sería Entre copas (2004), la película que puso de relieve el valor de un cineasta al que Hollywood siempre ha tenido en consideración –son numerosos sus reconocimientos y premios, incluidos varios Oscars– aunque su carrera siempre se ha desarrollado de una manera independiente, alejándose del estándar de la industria americana.

Entre copas, basada en la novela de Rex Pickett, utiliza la estructura de road movie para enmarcar una historia en la que Miles (Paul Giamatti) quiere regalar a su amigo Jack (Thomas Haden Church) una semana de entretenimiento disfrutando de una ruta vinícola antes de que este se case el siguiente sábado. Las dudas, ansiedades y objetivos ante la vida se irán revelando a lo largo de esos días con planteamientos diferentes. Miles pretende obsequiar a su amigo con una experiencia inolvidable que remarque su amistad; para Jack, esa semana supone un divertimento, una aventura, con la cerrar su etapa de soltero.

En este viaje, que Payne se encarga de ir detallando, especificando los lugares que recorren y los días que transcurren como una cuenta atrás, intuimos desde el principio que nos encontramos ante un viaje de (re)conocimiento interno de ambos amigos y que las circunstancias que van a vivir esos días les va a marcar profundamente, mostrando el carácter pesimista de Miles y la alegría de Jack, impregnado todo ello con las dudas que provoca el acontecimiento de la boda.

Aparentemente la estructura es de una comedia con situaciones y diálogos que estimula la sonrisa como son las conversaciones de los amigos sobre el sentido del viaje, las relaciones entre los hombres y las mujeres, el rescate de la cartera de Jack o el fingido accidente de tráfico. Pero la frontera entre la comedia y el drama es muy difusa y funciona según el punto de vista con el que se aborden los hechos pues en el fondo, aunque Miles sea el pesimista y Jack encarne cierto optimismo, ambos pasan por diferentes estados de ánimo.

Así, entre risas y lamentos, Payne propone un discurso sobre la imposibilidad de realizar los sueños que todas las personas tienen ante la vida. En esa semana ambos personajes toman conciencia de que deseos no se van a cumplir. Miles porque no ha superado su divorcio y Jack porque no cree realmente en el matrimonio.

Los dos personajes masculinos se complementan con las acompañantes femeninas. Por un lado, Maya (Virginia Madsen), la camarera del bar; y por otro, Stephanie (Sandra Oh), la dependienta de la bodega. De esta forma se configura un cuarteto de personajes con el punto en común de encontrar un sentido a sus vidas. Pasados los años de juventud se adivina una necesidad de conseguir definitivamente las aspiraciones personales que desean, tanto en la realización profesional como en el terreno de lo sentimental.

La actividad que realizan a diario no es la que quieren. Paul está frustrado porque no encuentra editor para su novela, teniendo que limitarse a sus clases; Jack vive de un pasado de actor y ahora sobrevive como actor para publicidad, sabiendo que su próxima boda supondrá también la aceptación de un trabajo más formal en la empresa de su suegro; Maya estudia horticultura para trabajar en lo que le gusta aunque debe trabajar como camarera; y Stephanie tiene la intención de poner su propio negocio de vinos.

La frustración laboral corre paralela a la insatisfacción emocional. El guion de Payne –premiado con el Oscar– dibuja unos personajes que ansían una estabilidad sentimental pues lo que se respira es el fracaso de las relaciones personales -divorcios, matrimonios insatisfechos, inseguridad ante el compromiso- y por debajo de las risas lo que queda es una sensación de soledad que aumenta día a día.

En este sentido, aunque todos los personajes tengan una situación similar, la película distingue entre el comportamiento de los hombres y las mujeres. Los primeros se muestran acobardados a la la hora de tomar las decisiones. Así, el problema de Miles no es la depresión que padece debido a su incapacidad para superar su relación pasada, sino la falta de valentía para afrontar las decisiones, le cuesta ser honesto y llegar hasta el final. Jack, desde el primer momento, deja bien clara su postura titubeante ante su futuro matrimonio. Maya y Stephanie, por el contrario, se entregan al máximo, otorgando toda su confianza a estos hombres que terminan traicionándolas; Miles le oculta a Maya que Jack se casa en una semana y cuando lo cuenta es demasiado tarde y Maya sufrirá el golpe de saber que las promesas de Jack no son más que mentiras.

Personajes masculinos que son incapaces de afrontar los problemas y no hacen más que engañarse. El propio viaje que realizan ambos amigos está basado en el engaño pues Miles va a casa de su madre en lo que parece es una visita de cortesía cuando en realidad lo que hace es robarle el dinero. Jack también urdirá un engaño fingiendo un accidente de automóvil para justificar las heridas de su cara. El engaño es la consecuencia de no asumir el fracaso cerrando los ojos a la realidad.

Finalmente será Miles, el personaje más pesimista, quien tendrá la oportunidad de redimirse. Materializado el descenso a los infiernos en la escena en que se bebe su mejor botella de vino en un local de comida rápida tras sufrir el abandono de Maya y cerrar definitivamente la historia con su ex mujer –ahora embarazada de su nueva pareja–; una decisión que supone afrontar la realidad: Miles vuelve a sus clases y tras escuchar la llamada de Maya, decide ir a buscarla en una preciosa escena en la que los coches salen de la boda y giran todos en una dirección salvo el coche de Miles que gira en sentido contrario para abordar un nuevo camino.

Miles vuelva a California –ahora está lloviendo, ya no es la California soleada de postal turística– y Payne decide terminar la película con un final abierto en el que deja que sea el espectador quien defina el cierre del filme. La imagen de Miles llamando a la puerta, que se corta con un plano en negro que deja paso a los títulos de crédito, es una forma de plantear una conclusión más optimista pues, al margen del resultado de ese encuentro final, el personaje parece que por fin abandona su cobardía para afrontar definitivamente sus problemas.

Si en las road movies hay ocasiones en que el viaje está planteado como una excusa. En Entre copas la experiencia del enoturismo se convierte en el molde ideal para reflejar los sentimientos de los personajes. En una de las mejores escenas de la película, cuando Maya y Miles se sinceran sobre la vida en una conversación íntima, todo transcurre bajo la simbología de las uvas y el cultivo del vino. Expresando cada uno de ellos lo que supone la experiencia del vino –mientras la cámara se acerca a sus rostros– observamos como Miles y Maya encuentran el nexo común que sirve para generar la atracción entre ellos.

Película melancólica en el que es posible apreciar el aroma de la comedia clásica de los 60 de Blake Edwards o Stanley Donen –con esa banda sonora que suena a lo largo de todo el filme y que remite directamente a Henry Mancini–, Entre copas es capaz de articular un discurso sobre la amistad, el fracaso, los anhelos de una generación y la esperanza de salir adelante pues, como ocurre con los buenos vinos, al final siempre hay una oportunidad para disfrutar de aquello que se ha creado con honestidad y con amor.

Escribe Luis Tormo

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Impecable análisis de una de mis películas preferidas de la pasada década. Un saludo, Luis.

    1. Avatar de Luis Tormo Luis Tormo dice:

      Muchas gracias! Efectivamente, una gran película de esa década

Replica a Luis Tormo Cancelar la respuesta