Crítica de La boda de Rosa de Icíar Bollaín

Quererse

Tras abordar en Yuli la figura del bailarín Carlos Acosta desde la perspectiva del biopic internacional, Icíar Bollaín regresa ahora con La boda de Rosa a un territorio más reconocible dentro de su filmografía.

Una noticia de prensa de hace unos años relacionada con aquellas personas que deciden casarse consigo mismas se encuentra en el origen de este proyecto para el que la directora madrileña ha reunido a una de sus actrices preferidas, Candela Peña, en la que es su tercera colaboración, y a la guionista Alicia Luna, con la que ha trabajado en diferentes ocasiones a lo largo de su trayectoria (Te doy mis ojos, En tierra extraña, proyectos publicitarios).

El filme comienza con los primeros planos distorsionados de Rosa (Candela Peña) y su familia, unas imágenes que contribuyen a recrear una pesadilla. El problema para Rosa es que cuando despierta de esa pesadilla, la realidad que vive a su alrededor es significativamente peor. Elemento central sobre el que pivota la familia, Rosa se vuelca profesional y familiarmente para dar respuesta a todos (asume la asistencia de su padre viudo, ayuda a su hermano con los niños, tiene a su hija en Manchester, el trabajo ocupa muchas horas de su vida, etc.).

Ante esta situación emerge el hecho que desencadena los acontecimientos: Rosa decide celebrar una boda consigo misma. Podría parecer que estamos ante un McGuffin para provocar la reacción de Rosa, pero la celebración de la boda es un elemento central en todo el filme y las dificultades para su consecución son relevantes en el relato.

Foto: Filmax. Natxo Martínez

Para el resto de personajes, la evolución pasa desde la sorpresa (precipitación, desconfianza, interrogantes sobre con quién se casa) a la incomprensión cuando descubren que el compromiso es consigo misma. Este planteamiento reflexivo por el que ha pasado Rosa, y que ahora vivirá cada miembro de la familia, agita esa organización familiar que parecía firme.

Rosa es la que toma conciencia de que la situación no puede continuar de la misma forma y su decisión de cortar radicalmente con su vida se convierte en un tsunami que hace reaccionar al resto de personajes.

El hecho de que todos ellos, sin ser conscientes, estén en la misma o peor condición que Rosa implica que al final se produce una cierta unión ante la adversidad cuando, de una manera gradual, todos van asumiendo que algo están haciendo mal en su vida, de tal forma que el paso dado por Rosa comienza a ser interiorizado por todos ellos.

Es una boda, pero también es la posibilidad de cumplir un sueño y la toma de conciencia de la necesidad de cuidar de uno mismo en primer lugar. La autoestima. Volver al lugar de la infancia y retomar el taller familiar abandonado, trasladarse de la ciudad (Valencia) a la playa (Benicàssim) y cumplir el sueño íntimo y personal de poner en marcha su faceta profesional propia, sabiendo que es ahora o nunca.

El tono de comedia que preside el filme no oculta la situación dramática de unos personajes que tienen que asumir que su vida no se ha desarrollado como esperaban. Es duro visualizar el fracaso de una hija que vive en otro país y que debe sacar adelante a su familia sin ayuda de su pareja, un hermano que por empeñarse en extender su negocio está perdiendo a su mujer, una hermana que comienza a tener problemas en su trabajo y en su vida personal…

Foto: Filmax. Natxo Martínez

Este fracaso se hace patente en la relación entre madre e hija pues el personaje de Lidia (Paula Usero) resume las dificultades por las que pasan ambas mujeres. A pesar de su juventud, Lidia ya cuenta con su propia familia a la que debe sacar adelante en una ciudad extraña y tras renunciar a su vida profesional.

Las conversaciones entre madre e hija, sus desencuentros y sus reconciliaciones, y el cambio de vida que ambas tendrán que llevar adelante, suponen una llamada de atención en el sentido de que el caso de Rosa no es una situación única (quizá con el paso de los años el personaje de Lidia podría seguir el mismo camino).

Rosas hay muchas. Mujeres que por la tradición social que arrastramos del pasado basado en el machismo imperante terminan ejerciendo para todos el papel de madres, hijas, hermanas o cónyuges. La película es una invocación a quererse, a decir no, a renunciar al acostumbrado sometimiento familiar; una llamada a recuperar el espacio personal e intransferible necesario para encontrar sentido de la vida.

Rosa tendrá que luchar para que su hija, sus hermanos y su padre entiendan sus necesidades. Todo ello sin dejar a nadie en el camino, ya que el personaje que interpreta Candela Peña quiere realizar este camino acompañada de todas las personas que le importan, de ahí la insistencia en que todos entiendan qué significado tiene para ella esa boda. Cuando asuma los votos de esa ceremonia matrimonial será con su familia, con sus amigos, con las personas que le importan. Rosa vuelve a ser una de esas mujeres que pueblan el cine de Bollaín: capaces de vislumbrar las posibilidades que pueden surgir cuando se lucha por conseguir un sueño.

En la filmografía de la directora madrileña las localizaciones son importantes. Lo era la ciudad de Toledo para ilustrar el ambiente cerrado en Te doy mis ojos, las tierras del Maestrat y los olivos milenarios eran el vehículo para mostrar la importancia de conservar la cultura y el pasado en El olivo; la ciudad de La Habana en Yuli; y lo son ahora también Valencia y Benicàssim como metáfora de ese sueño para alcanzar (volver al entorno de la infancia, la playa, sumergirse en el mar, la luz, etc.).

Unas localizaciones que entroncan con ese sabor mediterráneo en el que se puede rastrear trazos comunes con el cine de Berlanga. Esa composición de la familia a través de los personajes (el padre, los hermanos, la hija, el novio, la amiga), la propia boda con las tracas o la banda o la música recuerdan a la comedia mediterránea. Candela Peña, Paula Usero, Sergio López, Nathalie Poza y Ramón Barea conforman el reparto imprescindible y necesario para traducir las emociones del guion a la pantalla.

La boda de Rosa es un cine positivo que llama a la acción, envuelto en la amabilidad formal de la comedia, pero bajo el que laten sentimientos, sufrimientos, dramas y esperanzas para un personaje en el que, quizá, todavía no sea demasiado tarde para escucharse, valorarse y quererse.

Escribe Luis Tormo

Artículo publicado originalmente en Encadenados

Título: La boda de Rosa
País y año: España, 2020
Duración: 100 minutos
Dirección: Icíar Bollaín
Guion: Icíar Bollaín y Alicia Luna
Música: Vanessa Garde
Fotografía: Sergi Gallardo, Beatriz Sastre
Reparto: Candela Peña, Sergi López, Nathalie Poza, Paula Usero, Ramón Barea
Productora: Tandem Films, Turanga Films, Setembro Cine, Televisión Española (TVE), Movistar+
Distribuidora: Filmax
Fecha de estreno: 21 de agosto de 2020

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