Crítica de Sin fin y entrevista con María León

Dos en el autobús

En 2014, Cesar y Jose Esteban Alenda realizan el cortometraje Not the end, una historia sobre una pareja que se desarrolla en diferentes momentos temporales y que mezclando un poco de ciencia ficción y drama analizaba el efecto del paso del tiempo en los personajes, interpretados por María León y Javier Rey. Desde su misma finalización, en el ánimo del equipo estaba el recoger el testigo del corto y ampliarlo a un formato de largometraje que permitiera profundizar en el conocimiento de los personajes y la historia.

Sin fin, el largometraje, discurre por territorios insólitos en el cine español, pues nos encontramos ante una historia romántica que partiendo de un elemento de ciencia ficción, una máquina del tiempo, se adentra en un melodrama sobre la relación de una pareja, centrado en el primer día que se conocieron y en el que puede ser su último día; además, el filme también adopta la estructura de una road movie, en este caso, con el protagonismo del autobús, profundizando todavía más en la utilización del viaje como conocimiento, como descubrimiento.

La referencia lejana sería Dos en la carretera, no porque ambos filmes sean equiparables sino por la reflexión sobre la huella que el tiempo deja en la pareja y el uso del montaje temporal para narrar la historia. Como espectadores vamos pasando desde la tristeza de una pareja que ve como, tras un largo periodo de convivencia, el amor inicial ha sido sustituido por la rutina. Javier se muestra obsesionado por su trabajo, ese posible descubrimiento científico, y María lucha con una depresión provocada por su impotencia ante el hecho del fracaso de su relación con Javier.

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Frente a esta situación, el montaje temporal retrocede para mostrar el inicio de la relación amorosa de la pareja. Ese primer día en que se conocen, donde todo se desarrolla de una manera vertiginosa. El carácter tímido de Javier choca con la espontaneidad de María, dos personas muy diferentes, que se unen. Son esos momentos donde algo sucede en el estómago, donde las reacciones no son racionales y para ambos se produce un clic que supone el enamoramiento.

Esa sorpresa contenida de Javier ante la repentina irrupción de María en su ordenada vida basada en la racionalidad (sabe la hora exacta en que amanece) choca frontalmente con los bruscos cambios que supone la constatación de la degradación de su relación.

En los versos de su canción Lucía, decía Serrat: «nada más amado que lo que perdí»; y finalmente, Javier, impulsado por esa máquina del tiempo y consciente de la pérdida del amor de su vida, tiene la capacidad de redimir esos errores pasados que han terminado por marchitar ese amor original. El artefacto al que ha dedicado su vida le permite una segunda oportunidad para enmendar su actitud egoísta, abriendo un camino en el que María es capaz de seguir ese paso adelante que efectúa Javier.

El hecho de que el protagonista pueda alterar el destino, a través de esa argucia argumental de la máquina del tiempo, y la adscripción del relato a la ciencia ficción, que posibilita esa segunda oportunidad (con el personaje de Javier en tres épocas diferentes), quizá sea la parte más endeble del filme y hay momentos en que la estructura del entramado del relato es demasiado visible. En cualquier caso, pasando de soslayo por ese elemento ficcional que permite viajar en el tiempo, es mucho más interesante dejarse llevar por la historia de esa pareja.

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Un detalle a tener en cuenta es que frente al modelo de la película de Donen que hemos citado al principio o el que también podemos ver en otros filmes de similares características —como podría ser 500 días juntos (Marc Webb, 2009)— la historia de los hermanos Alenda se diferencia de esos referentes pues habla en realidad de dos días, el primero y el último, constatándose una inmensa elipsis entre esos dos momentos que el espectador debe rellenar completando ese hueco que se da entre el amor y el hastío, asumiendo el deterioro de la relación de pareja.

De igual forma, la conclusión, aunque explicada en la película, es abierta, de tal forma que cada uno puede pensar qué final quiere para esa pareja. Esa llegada al mar que Javier nunca ha visto (¿un homenaje a Los 400 golpes de Truffaut?) supone para ambos personajes la toma de decisiones, para bien y para mal, asumiendo renuncias y sacrificios, y ante todo, pone en primer plano la decisión del personaje femenino de llevar finalmente las riendas de su destino buscando su libertad.

Tres elementos son destacables en el filme. En primer lugar el trabajo interpretativo de los protagonistas, que tienen la capacidad de dar vida en cada momento temporal al mundo interior de sus personaje pues sería muy difícil llevar adelante la historia sin la complicidad y la química entre ambos; en segundo lugar el esmerado trabajo con los detalles y los objetos que tienen gran importancia en el relato pues ayudan a dar continuidad a la fragmentación temporal (el reloj, los gusanitos, la herida en el cuello, los autobuses, el libro de La gaviota de Chéjov, la broma con Penélope Cruz); y finalmente, la fotografía de Ángel Amorós, capaz de marcar estilísticamente la separación entre un tiempo y otro.

No es una película perfecta pues el recurso a la ciencia ficción termina siendo un tanto forzado, pero los elementos erróneos se derivan de la apuesta y el riesgo por contar una historia personal, que se mueve entre la melancolía de una época pasada y, quién sabe, un futuro esperanzador, en una especie de continuidad, tal y como se remarca en los protagonistas reflejados en el espejo del ascensor que hace que su imagen se reproduzca de una manera infinita.

Había muchas posibilidades de enfangarse en el terreno de la sensiblería cayendo en el ridículo con el amor como motor de la vida, pero los hermanos Alenda sortean ese peligro y, una vez aceptado el invento de la máquina del tiempo que propicia el carácter infinito a la historia, se despliegan una serie de temas interesantes como la no aceptación de la realidad que nos ha tocado (o hemos buscado) vivir, la posibilidad de disfrutar de una segunda oportunidad arreglando aquello que se hizo mal en su momento, el paso del tiempo como valor positivo para aprender de las experiencias pasadas; y, por último, la necesidad, sea cual sea el momento en la vida, de dar un paso al frente para luchar por aquello que uno quiere o ama.

Escribe Luis Tormo

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Entrevista con María León

A propósito de Sin fin

Dentro de los Preestrenos de Cine Español del Festival de Cine Antonio Ferrandis, organizado por el Ayuntamiento de Paterna y los cines Kinépolis, tuvimos la oportunidad de ver Sin fin.

Sin fin es la opera prima de los hermanos Cesar y José Esteban Alenda basada en el cortometraje Not the end realizado en 2014. El filme es una mezcla de ciencia ficción, road movie y drama, protagonizado por María León y Javier Rey.

Para presentar la película estuvo María León. Con un Goya a la mejor actriz revelación por La voz dormida, de Benito Zambrano, y una exitosa carrera tanto en el cine como en la televisión, María León despliega simpatía y pasión para hablar de su trabajo como actriz en esta película, defendiendo esos papeles en los que una actriz o actor pueden dar lo mejor de su oficio.

Junto con otros medios, en una improvisada rueda de prensa, pudimos conversar con ella y estas son algunas de las reflexiones que fueron saliendo a lo largo de las diferentes preguntas que allí se plantearon.

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La película está basada en un cortometraje que hicisteis hace cuatro años con los mismos directores. ¿Cómo ha sido retomar los personajes después de ese tiempo para el largometraje?

Fue una gozada porque nos quedamos con la sensación en el corto de que no tuvimos tiempo más que de oler a los personajes. Lo hicimos Javi Rey y yo en quince días que teníamos de vacaciones porque estábamos trabajando, pero teníamos mucho interés en hacer ese trabajo ya que nos interesaba el guion, los directores, etc. Quisimos hacerlo y nos tiramos los dos a la piscina, pero no tuvimos tiempo de interiorizar a los personajes.

Esta historia, y hay que agradecerle a los directores que tomaran la decisión valiente de retomar este proyecto, no se puede contar en un corto porque hace falta más tiempo para los personajes.

Sin fin son ellos dos, y si no llegamos a conocerlos no podemos empatizar con ellos, y si no empatizamos no nos vamos a creer nada porque ya es difícil con una máquina del tiempo, con las herramientas que se utilizan, es difícil entrar. Es como un realismo mágico. Si pasamos por encima de los personajes no se llega a entender la historia y merecía la pena retomar el guion y hacer un largo. Es la labor que realizaron los directores, volviendo a contactar con nosotros y proponiéndonos hacer el largo.

He disfrutado mucho. Y a diferencia del corto en esta película hemos conseguido lamer las heridas y oler el perfume de los personajes y ese ha sido el mayor disfrute que hemos llegado a tener: que nos dieran la oportunidad de conocer a estos personajes de verdad, para poder llegar a quererlos y poder llevarlos de la mano como los hemos llevado en el largo.

Es bonito que al principio es María quien salva a Javier y luego es Javier quien salva a María

Es bonito. Según mi análisis es una historia de amor infinita, pero hay tanto amor que hay destrucción. La generosidad y todo lo que aprenden por la segunda oportunidad que les facilita la máquina del tiempo, hace que él se dé cuenta de que hay algo que tiene que hacer. Y ella, por el acto que hace él, se da cuenta que también tiene que hacer algo. El movimiento hace que haya más movimiento. Los dos se quieren, ninguno lo ha hecho mal, los dos han amado, pero no han sabido mirarse como debían mirarse.

Es la segunda oportunidad que hace que se den cuenta que se aman de una manera infinita. Se necesitan el uno al otro. La máquina del tiempo les da una segunda oportunidad, no para retomar, sino para darse cuenta que no era por falta de amor, era por falta de atención, de generosidad.

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¿Te ha resultado difícil trabajar con los tres personajes de Javier de edades diferentes?

Pensaba en ellos, en su historia de amor. Cuando hay algo tan íntimo con esa persona yo he intentado que eso estuviera en cada personaje. Es el amor infinito que tiene. Yo he intentado que eso estuviera en cada uno de los personajes. Ella se siente bien con él tenga la edad que tenga, tiene un enganche especial con él, son como animales que conectan. Yo buscaba el amor que el personaje de ella siente hacia Javi y plasmarlo. Ese era el motor. Es una película compleja de explicar y de hacer.

¿Rodasteis con continuidad temporal o en el mismo día pasabais de una época a otra?

En el mismo día teníamos juventud y depresión. Costaba cambiar el personaje. Era un cambio energético. Me agotaba pasar del personaje más deprimido a la joven que es más alegre. Primero es un trabajo físico y después ya empiezas a sacar cosas del interior de ella. Ella tiene la misma alma de joven que de mayor, la diferencia es que de mayor ella decide cortar, decide parar. Y de hecho luego lo recupera rápido. Es el amor. En cuanto ve que él está, ella empieza a salir.

La química entre Javier y tú es fundamental para la película

Ese es el elemento principal que tuvimos que trabajar Javi y yo. Nos hemos hecho hermanos porque hay una relación en que hemos tenido que estar en momentos de intimidad absoluta con el personaje. Hubo una química muy grande porque llegamos a hermanarnos de tal manera que él y yo nos escuchábamos de espaldas. Javier fue muy generoso. Yo iba todo el tiempo por el precipicio y sabía que si en algún momento yo me caía por ese precipicio tenía a Javi debajo, y al contrario. Teníamos confianza y no había competitividad, al contrario, hubo mucha generosidad. Y eso hizo que los dos pudiéramos trabajar en unas condiciones de trabajo muy duras (de sueño, de calor, etc.).

Uno de los trabajos principales que tuvimos a nivel actoral fue la unión de Javi y mía. Estábamos muy conectados, y no solo nosotros, sino con los dos directores, con los dos hermanos. Nos mirábamos y sabíamos que estaba todo ok. La verdad es que hemos hecho familia.

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En el festival de Málaga, Javier Rey se llevó el premio a la mejor interpretación…

Respecto del premio de Málaga a Javier me siento muy orgullosa, sabemos lo difícil que es hacer los trabajos y me emocioné muchísimo cuando premiaron a Javi. Primero porque se lo merece de corazón; segundo porque es un actor que tiene pocos premios y espero que le vengan mucho, no solo con esta película sino con todos los trabajos que hace. Es un actorazo de los pies a la cabeza; y tercero porque sé que él va a utilizar muy bien el tema de los premios.

Aquí has lucido toda tu fuerza en un papel dramático frente a otros que estamos más acostumbrados a verte en la comedia.

El problema son los guiones. Cuando te llegan guiones donde te dan la oportunidad de contar personajes es guay. Normalmente en las comedias, en televisión, no te dan la oportunidad de poder contar un alma. Cuando a ti te dan un guión y te dicen quiero que cuentes esta historia, tú eres la encargada de darle vida, al alma del personaje, entonces es cuando nosotros como actores lo disfrutamos muchísimo. La comedia y la televisión te dan menos tiempo para transformarte.

Para mí es un disfrute que lleguen guiones como estos en los que podamos desnudarnos como actores. Dejar de ser quien es uno mismo para poder darle el cuerpo a otras vidas.

Dentro de la melancolía, la película tiene un tono positivo.

Sí porque ella tiene una oportunidad. Ella vuelve a nacer, se pone sus alas y vuela. Ella se ha dado cuenta porque él la ha obligado a pasar por ese sitio.

Escribe Luis Tormo

Artículos publicados originalmente en Encadenados

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