Crítica Secretos de un escándalo (May December)

All about Elizabeth

El juego que se establece entre la realidad y la ficción es la espina dorsal que recorre gran parte de la filmografía de Todd Haynes. Velvet Goldmine, I’m not there, Dark Waters y ahora Secretos de un escándalo, se inspiran en historias y personajes reales para confeccionar un material dramático. Un drama que termina independizándose de su origen real para encontrar su propio recorrido, libre de cualquier atadura, aprovechando el fértil terreno de la ficción.

Secretos de un escándalo (2023), el título elegido para su distribución en España y que nada tiene que ver con el original May December –que en inglés se utiliza para señalar la gran diferencia de edad en una pareja–, parte de un hecho real acaecido a principios de los años 90 en los Estados Unidos. Mary Kay Letourneau, una profesora de 34 años, abusó sexualmente de Vili Fualaau, su alumno de 12 años. Cuando los hechos se descubrieron un año más tarde,  el caso tuvo una importante repercusión mediática en los medios estadounidenses y el eco se hizo extensivo a nivel mundial. Letourneau fue juzgada, condenada y encarcelada; pero durante ese periodo tuvieron dos hijos y, finalmente, tras salir de la cárcel, cuando Fualaau contaba con 22 años, se casaron conviviendo como un matrimonio normal.

El guion escrito por Samy Burch se inspira libremente en esta historia pero descarta el biopic convencional al situar la acción dos décadas después de estos acontecimientos. Elizabeth (Natalie Portman) es una reconocida actriz que va a protagonizar la historia de esta mujer –aquí llamada Gracie (Julianne Moore) –en su adaptación televisiva; para preparar su papel, Elizabeth visita el hogar de Gracie y su familia con el objetivo de plasmar el personaje lo más fiel a la realidad.

Natalie Portman y Julianne Moore en Secretos de un escándalo. Foto: Diamond Films

La escena inicial muestra una fiesta en la casa del matrimonio formado por Grace y Joe (Charles Melton). Una barbacoa en lo que parece una celebración con amigos y vecinos. Elizabeth llega a la casa y tras las presentaciones se mueve con libertad entre los invitados. Un plano muestra como Elizabeth contempla la felicidad de la pareja formada por Grace y Joe, pero la forma en que Haynes plantea la escena, hace que el espectador presienta que por debajo de esa fachada hay un fingimiento, algo irreal que rompe la imagen perfecta. A partir de ese momento, Elizabeth comienza a formar parte de esa familia. Libreta en mano va apuntando todos los detalles que pueden ayudarle a confeccionar su personaje.

Su investigación posibilita el acceso a la privacidad de unos personajes mediante un juego de muñecas rusas que va destapando las diferentes capas superpuestas a lo largo de los años. Una investigación antropológica que intenta bucear en el pasado para desvelar las claves del presente. Pero la película no muestra los hechos escandalosos y delictivos ocurridos hace veinte años, no hay flashbacks; sabemos de ellos a través de una serie de entrevistas que la actriz va realizando al entorno de Gracie. Y sobre todo, accedemos a través de la relación actual del matrimonio formado por Gracie y Joe, en el que se detallan todas las grietas que socavan esa imagen feliz.

El aspecto perturbador –adjetivo aplicable a gran parte de la filmografía de Haynes– deviene de la turbia relación que mantienen Grace como personaje real y Elizabeth como actriz que debe recrear ese personaje. La película teje una trama que se va oscureciendo y donde la ambigüedad moral termina siendo protagonista. La frontera entre la verdad y la falsedad, lo que está bien y lo que está mal, se diluye conforme Elizabeth va profundizando en su aproximación a Grace.

A la vez, ambas mujeres comienzan un proceso de mimetización en el que Elizabeth termina vampirizando a Gracie, una especie de proceso sustitutoria donde la joven releva a la mayor, un morboso juego a lo Eva al desnudo. Es definitoria la escena del maquillaje frente al espejo –que es la visión de la cámara–  donde Gracie termina aplicando el maquillaje a Elizabeth para que se parezca a ella. Un recorrido que seguirá con el fugaz encuentro sexual entre Elizabeth y Joe y que culminará con el largo plan fijo del monólogo, otra vez frente a la cámara que funciona como espejo, en el que Elizabeth recita las palabras de Gracie. El juego con los espejos está planteado a lo largo de todo el filme; en ocasiones de forma muy evidente como la escena en que Elizabeth acompaña a Gracie y a su hija para que ésta elija los vestidos de la graduación.

Sin perder de vista la inspiración en los hechos reales recreados, el filme de Haynes adquiere relevancia cuando pone el foco en la reflexión sobre la reconstrucción del drama jugando con la realidad y la ficción. Tenemos la realidad, la vivencia de Gracie desvelada por su entorno más cercano y la mirada imaginada de Elizabeth que (de)construye esa realidad.

Natalie Portman y Charles Melton en Secretos de un escándalo. Foto: Diamond Films

Un trampantojo que tiene su correlato con el momento actual en el que hay dificultad para distinguir entre la verdad y las noticias que distorsionan la realidad -capaces de influir en un proceso tan importante como la contienda electoral en los Estados Unidos-. En el caso de esta ficción, tras dos décadas de los sucesos, posiblemente las personas se formarían su opinión no por las fuentes reales sino por el relato moldeado por la adaptación al cine o televisión; ara acrecentar el juego fílmico, Secretos de un escándalo es una producción de Netflix destinada a la televisión como propone la ficción que estamos viendo.

Haynes introduce este discurso en diferentes escenas a lo largo de la película para dejar patente el poder de la ficción cuando ésta aborda la realidad como son el encuentro que Elizabeth tiene ante un grupo de alumnos cuando le preguntan por la recreación de las escenas de sexo en la pantalla y los dos momentos en que Elizabeth reproduce el encuentro en el almacén real -el origen del escándalo- entre Gracie y Joe; una reproducción que vemos desde dos puntos de vista, cuando Elizabeth está comenzando su acercamiento a Gracie y, sobre todo la escena con la que finaliza la película.

El estilo empleado por el director americano, que combina planos estáticos en los que estira el tiempo, con movimientos y zooms, acompañados de la tensión aportada por la música creada por Michel Legrand para la película El mensajero (1971), viene a certificar que la creación de la ficción es un ejercicio formal que dirige, manipula y modela al espectador a través de las imágenes.

Secretos de un escándalo, siguiendo el modelo del melodrama, pasa de puntillas sobre los hechos delictivos y, sin juzgar a los personajes, se centra en las consecuencias del pasado. Bordeando el morbo, la película disecciona la institución matrimonial, el estilo de vida americano –esa sociedad típica de una ciudad del Sur de los Estados Unidos–, la falta de moralidad, las relaciones de poder dentro de la pareja, la sinapsis entre verdad y falsedad y el proceso de construcción de la ficción. El cine de Haynes puede gustar más o menos, pero si se entra en el juego que propone su autor, el resultado es una fascinante y perturbadora historia.

Escribe Luis Tormo

Título: Secretos de un escándalo
Título original: May December
País y año: EE.UU, 2023
Duración: 113 min.
Dirección: Todd Haynes
Guion: Samy Burch
Fotografía: Christopher Blauvelt
Música: Marcelo Zarvos
Reparto: Natalie Portman, Julianne Moore, Charles Melton, Cory Michael Smith
Productora: Gloria Sanchez Productions, Killer Films
Distribuidora: Diamond Films / Netflix

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