That’s Entertainment!
El SanSan Festival organiza su programación musical en torno a dos escenarios principales, más un tercero más alejado, estratégicamente situados uno junto al otro. Esta disposición permite que la actividad no se detenga en ningún momento: mientras en uno de ellos tiene lugar el concierto en curso, el otro se transforma en un espacio de trabajo donde técnicos y equipos se afanan en preparar el siguiente espectáculo.
Durante el concierto de Guitarricadelafuente, esta dualidad se hacía especialmente evidente. Mientras el artista ocupaba toda la atención del escenario principal, bastaba desviar ligeramente la mirada para descubrir, casi como si se tratara de un segundo plano escénico, el despliegue técnico que iba tomando forma en el escenario contiguo. Luces, instrumentos y estructuras se iban colocando, anticipando lo que estaba por venir. Se podía intuir el siguiente paso del cartel: la inminente aparición de Rigoberta Bandini. Así, el propio proceso de montaje se convertía en un preludio del espectáculo que veríamos a continuación.
Rigoberta Bandini irrumpió en escena con una entrada dinámica y cuidadosamente coreografiada, avanzando desde el fondo del escenario hasta ocupar el centro con paso firme y presencia magnética. Vestida inicialmente con una especie de gabardina negra que aportaba un aire enigmático, no tardó en desprenderse de ella para revelar un llamativo vestido a cuadros azul y blanco, de clara inspiración sesentera, que reforzaba el carácter estético de su propuesta. Posteriormente cambiaria el outfit por un vestido rojo.
Este gesto de transformación marcó el tono del arranque del concierto, durante el cual interpretó las tres primeras canciones entrelazadas: JAJAJA, C.X.T (Club Xavalas Tristes) y Simpática pero problemática.
Este arranque dejó patente que la propuesta escénica de Rigoberta Bandini trasciende el formato de concierto convencional para acercarse a un musical en el que cada canción es una perfomance en el que asistimos a un espectáculo que se sostiene sobre un diálogo constante entre la cantante, las bailarinas y los músicos situados al fondo del escenario, generando un juego escénico dinámico y bien ensamblado.
Musicalmente, el concierto se articula con a partir del núcleo de canciones de Jesucrista Superstar, el doble álbum que vertebra buena parte del repertorio. Desde los primeros temas ya comentados a los que se añade Amore, Aprenderás o KAIMAN. A este bloque principal se suman guiños en forma de versiones, como El amor o Mayonesa, que aportan un punto cómplice.
El repertorio se enriquece además con canciones de etapas anteriores, algunas convertidas ya en auténticos himnos dentro de su trayectoria, como In Spain We Call It Soledad, Too Many Drugs o Perra.
La artista también incluyó dos composiciones de reciente publicación: Siete días y Cançó de primavera. Esta última, interpretada en formato acústico, es el primer tema compuesto íntegramente en catalán y siendo la primera vez que suena en directo.
Para concluir, el bis estuvo formado por dos temas especialmente significativos. No podía faltar la interpretación de Ay Mamá, uno de los momentos más celebrados del concierto, acompañado además de la ya clásica puesta en escena mostrando el pecho. Le siguió Busco un centro de gravedad permanente, un claro guiño a Battiato que remite a esa constante búsqueda de equilibrio vital. Con esta canción, cargada de simbolismo, cerró el concierto por todo lo alto.
El show de Rigoberta se mueve con soltura entre el humor y la ironía, pero, al mismo tiempo, se erige como una potente reivindicación femenina que trasciende la mera interpretación musical. El espectáculo destaca por una cuidada estética, con colores que evocan la década de los sesenta, y por elementos escénicos innovadores, como el micrófono con cámara incorporada que proyecta el rostro de la artista en la pantalla. A esto se suma una interacción constante con los asistentes, ya sea dirigiéndose a ellos desde el escenario o bajando del mismo para compartir esos momentos con las primeras filas.
Por último, cabe destacar que Rigoberta Bandini incorporó también la interpretación en lengua de signos desde el escenario contiguo ampliando así la accesibilidad del espectáculo y la experiencia inclusiva.
Escribe Luis Tormo
Agradecimientos: Comunicación SanSan Festival por todas las facilidades para realizar este artículo.


