Conciencia del abismo, ausencia de salida
Los críticos con el cine de Pedro Almodóvar llevan años señalando que el director manchego parece haber agotado los temas recurrentes que han poblado su filmografía. Esta corriente de opinión sostiene, en esencia, que cualquier tiempo pasado fue mejor y propone una división clara dentro de su trayectoria.
Por un lado, identifican una primera etapa caracterizada por la libertad creativa y el riesgo, en la que una serie de películas contribuyeron a establecer su inconfundible universo temático y estético. Por otro, señalan que, con el paso del tiempo, a medida que su filmografía se fue ampliando y su prestigio como autor –tanto a nivel nacional como internacional– crecía, comenzaron a surgir valoraciones distintas.
En este contexto, la crítica comenzó a hablar de un cine más trascendental, propio de un grand auteur, que, sin embargo, derivaba progresivamente en una cierta repetición de fórmulas y temas, un cine endogámico.
Con Amarga Navidad, Pedro Almodóvar aborda de forma directa y sin pudor el (su) proceso creativo, centrándose en las dificultades que conlleva la elaboración de un guion. A partir de esta premisa, construye un juego reflexivo entre ficción y realidad que incorpora el concepto de autoficción, tan extendido en la actualidad en todo tipo de formatos audiovisuales. La película no solo explora los mecanismos de la creación artística, sino también la manera en que la experiencia personal se filtra inevitablemente en la narración.
La estructura del filme se articula en dos planos claramente diferenciados. Por un lado, encontramos a Raúl, un director de cine interpretado por Leonardo Sbaraglia, que se encuentra inmerso en la escritura de un guion. En él, la protagonista es Elsa, una directora encarnada por Bárbara Lennie (quien sostiene todo el filme con su actuación), quien, tras firmar dos películas de culto sin éxito comercial, ha terminado dedicándose al mundo de la publicidad.
Desde el inicio, el filme revela su carácter de trampantojo: el proceso de escritura de Raúl se materializa progresivamente en las imágenes que el espectador contempla. Mediante recursos como la voz en off y la aparición del texto en pantalla, el guion cobra vida ante nuestros ojos. Así, la narración se desdobla y permite asistir simultáneamente a dos historias que se entrelazan y dialogan entre sí: una situada en la realidad contemporánea del propio Raúl y otra inscrita en la ficción de su guion, ambientada en 2004 (el año en que Almodóvar rodó La mala educación).
Con esta estructura, el filme avanza de manera orgánica, construyendo el personaje de Elsa a imagen y semejanza de su creador, Raúl, quien a su vez funciona como un evidente alter ego de Almodóvar. Se configura así un sugerente juego de matrioskas que actúa como contenedor narrativo, permitiendo desplegar y condensar las múltiples constantes que definen el universo cinematográfico del director manchego.
A través de Elsa, asistimos a un duelo que permanece abierto, incapaz de cicatrizar tras la muerte de su madre. Este dolor se entrelaza con la representación del complejo y, a menudo, doloroso proceso de creación, que se manifiesta físicamente en su cuerpo mediante dolores de cabeza y ataques de ansiedad. Al mismo tiempo, se evidencia una cierta vampirización emocional de los personajes que orbitan a su alrededor: su novio, bombero y estríper; la amiga atrapada en una relación tóxica de la que no logra escapar; o la joven sumida en una experiencia profundamente traumática.
De este modo, la escritura de Almodóvar articula un juego de espejos en el que dos ficciones se enfrentan y dialogan, dando lugar a un entramado de reflejos cruzados. En él, los personajes se organizan en duplas emocionales –Raúl/Elsa, Mónica/Patricia, Santi/Bonifacio– que refuerzan la idea de desdoblamiento.
Con este planteamiento, Amarga Navidad despliega con coherencia el universo temático y visual característico de su cine: un Madrid casi irreal, estilizado hasta lo simbólico; un cuidado diseño artístico; una fotografía expresiva; una música que subraya lo emocional; y un casting preciso que contribuye a construir esa atmósfera intensamente dramática en la que los personajes diseccionan el dolor que atraviesa sus vidas.
A todo ello se suma la inclusión de una serie de elementos y guiños que dialogan directamente con la filmografía del director manchego, reconocibles para quienes están familiarizados con su obra, y que establecen un juego de complicidades entre la ficción y la figura autoral real.
Esta estructura se quiebra de forma abrupta en la escena en la que Mónica (Aitana Sánchez Gijón) confronta directamente a Raúl –no olvidemos que encarna el alter ego de Almodóvar–. En ese momento, le reprocha sin ambages que su originalidad se haya agotado, que vive anclado en el pasado y que se sirve de las personas cercanas para ficcionar su realidad, sin atender al dolor que ese modus operandi puede provocar.
La secuencia supone un punto de inflexión que trasciende la autoficción para adentrarse en un terreno abiertamente confesional. En ella se percibe un reconocimiento explícito del atasco creativo, así como de las consecuencias que este conlleva tanto para el propio creador como para quienes orbitan a su alrededor.
Esta crítica hacia su obra encuentra su reflejo en la propia Amarga Navidad, donde emerge el eje central del creador sufriente que ya estaba presente –y de forma más depurada– en Dolor y gloria. A ello se suma cierto amaneramiento estético, con escenas que aspiran a una mayor intensidad emocional sin llegar a alcanzarla plenamente, como la interpretación de la canción de Chavela Vargas a cargo de Amaia o alguna escena humorística que no termina de encajar (la de Carmen Machi) . Del mismo modo, resulta significativo el progresivo abandono de los personajes dentro del propio guion que escribe Raúl, reforzando así la idea de un relato que se desmorona y que necesita de una catarsis emocional, de un último truco de guion.
Almodóvar ficciona una realidad, pero Amarga Navidad no llega a ofrecer una verdadera resolución, quedándose en un terreno más expositivo que concluyente. De este modo, el filme parece más interesado en mostrar y analizar el conflicto que en proponer una salida.
Con todo, Almodóvar demuestra su capacidad para pergeñar imágenes de gran potencia visual, recuperando en distintos momentos esa cualidad tan propia del autor de Volver: la de construir instantes de una fuerza casi hipnótica en la sala oscura. En esta declaración de Almodóvar, quizá, reside lo esencial: más allá de las fisuras o dudas, permanece la necesidad de seguir creando, de seguir ficcionando, como única forma posible de dar sentido a su universo.
Escribe Luis Tormo
Título: Amarga Navidad
País y año: España, 2026
Duración: 111 minutos
Dirección: Pedro Almodóvar
Guion: Pedro Almodóvar
Fotografía: Pau Esteve Birba
Música: Alberto Iglesias
Reparto: Barbara Lennie, Leonardo Sbaraglia, Aitana Sánchez-Gijón, Patrick Criado, Vicky Luengo, Milena Smit, Quim Gutiérrez
Productora: El Deseo
Distribuidora: Warner Bros

