Paula Mattheus – Todo lo alto que quiera

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Reafirmando la propia voz

En junio de 2025, tras el Tour Bailando bajo la tormenta, Paula Mattheus publicaba La Salvaje, un single que, sin romper de forma explícita con su trayectoria anterior, sí evidenciaba un desplazamiento sonoro hacia territorios más orgánicos, a medio camino entre el rock y el folk. La canción suponía, además, un doble regreso a la playa de La Salvaje, en Getxo, lugar de origen de la artista: un retorno físico y, sobre todo, simbólico. Volver a la playa era volver al principio, a la raíz, a la identidad.

El tema funciona como una reflexión sobre el vértigo contemporáneo y la necesidad de reencontrar una voz propia en medio del ruido. “Todo gira tan deprisa, que hoy he vuelto a marearme / Que alguien frene esta autopista, hoy necesito bajarme”, canta Mattheus, condensando esa sensación de saturación vital que atraviesa buena parte de su nuevo trabajo. La salvaje no fue un gesto aislado, sino la antesala de Todo lo alto que quiera, publicado el 6 de febrero de 2026 y producido por Juan Guevara.

Todo lo alto que quiera se presenta como una obra dividida en dos bloques –Moriré ya y Vivir para siempre–, una dualidad que no establece una frontera rígida, sino un diálogo constante entre sombra y luz. La primera parte se inclina hacia lo introspectivo: canciones atravesadas por la duda, la fragilidad y el desconcierto ante la adultez. La segunda, en cambio, respira celebración y afirmación. Sin embargo, ambas dimensiones conviven en cada tema, otorgando al álbum un relato cohesionado.

Cuando nadie me mira abre el disco como una declaración de principios. Desde los primeros compases, la intensidad rítmica y la interpretación de Mattheus introducen un universo confesional donde se asume que crecer implica perder cierta inocencia: “Somos lo que hacemos cuando nadie mira / Somos lo que hacemos con los golpes que nos da la vida”. La artista no esquiva la incomodidad de esa toma de conciencia; al contrario, la convierte en motor narrativo.

Paula Mattheus. Foto: The Music Republic

En La lotería, junto a Íñigo Quintero, la metáfora del azar sirve para hablar de autoestima y esperanza. El foco ya no está solo en la caída, sino en la posibilidad de cambiar la mirada propia. Ese mismo gesto aparece en Autotune, una reivindicación de lo auténtico frente a lo artificioso: “Pero al final la verdad siempre sale a la luz / La vida no tiene autotune”. Con una frase aparentemente sencilla, Mattheus resume una idea central del disco: la madurez consiste en aceptar la verdad sin filtros.

El tránsito hacia esa madurez se aborda directamente en Suspender adulto, la cantante verbaliza el deseo de escapar de la responsabilidad: “Quiero irme a casa, volver a reír / Como cuando no sabía lo jodida que es la vida”. La nostalgia aquí no es un refugio romántico, sino una reacción comprensible ante la inseguridad de crecer.

La liberación emocional aparece en Mis botas horteras, una colaboración con Mafalda Cardenal y Yarea, donde se asume la necesidad de romper con un amor que no supo estar a la altura (“Me quisiste usar y yo te creía cuando me decías ‘la mujer de mi vida’ / Y tengo que dejar de tonterías”). En Mi año bisiesto, en cambio, la urgencia es detener la huida constante: “Ya no quiero echar a correr / Voy a correr el peligro de que todo salga bien”.

La segunda mitad del disco desplaza el eje desde la introspección hacia la afirmación vital. Si en la primera parte dominaban las preguntas, aquí emergen respuestas provisionales pero firmes: avanzar, compartir, celebrar.

Oxidado se erige como piedra angular del conjunto. La canción asume el paso del tiempo –“Ya no tengo 20 años, y ojalá poder volver a nacer con todo lo que sé”– sin dramatismo excesivo. Frente a la inevitabilidad de que “el dorado se oxide al final” tenemos el valor del instante: “Esto es un milagro, y aunque siempre el dorado se oxide al final / Yo conservo el momento como algo que nadie podría comprar.” La Salvaje, de la que ya hemos hablado, ratifica ese mensaje de encontrar el camino.

En plural, habla de una vida compartida (“Somos el equipo en el que siempre he querido estar”) y la felicidad de las pequeñas cosas que representan lo cotidiano (“ver lo extraordinario de las pequeñas cosas”). Esa sensación de que la vida compartida con una persona que te entiende y no te limita sirve para afianzar la seguridad en uno mismo y en el amor es lo que canta Paula Mattheus junto a Mikel Izal en Cubriéndome las espaldas.

Finalmente, Acompasados funciona como declaración afectiva sin ironía: repetir “Te quiero” se convierte en un acto de afirmación, consciente y optimista: “Te quiero, como nunca quise a nadie en el pasado / Te quiero, porque haces divertido ser adulto / Te quiero, como no pensé que yo podría pronunciarlo”. El bonus track Nunca dejes de mirarme cierra el recorrido con un deseo sencillo y humano: que el final de la relación tarde en llegar (“Ojalá no nos roben el final final”).

Todo lo alto que quiera es, en esencia, un viaje emocional que parte del desconcierto y desemboca en una forma serena de esperanza. Sin caer en ingenuidades, Paula Mattheus construye un disco coherente y honesto, donde la vulnerabilidad no es debilidad, sino punto de partida. Entre la duda y la celebración, entre la caída y el impulso de seguir; el álbum no solo reafirma su identidad artística, sino que consolida una trayectoria claramente ascendente, cada vez más sólida y madura tanto en la parte musical como en las letras.

Escribe Luis Tormo

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