«El trabajo consistió en entender al personaje, entender el mundo del que forman parte»
El director y guionista Salvador Calvo llega con su nuevo trabajo, La fiera. Basada en una historia real la película está protagonizada por Miguel Ángel Silvestre, Miguel Bernardeau y Carlos Calvo. El filme se adentra en el universo del salto BASE con traje de alas, una de las disciplinas más fascinantes del deporte de riesgo, para construir un relato profundamente humano sobre tres amigos, aficionados a los deportes extremos, que descubren la experiencia más cercana a volar. El reparto se completa con Candela González, Stéphanie Magnin, David Marcé y la colaboración especial de José Manuel Poga.
La fiera está producida por MOD Producciones y Atresmedia Cine, con la participación de Atresmedia y Netflix, y la financiación del ICAA Ministerio de Cultura Gobierno de España, Arcano Financiación Audiovisual y CREA SGR. La producción corre a cargo de Fernando Bovaira, Jaime Ortiz de Artiñano, Guillem Vidal-Folch y Rosa Pérez. La película se estrena el 6 de de febrero de 2026 distribuida en salas de cine por Buena Vista International.
Con motivo del pase de la película en los cines Kinépolis Valencia dentro de la iniciativa de los Preestrenos del Festival Antonio Ferrandis hemos podido conversar, junto al resto de medios, con dos de los actores protagonistas: Miguel Ángel Silvestre y Miguel Bernardeau. Ambos explican cómo han trabajado los personajes de historia para los amantes del riesgo donde se mezcla amistad, dureza y un viaje épico.
La fiera propone un viaje muy físico pero también un viaje interior donde se combina la acción con el drama ¿Desde el punto de vista del actor cómo se prepara este tipo de personajes?
Miguel Ángel Silvestre: Tienes un punto extra de compromiso. Hay una responsabilidad en representar muy bien al hijo de una mujer, al hermano de una mujer; sobre todo siendo alguien tan carismático.
Cuando empecé a ver videos de Dario [Barrio] vi que tenía un carisma, una luz especial, tenía algo en su forma de observar la vida, incluso en la forma de hablar, de no tenerle miedo a la muerte, de no tenerle miedo a las decisiones que se toman en la vida. Y eso me sorprendió mucho.
Quise hacerlo honrando al personaje con una energía especial porque sabía que su madre, su hermana, sus familiares, sus sobrinas, iban a ver la película. Nadie mejor que ellos lo conocían y quisimos celebrar esa personalidad tan especial.
Miguel Bernardeau: Para mí era entender un poco el mundo del que forman parte estos personajes y entender que no lo hacen porque estén locos ni mucho menos. Es su pasión. Ellos han ido poco a poco. En el caso de Armando siendo campeón del mundo de BMX, luego enamorándose de la escalada, descubriendo que la escalada no se le daba bien, luego empezando a saltar… Es una cosa que va poco a poco. No es llego y me tiro de un acantilado y vuelo…
Y entender también que esa pasión tiene otra cara de la moneda que es la gestión de la muerte, no solo la tuya sino también de tus familiares y seres queridos.

Miguel Ángel trabajaste hace años con Salvador Calvo. ¿Cómo ha sido el reencuentro ahora?
Miguel Ángel: Mi reencuentro con Salva ha sido maravilloso. Hacía muchos años, Salva me conoce muy bien y me puede hablar con muchísima transparencia porque tenemos mucha confianza. El otro día le di las gracias porque siempre sacas cosas bonitas de mí. Me siento muy agradecido por los proyectos que he hecho con él y sobre todo a ese cariño y esa paciencia que pone siempre.
Miguel: Salva venía con un guion así de enorme [gesto con las manos] con todos los planos dibujados que quería hacer. Es una película que tiene una exigencia técnica enorme como dice Fernando Bovaira, el productor, y ver un director que tiene muy claro cómo quiere rodarlo te da mucha seguridad porque entiendes rápidamente que es una película que está muy pensada. No hay una improvisación en los planos, entonces sabes que los días de trabajo van a ser efectivos, que va a haber concentración. Y también para la parte interpretativa que es la creación del personaje, de poner en pie las escenas, de hacerlas orgánicas e interesantes, también ha habido un trabajo muy fuerte desde la dirección y en los ensayos.
Pero también del equipo, de generar un ambiente de concentración, seriedad y rigurosidad porque como dice Miguel Ángel, cuando estás rodando esta película sabes que la van a ver los familiares de la persona que estás interpretando, incluso la persona que estás interpretando en mi caso.
¿Os llama la atención este tipo de deporte extremo?
Miguel: Me llama mucho la atención pero jamás lo haría porque salté una vez desde un paracaídas y descubrí que no era lo mío. Desde pequeño me gusta hacer apnea, surf, tengo una cierta atracción por los deportes de riesgo. Pero creo que esto es otro nivel, es otra cosa, saltar desde una pared de 300 metros y volar, a mí se me queda grande. Desde mi persona podría hacer el approach al personaje sustituyendo mi pasión por el mar y el surf con la pasión que tienen ellos por la montaña y por el salto. Va mucho más allá de buscar la adrenalina, no están locos, no buscan un rush de adrenalina simplemente. No funciona así esto, es mucho más que eso, es el viaje, es la cultura, la comunidad que se genera entre ese grupo de amigos. Y creo que es bonito también enseñar esa otra parte
Todos pensamos, cuando nos dieron el guion, que: “Estos tíos están locos y arriesgan su vida saltando, ponen en peligro sus relaciones personales.” Por eso era importante humanizar estos personajes y las razones que les llevan a hacer esto a mi me motivaba mucho porque tenía muy claro desde el principio, una vez leído el guion y entendido los personajes, que la película no iba sobre unos locos que saltan. Ellos calculan los saltos milimétricamente. Llegan a una pared y la miran, la miden, miden el salto, calculan el viento. Hacen todo tipo de mediciones, incluso la temperatura de la pared. No es llegar a un sitio y saltar.
¿Alguna escena que recuerdes?
Miguel Ángel: No por complejidad pero ahora que lo preguntas la primera escena que me viene a la cabeza es la de la celebración. Salva nos puso una canción, era un rodaje a altas horas de la madrugada, rodando de noche… Y Salva nos dijo que solo nos quedaba ese momento en que estamos celebrando y nos puso una canción donde estábamos todos bailando y fue un momento que me sentí muy feliz, haciendo la película con mis compañeros, la relación que estaba teniendo con Miguel [Bernardeau], que le conocí e hicimos una buena amistad, pasábamos muy buenos momentos durante el rodaje esperando las escenas…
Y ese fue un momento de baile donde me sentí muy feliz y recuerdo que pensé: “Claro, eso es lo que tenían estos personajes cada vez que se iban a un viaje”.
Miguel: Es una película en la que se ha creado un grupo en el elenco que reflejaba muy bien la amistad de estos personajes. Porque también había una seguridad durante el rodaje, desde toda la planificación que llevaba Salva y la profesionalidad del equipo técnico, desde la productora, la rigurosidad con la que se trató todo hizo todo nos daba también el espacio a nosotros para poder jugar y disfrutar nosotros, y creo que se han generado relaciones a raíz de esas historias que han trascendido la ficción. Y eso se ve también en la película. Por ejemplo, nuestros personajes eran muy amigos y desde el principio queríamos crear esa amistad entre nosotros, y luego conociendo a los personajes reales, disfrutando del rodaje… El cine tiene esa magia.

A pesar de ser una película sobre la que planea la tragedia también hay una esperanza en la amistad, la camaradería, los buenos momentos. ¿Cómo es ese equilibrio entre contar ambas caras de la moneda de los personajes?
Miguel Ángel: Son dos caras de la moneda como bien has dicho. Estos personajes viven todo el proceso, desde que inician el viaje hasta que terminan saltando, con la celebración que eso conlleva. Son momentos de celebración y de una oda a la vida que alcanzan unos niveles tan altos porque la otra cara de la moneda es que pueden morir en el camino. De hecho, el 60% de las personas que lo practican, mueren; tienen más probabilidades de que no salga bien. Por eso tiene grandes contrastes esta película.
Pero sin duda el espectador sale queriendo celebrar con sus amigos, lo primero, y a ser posible, queriendo compartir una pasión. La que sea. En mi caso es el pádel. Ya no es el partido: es antes de llegar, has visto que estos juegan así o asá, es después del partido, etc. Estas metido en una pasión que le da sentido a la vida.
Muchas veces en terapia me hacían la pregunta: “¿Tú qué haces que te divierta?” Y casi todo lo que hacía en mi vida podía tener como una recompensa de endorfinas como es el gimnasio. Pero diversión, diversión… A veces bailar, me gusta la música tecno… Y hace poco por casualidad descubrí el pádel con mis amigos y ahora sí que puede decirle a mi terapeuta: “Ya sé lo que me divierte”.
Eso da un poco de sentido a la existencia. No solo el día a día, las cosas buenas que salen, el luchar por un futuro mejor… A veces es muy sencillo, es el cafetito al sol, pero el cafetito al sol te da un placer pero lo que te divierte creo que esa es una carta que es importante para la salud mental también.
La muerte está presente en la película. ¿Habéis reflexionado después de hacer esta película sobre este tema?
Miguel Ángel Silvestre: Una vez le pregunte a Armando qué justificación le daban a la muerte. Yo tengo mucha fe en que vamos a un lugar mejor, que cuando nos vamos, nos vamos con una paz interior que no experimentamos en la vida real. Pero bueno, esto es porque a mí que me gusta leer a gente que habla de experiencias cercanas a la muerte, me gusta todo ese universo. A día de hoy, ese sería mi discurso respecto a lo que pasará luego.
Miguel: En el documental de Free Solo, que me viene todo el rato a la cabeza, es un documental de un escalador que escala solo El Capitán hablan mucho de por qué escala sin cuerdas, por qué arriesgar tu vida. Y creo que precisamente porque a mayor riesgo, mayor recompensa, por decirlo mal y rápido. Si no hubiera la posibilidad de muerte no tendría tanta magia, eso es una realidad. Si no existiera la otra cara de la moneda que es al final la consecuencia definitiva no tendría esa magia, no sería una hazaña, no habría superado nada tan grande como es la muerte que es la parte más importante de nuestra vida, la parte definitiva de nuestra vida. Entonces si no estuvieras arriesgando tu vida nada tendría tanto valor como lo que ellos hacen. Si tu abrieras el paracaídas y cayeras al suelo no estarías tan emocionado porque no habría una hazaña de supervivencia, he traspasado mis límites… No sería lo mismo.
Escribe Luis Tormo
Artículo publicado originalmente en Encadenados
