Crítica de Father Mother Sister Brother

Afectos ausentes

La estructura episódica es un rasgo frecuente en el cine de Jim Jarmusch y forma parte esencial de su estilo narrativo. A lo largo de su filmografía, el director ha recurrido en varias ocasiones a este recurso, en el que un elemento común actúa como hilo conductor y otorga coherencia al conjunto del relato. Un ejemplo claro es Mystery Train (1989), donde se entrelazan distintas historias ambientadas en la ciudad de Memphis. De manera similar, en Noche en la Tierra (1991) la narración se articula a partir de cinco episodios independientes, todos ellos desarrollados en el interior de taxis de cinco ciudades diferentes del mundo. Por su parte, Coffee and Cigarettes (2003) lleva esta estructura aún más lejos al componerse de once historias breves, unidas por situaciones cotidianas y diálogos que refuerzan la unidad temática de la película.

Father Mother Sister Brother (2025) –galardonadacon el León de Oro en la pasada edición de la Mostra de Venecia– adopta igualmente esta estructura episódica, articulándose en tres relatos ambientados en espacios geográficos distintos: Nueva Jersey, Dublín y París. En el primer episodio, Jeff (Adam Driver) y Emily (Mayim Bialik), dos hermanos, viajan a Nueva Jersey para realizar una breve visita a su padre (Tom Waits), una estancia que deja entrever una relación marcada por la distancia emocional y por unos afectos que parecen haberse diluido con el paso del tiempo.

El segundo episodio se centra en el reencuentro de dos hermanas (Cate Blanchett y Vicky Krieps)  con su madre (Charlotte Rampling), una figura materna rígida y férrea cuya presencia condiciona la dinámica entre ellas. Finalmente, el tercer episodio traslada la acción a París, donde Skye (Indya Moore) y Billie (Luka Sabbat), dos gemelos afroamericanos, se reúnen para hacerse cargo de los enseres familiares tras la muerte de sus padres, enfrentándose al peso del legado y de la memoria familiar.

Vicky Krieps y Cate Blanchett . Foto: Carole Bethuel / Avalon

En una escena del primer episodio, mientras los dos hermanos viajan en coche, el personaje interpretado por Adam Driver le dice a su hermana que la familia no se elige. Esta frase recurrente –que viene a señalar que, a diferencia de la amistad o el amor, la familia es aquella que nos viene dada por nacimiento y no por elección– condensa de manera clara el discurso central de la película. A partir de esta idea, la obra propone una reflexión sobre las relaciones entre padres e hijos, un tema que Jarmusch aborda con su estilo habitual, situado en un delicado equilibrio entre la comicidad irónica y el drama.

Cada episodio funciona de manera independiente; sin embargo, el cineasta estadounidense introduce una serie de elementos recurrentes que se repiten a lo largo de todos ellos. El más evidente es el protagonismo de la pareja de hermanos que en cada episodio se dirigen a la casa familiar, pero también se insiste en la reiteración de ciertos motivos, como la expresión “Bob’s your uncle”, el juego del brindis con agua, té o café, la importancia de las fotografías o la presencia del reloj Rolex. A estos se suma la introducción de un elemento claramente simbólico y que cada persona puede decidir su significado: la aparición de tres skaters en unas imágenes a cámara lenta en cada uno de los episodios.

A partir de estos elementos comunes, Jim Jarmusch parece sugerir que, más allá de la diversidad de familias, personajes y escenarios, existe un patrón determinado que se repite en las relaciones entre padres e hijos. Esta recurrencia pone de manifiesto que, aunque los contextos culturales y personales sean distintos, ciertos conflictos, dinámicas y vínculos familiares tienden a reproducirse de manera similar.

La película articula una mirada profundamente pesimista sobre la institución de la familia, entendida tradicionalmente como un espacio donde el afecto se presupone y se transmite de manera casi automática. No obstante, en el universo cinematográfico de Jarmusch, estos lazos se revelan frágiles y carentes de verdadera consistencia, desmoronándose en el preciso instante en que los personajes se ven obligados a compartir un mismo espacio.

Las conversaciones educadas y aparentemente respetuosas con los progenitores funcionan más como un artificio que como un signo de cercanía real, incapaz de disimular la incomodidad que se manifiesta en los silencios prolongados y en la distancia emocional. Así, el filme retrata a unos personajes que, con el transcurrir de los años, ya no se reconocen entre sí y evidencian la transformación de la familia en una reunión de extraños unidos únicamente por un vínculo biológico.

Tan solo el tercer episodio, Sister Brother, introduce una visión más esperanzadora al presentar a dos hermanos gemelos que, a través de su estrecho vínculo biológico y afectivo, logran unirse para exorcizar el dolor provocado por la pérdida de sus padres. A diferencia de las demás parejas de hermanos que aparecen en la obra, en este caso la relación fraternal sí parece tener efectos claramente beneficiosos, funcionando como un espacio de apoyo mutuo y como un verdadero mecanismo de sanación de las heridas emocionales.

Luka Sabbat y Indya Moore. Foto: Carole Bethuel / Avalon

Como es habitual en el cine de Jim Jarmusch, el discurso se introduce sin aspavientos. Pequeños detalles cómicos amortiguan el efecto dramático de lo que se está contando: la fragilidad de la familia como organización social y afectiva poniendo de manifiesto el desconocimiento de aquellas personas que nos rodean. No hay grandes escenas dramáticas pues todo se lleva con elegancia y sutileza. Un ejemplo de ello aparece en el tercer episodio, cuando los hermanos descubren el certificado de bodas falso de sus padres: un simple documento que, sin necesidad de explicaciones adicionales, pone de relieve que el amor entre ellos no dependía de la institución del matrimonio, sino de un vínculo más profundo y auténtico.

La película pone de relieve lo cotidiano mediante una puesta en escena contenida. Esto se logra a través de diálogos pausados y largos silencios que invitan a la contemplación, así como de la mirada atenta de la cámara sobre las calles, donde los coches en movimiento adquieren un protagonismo particular como elemento escénico. A ello se suman los gestos mínimos, que revelan más que las propias palabras, y un recurso tan simple como efectivo: la capacidad del cineasta norteamericano para capturar un instante fugaz de una vida y dotarlo de significado.

Tres episodios independientes que se entrelazan y se complementan entre sí para construir un relato cohesionado. En conjunto, ofrecen un retrato melancólico de la familia, de la casa entendida como hogar y de las relaciones afectivas entre padres e hijos, poniendo en evidencia la fragilidad de estos vínculos en el contexto del mundo occidental globalizado.

Escribe Luis Tormo

Título: Father Mother Sister Brother
País y año: EE.UU., 2025
Duración: 110 minutos
Dirección: Jim Jarmusch
Guion: Jim Jarmusch
Fotografía: Yorick Le Saux, Frederick Elmes
Música: Jim Jarmusch, Anika
Reparto: Tom Waits, Adam Driver, Mayim Bialik, Vicky Krieps, Cate Blanchett, Charlotte Rampling, Luka Sabbat, Indya Moore
Productora: MUBI, The Apartment, CG Cinéma, Animal Kingdom,
Distribuidora: Avalon

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