La ciudad de los vivos, una novela de Nicola Lagioia

El mal entre nosotros

En el año 2016, un crimen estremeció profundamente a la opinión pública italiana. Dos hombres, ambos en la treintena, asesinaron de manera brutal a Luca Varini, un joven de tan solo 23 años. Aunque los homicidios no son un fenómeno inusual, este caso en particular adquirió una resonancia mediática excepcional. La atención no solo se debió a la violencia del acto, sino también a las circunstancias que lo rodearon: los asesinos pertenecían a familias acomodadas de la burguesía romana, los detalles del crimen resultaban especialmente escabrosos y, además, parecía no existir una motivación clara que lo explicara. Manuel Foffo y Marco Prato, los asesinos, eran dos jóvenes aparentemente normales. 

El impacto social fue inmediato. Los medios de comunicación italianos siguieron el caso con fascinación y morbo, tratando de descifrar qué podía haber llevado a dos jóvenes privilegiados a cometer un acto tan atroz. El diario La Repubblica, uno de los periódicos más influyentes de Roma, decidió encargar al periodista y novelista Nicola Lagioia un reportaje en profundidad sobre los hechos.

Lagioia, cuya carrera literaria se había iniciado en 2001, compaginando su labor narrativa –en 2016 ganó el prestigioso Premio Strega por su novela La ferocia– con otras actividades culturales, pronto comprendió que esta historia criminal trascendía los límites del periodismo convencional. En ella encontró un hilo narrativo para destripar el lado oscuro de la sociedad. Lo que comenzó como una investigación periodística terminó convirtiéndose en un proyecto literario de largo recorrido que culminó con la publicación de La ciudad de los vivos (La città dei vivi, 2020), una obra en la que el autor explora la condición humana poniendo el foco en la ciudad de Roma.

La novela se articula a partir de una recreación minuciosa y cronológica de los hechos, sustentada en una exhaustiva labor de investigación. Lagioia incorpora en las páginas del libro una amplia variedad de fuentes: los informes periodísticos publicados en prensa y televisión, las entrevistas con los distintos protagonistas  –asesinos, familiares, amigos, testigos y agentes policiales–, así como las declaraciones y documentos surgidos durante el juicio. Este entramado de materiales convierte la obra en un auténtico archivo narrativo del crimen, donde cada dato, testimonio y detalle contribuye a dar forma a una visión totalizadora del suceso.

Sin embargo, lo que podría haberse limitado a una acumulación documental se transforma, gracias a la mediación del narrador, en un relato coherente que intenta humanizarse. Lagioia actúa como periodista e introduce su propia voz, organizando ese amasijo de información desde una mirada reflexiva que dota de sentido a la confusión y el horror en un intento de explicar por qué pudo acontecer un suceso de esas dimensiones, un asesinato con la brutalidad y el ensañamiento feroz sobre la víctima.

Nicola Lagioia, Foto: © Chiara Pasqualini /Random House Penguin Libros

En su intento por comprender lo sucedido, el escritor italiano despliega ante nosotros el retrato complejo de una generación joven que crece en medio de un tejido familiar fragmentado. Son hijos que mantienen con sus padres unas relaciones marcadas por el desencanto, las frustraciones y los reproches acumulados, lo que da lugar a una comunicación erosionada y a vínculos afectivos debilitados. El propio Nicola Lagioia, mientras dialoga con un testigo piensa: “Los adultos son siempre culpables de que los jóvenes vivan en un mundo de asco.”

En ese ambiente de aparente normalidad, el mal irrumpe de manera súbita, sin previo aviso, revelando las fisuras ocultas bajo la superficie cotidiana. Sin embargo, la aparición de un hecho monstruoso no implica necesariamente que sus autores sean monstruos. Manuel y Marco, en realidad, encarnan ese tipo de personas a las que difícilmente se les podría atribuir una monstruosidad consciente, lo que convierte su historia en un inquietante espejo del lado oscuro de nuestra sociedad.

Profundizando en este aspecto, el propio Nicola Lagioia confiesa a lo largo de las páginas haber experimentado en su juventud, mientras vivía en Bari, episodios y situaciones oscuras que hubieran podido cambiar su vida. Esa revelación dota al relato de una dimensión íntima y confesional. Lagioia parece sugerir, además, que el azar —esa fuerza imprevisible que orienta nuestras decisiones y encuentros— puede determinar, de manera casi imperceptible, el destino final de las personas. Manuel y Marco llamaron a varias personas y fue la trágica casualidad que Luca Varini fue la víctima final.

Tan relevantes como los propios protagonistas es el escenario donde transcurre la historia: Roma. La gran urbe se erige no solo como un telón de fondo, sino como un personaje más, lleno de contrastes y matices. Se la describe como una ciudad en la que “todo permanecía suspendido entre la armonía y el desorden, la belleza y el abandono, la sociabilidad y la decadencia” dice el propio cronista. Esta Roma, heredera orgullosa de un pasado monumental, conserva un encanto melancólico y decadente, una belleza que parece debatirse constantemente entre la gloria antigua y la fragilidad del presente. Durante el día, la luz revela sus calles saturadas por el turismo y el bullicio contemporáneo; pero al caer la noche, la ciudad se transforma, desplegando su rostro más oscuro, aquel donde se insinúan los sombras de sus habitantes.

En un relato denso y minucioso, cargado de detalles que enriquecen la atmósfera narrativa, quizá no resultaba necesario abrir una segunda línea argumental centrada en un turista holandés. Este personaje, que aparece de manera fragmentada a lo largo de la novela, apenas logra integrarse en el desarrollo principal y termina por diluirse entre las tramas esenciales. Su presencia, más que aportar nuevas perspectivas, parece interrumpir el ritmo del relato y distraer la atención del discurso central, ya de por sí suficientemente nutrido.

La ciudad de los vivos, con su juego de docuficción, se erige como un demoledor retrato de la sociedad contemporánea. El protagonismo coral que articula la narración concede visibilidad a un amplio abanico de voces y perspectivas, componiendo así una imagen polifónica de una realidad fragmentada. Carente de la intriga propia de la novela policial –pues todo se conoce desde el inicio–, el novelista desplaza el foco desde el misterio hacia la comprensión moral y existencial de lo ocurrido. Su empeño no reside en descubrir al culpable, sino en desentrañar el vacío que habita detrás de un acto tan gratuito y monstruoso. Esa ausencia de respuestas y la imposibilidad de hallar un sentido más allá de la mera exposición de los hechos confieren a la obra un tono amargo, profundamente pesimista. En última instancia, la novela se convierte en el testimonio inquietante de una época en la que el mal ya no es una excepción, sino una presencia cotidiana que habita y convive entre nosotros.

Escribe Luis Tormo

La ciudad de los vivos
Nicola Lagioia
Traductor: Francisco Javier González Rovira
Sello editorial: Literatura Random House
Páginas: 416 / Precio: 21,90 €
También disponible en edición de bolsillo, ebook y audiolibro
Publicación: 27 de enero de 2022

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