«Lo que hay» de Sara Torres

Paseo por el amor y la muerte

Lo que hay, la primera novela de Sara Torres, nos arrolla desde la primera frase: “Mientras mamá moría yo estaba haciendo el amor. La imagen me asombra y me perturba. Mi madre se iba y yo me agarraba a algo desbocado, que persevera cuando lo que más amamos, lo que nos es más familiar, comienza a suspenderse y ya nos abandona”.

Con un tono confesional y explícitamente biográfico, Sara Torres establece un relato que parte de esas primeras palabras: la convivencia del amor y de la muerte,  la necesidad de entender lo que hay detrás de esos dos grandes conceptos cuando se aterrizan desde el discurso teórico a la experiencia personal, a la práctica diaria. Lo que hay es la historia del duelo por la muerte de la madre –tras un cáncer detectado años atrás– que se desarrolla en paralelo con una historia de amor que se rompe y otra que se inicia.

En una primera aproximación, si nos ceñimos al envoltorio que sujeta la narración, el dolor se erige en protagonista del sentimiento que recorre el personaje de Sara. La presencia del declive físico –desde la distancia física que separa a madre e hija–, la constancia de la cercanía del fin de la relación materna filial y todo el periodo de duelo que sigue a la muerte están atravesados de tristeza y pesimismo.

Ese sufrimiento tiene su correlato en la vida sentimental y amorosa de la protagonista. El declive afectivo y el enamoramiento que Sara comparte con Ella y con D. implica la lucha emocional de quien no se siente satisfecha con las mujeres que comparten su vida amorosa. La ruptura de su relación con Ella mientras espera el regreso de D. para convivir juntas en Barcelona, supone toda una reflexión sobre el amor entre mujeres, el rompimiento con el estereotipo del amor heterosexual o la negación de la monogamia. Un recorrido amoroso que, al igual que la relación con su madre, se remonta a un pasado donde ir a contracorriente de lo establecido, de lo esperado, supone siempre una fractura emocional.

Un dolor que se acrecienta con el uso de la estructura no lineal en el que pasamos del presente al pasado, de la felicidad a la tristeza, de la esperanza al pesimismo, sin que haya una frontera que permita trazar límites precisos, profundiza en mostrar las grietas de la incerteza.

Y sin embargo, la lectura de Lo que hay no deja de resultar luminosa dentro de las sombras que atenazan a sus personajes. Una contradicción que tiene su germen en la misma concepción de la novela, ese enamoramiento de Sara en el periodo de duelo. La coexistencia de felicidad y pesimismo –innata a lo que es vivir– se resuelve aquí precisamente profundizando en las causas, en sus orígenes, a través de un estudio minucioso sobre el duelo y sobre el deseo femenino. De tal forma que este análisis se convierte en la forma de superar las dudas, el conocimiento, forman parte del proceso de sanación.

Así, el periodo de duelo se convierte para Sara en un estadio donde profundizaren la relación de madre e hija. Para la protagonista de la novela –y por ende para su autora– el significado de la pérdida, la conciencia de no ver más al cuerpo físico, no merma el sentimiento de amor hacia esa persona que ya no está. El duelo supone, además, una posibilidad de revisitar todos los recuerdos asociados a la madre en un diálogo constante consigo misma en el que, finalmente, Sara entiende y comprende mejor a la persona que ha marcado su vida en una compleja relación que no deja de ser una historia de amor entre una hija y su madre que se completa después de la muerte de ésta.

Y es que el amor está en la base del personaje de Sara. Dolorida, dubitativa, pero en el fondo, enamorada. Como expresa la narradora: “Lo que me emociona y duele es mi propia capacidad de amar”. De ahí que, incluso en ese periodo de duelo, la protagonista tiene la capacidad de desear, de amar.

Si el amor materno ya adquiría una forma compleja, la relación de Sara con Ella y D. plantea la dificultad de articular el deseo femenino más allá de los clichés del amor romántico.La culpabilidad está presente por la no aceptación de conceptos como la monogamia y la fidelidad entendida de forma clásica. Y al igual que ocurre con la trama entre madre e hija, Sara comprenderá –añorará– la relación su amante cuando haya renunciado a ella. La ruptura con su amante coincidirá con la muerte de su madre, dos desapariciones, dos pérdidas.

La novela combina una prosa que denota el conocimiento del lenguaje poético de su autora, con un análisis deudor de los estudios y trabajos científicos que Torres maneja para la construcción de su universo desde un enfoque feminista; una mirada que afecta tanto a la minuciosa aproximación al cuerpo femenino deconstruido por los tratamientos para frenar el cáncer como todo lo que tiene que ver con la exploración del deseo femenino –que la escritora gijonesa analizará con más detalle en su segunda novela, La seducción– con la presencia de párrafos y citas bibliográficas en las páginas de Lo que hay.

Transitando entre la realidad y la ficción, la primera novela de Sara Torres es un compendio de temas que, partiendo de un vértice generado a partir del concepto de la pérdida y el duelo, se abre a un discurso vertebrado por el deseo femenino y la complejidad de las relaciones amorosas, donde la pulsión sexual se erige en el motor que mueve la vida, relacionándolo con los conflictos de género o la diversidad. La dificultad de la comunicación, el sentimiento de culpa y la necesidad de buscar la libertad como individuo completan el abanico temático de una novela que atrapa desde las primeras páginas.

Escribe Luis Tormo

Sara Torres. Foto: Marta Velasco / Penguin Random House

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