Concierto de Bad Gyal en el festival BIGSOUND de Valencia

Espectáculo

Bad Gyal no es una desconocida en el festival BIGSOUND. En 2022 su nombre ya formaba parte del cartel de esa edición y pudimos ver su show en el escenario principal. Pero desde ese tiempo, la artista catalana ha evolucionado desarrollando una carrera que tuvo su punto álgido el año pasado con la edición de La Joia, su esperado primer álbum que vio la luz en enero de ese año, al que siguió una gira de presentación denominada 24 Karats Tour; además, en diciembre de 2024 se estrenó el documental La Joia, en el que se abordaba la difícil producción del disco –con múltiples retrasos en su elaboración y publicación– a la vez que mostraba la dualidad entre la imagen de la Bad Gyal artista y la Alba Farelo persona.

Con 2 Discos de Platino y 6 Discos de Oro, unido a sus colaboraciones con figuras como Karol G, Sean Paul, Tokischa, Anitta, Quevedo  o Myke Towers, han convertido a Bad Gyal en una de las artistas más influyentes y populares del panorama musical actual, en una carrera que cada vez tiene un alcance más internacional.

El pasado 6 de junio ha visto la luz el tema Da Me, en el que reincide en el uso del reggaetón con una base de música urbana, letras explicitas y un videoclip provocador y sensual, una serie de características que se ha convertido en el leitmotiv de su carrera. Esta publicación coincide con el arranque de su gira denominada Bikini Badness Tour en la que Bad Gyal presenta sus canciones en un formato pensado para los grandes festivales y que le llevará por toda España hasta el 3 de agosto.

Foto: Luis Tormo

Con estos mimbres, la catalana era la cabeza de cartel del primer día del BIGSOUND. Un tórrido viernes que ya garantizaba los tópicos referidos a la elevada temperatura de los conciertos de Bad Gyal, pero que en este caso, no solo fue una metáfora. El concierto comenzó con suspense porque debido a problemas técnicos la actuación se retrasó hasta el punto que se extendió un rumor sobre una posible cancelación; sin embargo, las dudas se despejaban tras una demora de 45 minutos que concluyó con la aparición de la silueta de la cantante sobre una tarima elevada con un fondo rojizo.

Con un look renovado que incluía un nuevo corte de pelo –¿Habrá sacrificado su característica melena rubia? No. Era una peluca corta–, con los primeros sones de Bota niña se desató la locura en un público que intuía el show que se desplegaba ante sus ojos.

Si hay alguien que sabe de sus limitaciones y de sus virtudes esa es Bad Gyal, una artista que explota a la perfección su capacidad de trasmisión de unos temas donde el concepto musical se reviste de unas letras y una imagen provocativas definidas en videoclips que se viralizan al instante (Youtube, Instagram, TikTok, etc.).

Foto: Luis Tormo

Con todas las bases grabadas, Bad Gyal pone en pie un espectáculo compuesto por una imagen personal potente (los looks son tan comentados como sus canciones), un trabajo coreográfico primordial y una composición escénica que traduce en el escenario lo que el público quiere ver, que no es otra cosa que un encadenamiento de grandes videoclips en directos. La gran pantalla que sirve de fondo del escenario, en la que se proyectan las imágenes pregrabadas combinadas con el juego de la cámara que sigue a la artista por todo el espacio, amplifica esa imagen de encontrarnos ante un clip gigantesco.

Las letras explícitas y el perreo –donde el movimiento pélvico y el culo se erigen en protagonistas– conforman un estilo expositivo en la que se une reguetón, trap y el juego sensual. Un estilo que funciona como un espejo para un público que canta, baila y grita con cada movimiento que ve en el escenario y que entiende esta imagen de empoderamiento femenino, basada en la libertad de hacer lo que quiere, que es la actitud que exhibe la artista catalana.

Foto: Luis Tormo

A partir de aquí, la acumulación incesante de hits engrasa el espectáculo. Bad Gyal interpretó más de una treintena de canciones –aunque muchas de ellas en formato reducido– que modulan el concierto basado en su álbum La Joia, del que interpretó prácticamente toda su totalidad, salpimentado con todos los singles de éxito (Double team, Da Me, Chulo, GUAY, Flow 2000, Fiebre, etc.). En la parte inicial del show, un momento significativo fue cuanto Bad Gyal presentó a su hermana Mushkaa  –que horas antes había dado un potente concierto en el escenario secundario– para interpretar juntas SexeSexy.

Con un nuevo outfit para la segunda parte del concierto, Bad Gyal continuó con idéntica celeridad para comprimir el amplio setlist en un show muy medido, con algunos fundidos a negro, en el que hay poca capacidad para la improvisación porque cada movimiento, cada representación escénica, cada baile está absolutamente milimetrado para provocar la reacción en el público. De hecho, Bad Gyal fue muy comedia en sus comentarios al público –quizá por la tensión de la dificultad técnica inicial– salvo en el tramo final donde hubo una mayor interacción para cerrar el show con Fiebre (“Ha sido un placer estar con vosotros”) y el “Gracias Valencia, Os quiero” con el que cerró el concierto.

En definitiva, un concierto convertido en un espectáculo donde un setlist de grandes éxitos se reviste de luces, pirotécnica, coreografía, baile y pantallas para potenciar un show de música, perreo y karaoke. Una creación que exhibe uno de los espectáculos más eficaces y enérgicos que se pueden visualizar este verano.

Escribe Luis Tormo

Foto: Luis Tormo

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