Manu Chao – Viva tu

No estamos solos

El último disco publicado por Manu Chao fue La Radiolina en 2007. Entre finales del siglo XX y la primera década del siglo XIX la música de este artista franco-español llegó a todo el mundo, escalando posiciones incluso en los rankings de la música más comercial, fundamentalmente a partir del tirón de Clandestino (1998), su primer disco en solitario tras la disolución de Mano Negra, el grupo del que formaba parte –y lideraba– Manu Chao. Tras unos años disfrutando del éxito, Manu Chao abandonó la publicación de discos de forma estándar, aunque nunca dejó de grabar y publicar canciones o realizar giras, pero todo ello al margen de la industria de la música.

Contradictorio, siempre a contracorriente, aprovechando el éxito pero sin terminar de envilecerse ni ceder a los condicionantes de una industria basada en publicar discos y girar para su promoción –hay multitud de anécdotas sobre el espíritu independiente de este músico multidisciplinar–, ahora, reaparece con un nuevo disco Viva tu (“tu” sin tilde).

¿Qué nos ofrece Manu Chao tras diecisiete años? ¿Alguna evolución? ¿Alguna novedad? La respuesta en relación con un material novedoso tendría que ser negativa. Es como si, obviando el paréntesis temporal, Vive tu se hubiera publicado un año después de La Radiolina. Y esto, que en cualquier otro artista podría entenderse como un comentario peyorativo, en Manu Chao se convierte en una característica positiva. En Viva tu encontramos todo aquello que convirtió al autor de Próxima Estación… Esperanza en un referente del llamado mestizaje. Ahora es fácil entender la mezcla de géneros musicales, la influencia de los ritmos latinos, porque la música se ha convertido en un lenguaje donde cada vez es más usual el intercambio artístico más allá de las fronteras.

Viva tu es un ejemplo de ese mestizaje de culturas musicales. En los 38 minutos que dura el disco tenemos estilos que van desde la rumba, la canción francesa, los ritmos fronterizos del T Mex o el reggae. Siguiendo la línea habitual de trabajos anteriores contamos con un uso variado de los idiomas (español, inglés, francés o portugués). Siempre desde la sencillez compositiva, con la inclusión de todo tipo de samplers (efectos, voces, diálogos) y la construcción de unos temas cortos con estribillos que se agarran con fuerza a nuestra memoria desde la primera escucha, que nos recuerdan a su música pasada pero que no asociamos a la repetición o explotación de los antiguos éxitos.

Y continúa presente la capacidad para elaborar unas canciones, que esta vez se muestran en su versión más acústica, con una percusión mínima, donde prima la melodía frente al revestimiento, quizá fruto de estos últimos girando en formato trío con Lucky Salvadori, Miguel Rumbao y Mauro Metralla.

De igual forma, el universo temático de Manu Chao que se materializa en un discurso que nos habla de la solidaridad más allá de las fronteras (la inmigración, la denuncia del contraste existente entre el Norte y Sur, el efecto pernicioso de las guerras) y la creencia en el amor asociado al disfrute de la vida, por citar dos grandes bloques de temas que encontramos en sus canciones, tienen una lectura absolutamente actual. El clima político, social y económico respecto a la inmigración, los conflictos bélicosy la diferencia entre clases no solo no ha evolucionado positivamente, sino que he empeorado ostensiblemente.

El disco comienza con Vecinos en el mar. El tema marca el tono general del disco, una canción acústica donde la voz de Manu Chao, acompañada por la guitarra de Lucky Salvadori, desgrana un mensaje de fraternidad: Vecino ahí en el mar / Buscando tu camino / Yo te abriré mi puerta / Como tú lo haría’ conmigo. El marno como un instrumento de separación sino como un elemento de comunicación (referencia a la inmigración) y buenos deseos de libertad y paz.

La Couleur du Temps se mira en la chanson francesa para componer una canción aparentemente sencilla pero que comienza a destilar un mensaje más pesimista: “Je connais les yeux du néant / Conozco los ojos de la nada; Et je sais la guerre, reviendra la guerre / Y conozco la guerra, la guerra volverá; Je connais le bord de la mer / Conozco la playa; Je connais des yeux si troublants / Conozco ojos tan inquietantes”. La desesperanza llega con River Why, el tema cantado en inglés: “This is not success / Esto no es éxito; This is not progress / Esto no es progreso; This is just / Esto es solo; A collective suicide/ Un suicidio colectivo”.

Viva tu fue el primer sencillo del disco, una rumba festiva que homenajea las calles como lugar de reunión, un tributo de amor a las gentes sencillas, al localismo, a las experiencias que se pueden encontrar al lado de casa. El barrio y las personas cercanas como motor de vida –precisamente en un hombre que viaja por todo el mundo– y forma de permanecer anclado a las raíces. 

Heaven’sBad Day es otro tema en inglés donde Manu Chao realiza un dueto con Willie Nelson. El acordeón y la armónica le dan un tono de música de frontera, T Mex, con una letra que habla de un cielo infernal.

El disco continúa con Tú te vas, una balada sobre la ruptura amorosa, sobre los sentimientos que afloran cuando la otra persona se va. La letra combina el español con el francés, cantado por la rapera Laetitia Kerfa. Mientras Manu Chao desgrana los efectos de la separación, la letra en francés desgrana la realidad: “J’reviendraijamais / Nunca volveré”. La melancolía sigue con la composición en portugués Coraçao No Mar, otra vez el mar como recurso metafórico: “Joguei minha vida pra nadar / Tiré mi vida por la borda; Cuidar minha alma de não afogar / Cuida mi alma para que no se ahogue; Na correnteza do dia a dia / En la corriente de la vida cotidiana”.

La emoción se intensifica con Cuatro calles donde destaca la presencia de la guitarra y el piano, una balada sobre el amor, sobre el amor perdido, el amor reencontrado, a través de una letra poética: “Cuatro calles en un alfiler / Clavado en mi alma / Sin saber qué hacer / Qué hacer sin ti mi vida”.

La colilla es otra rumba marca de la casa que nos habla de la mezquindad y la doblez de las personas que están por encima. En São Paulo Motoboy, en la que vuelve al portugués, con una base más electrónica que recuerda a Bongo bong, Manu Chao rinde homenaje a todas esas personas que reparten comida a domicilio moviéndose con sus motos en el denso tráfico de São Paulo –ciudad donde en 2020 se origino un movimiento en contra de la precariedad de ese trabajo–. Tom et Lola, escrita en francés, vuelve a la chanson acentuado por el protagonismo del acordeón de Joan Garriga. En este mezclum de idiomas, Lonely nights es una melancólica tonada sobre las noches solitarias cantada en inglés en la que destaca el trombón de Joseph

El disco finaliza por todo lo alto con Tantas tierras. Otra vez la capacidad de Manu Chao para envolver, a ritmo de reggae, un discurso que alerta sobre la destrucción del planeta. Un futuro incierto: “Todo el mundo sin saber / la que un día va a caer”. La canción se abre y se cierra con la voz de Carina Díaz Moreno, una activista reconocida por su lucha antiminera; una composición que es una advertencia pero que también aporta su toque de esperanza: “Yo ya no se qué hacer / De tanto mundo / Yo ya no se pensar / Lo que será / Y aquí estamos / No estamos solos”.

En definitiva, un disco para la esperanza, un disco para la utopía. La música de siempre, en un formato más acústico, pero con todo el universo creativo que convierte las canciones de Manu Chao en un collage idiomático, cargado de efectos sonoros que conviven con un discurso presidido por la ligereza pero que, conforme va calando, escucha tras escucha, nos deja un retrato poético donde la calle, las personas, el amor y la solidaridad todavía son posible.

Escribe Luis Tormo

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