Crítica de Escanyapobres

Por un puñado de monedas

El director Ibai Abad, que debutó en el largometraje con The Girl from the Song (2017), aborda su segunda película adaptando la novela L’Escanyapobres de Narcís Oller, un clásico de la literatura realista catalana, escrita a finales del siglo XIX y ambientada en el tránsito entre la sociedad rural y la sociedad industrial –el tren que llega para cambiar la vida desde el punto de vista social y económico– con la avaricia como tema central.

La película comienza con una panorámica descendente que enmarca una especie de desfiladero por el que avanza un hombre a caballo. Un paisaje mediterráneo –está rodada en localizaciones de la Comunitat Valenciana y Cataluña– que remite directamente al universo fílmico del western.  Una adscripción al género muy evidente durante el primer tercio de la película, mientras se presentan los personajes, y que se retomará en su parte final.

En el contexto del cambio que significará la llegada del tren a Pratbell (la recreación literaria de Valls) , Oleguer (Àlex Brendemühl) es un oscuro usurero envuelto en negocios turbios. Tras expropiar la masía de Cileta (Mireia Vilapuig) y su familia, la joven campesina se embarca en una lucha desesperada por recuperar su hogar, aunque esto implique utilizar las mismas argucias que Oleguer.

Mireia Vilapuig y Àlex Brendemühl. Foto: Carácter Films

Esa mirada a los códigos visuales del cine del Oeste le sirve al director catalán para situar en primer plano la importancia del paisaje, de la tierra; una tierra cuya posesión y explotación es la fuente de la riqueza pero que ahora se tambalea por el cambio social de una sociedad rural que se ve amenazada por el desarrollo urbano. La llegada del tren –un homenaje al western– tiene el valor simbólico de convertirse en el instrumento que trae el progreso, pero también es el medio para huir de un mundo caduco, de un mundo de miseria y dolor ligado a la tierra que hay que dejar atrás.

Tras el primer tercio, en el que Oleguer expropia la masía del padre de Cileta y en el que se establecen las relaciones de poder basada en los préstamos que ahogan a los trabajadores, Escanyapobres abandona las referencias al western para introducirnos en un drama decimonónico donde emerge el tema de la película: el análisis de la avaricia como forma de vida y como herramienta para facilitar el ascenso en la pirámide social.

La casa palaciega funciona como un contenedor de las relaciones entre el triángulo en el que se desatan las pasiones, pero siempre asociadas a la importancia del dinero, la presencia de las monedas se convierte en un instrumento más del deseo. De esta forma, el verdadero erotismo se desata cuando va unido a la posesión del capital. En las escenas de sexo, los protagonistas no se dan ni un beso, pero las monedas forman parte del ritual erótico (la viuda que introduce unas monedas en el bolsillo de Oleguer, Cileta deslizando una moneda por su cuerpo, etc.).

El guion, del propio director y Elisenda Gorgues, introduce cambios respecto a la novela para dar una mayor relevancia al personaje de Cileta que no está desarrollado en el original literario. La mujer, una joven campesina que vive con su padre y con su hermano en la propiedad que acaba de expropiar Oleguer, adquiere un mayor protagonismo para conformar un díptico con Oleguer. El usurero y la joven terminan relacionándose en una ambigua relación entre el amor y el odio. Un amor, que como hemos indicado, está mediatizado por la posesión del dinero.

La película, con el protagonismo del personaje que interpreta Mireilla Vilapuig, sitúa en primer plano la necesidad que tiene la mujer de conseguir una independencia económica que le permita ser libre. Oleguer es un ávaro que codicia el dinero para mantener el estatus que le aleja de la pobreza; Cileta, que realiza todo tipo de actividades como si fuera un hombre (el trabajo en el campo, el juego en la taberna), sabe que la única forma que tiene de conseguir ser independiente de los hombres es poseer un patrimonio económico suficiente.

Àlex Brendemühl y Mireia Vilapuig. Foto: Carácter Films

Este elemento –la avaricia pragmática– introduce una ambigüedad moral en el comportamiento de Cileta que termina equiparándola a aquello que hasta ese momento odiaba. Esta perversión, debido al papel otorgado a la mujer en la sociedad de XIX –y extrapolable a la sociedad actual–, se refuerza con el personaje de la viuda del notario, una mujer que para perpetuar su estatus social ha necesitado de utilizar todas sus armas para amasar la fortuna que le permite ser independiente.

En este sentido hay un deseo de ahondar en las contradicciones de los personajes principales para evitar el arquetipo de la maldad asociada como única característica de su personalidad. Un tratamiento que, si bien aporta matices a los personajes, en ocasiones introduce una discordancia en la línea evolutiva que no está totalmente resuelta (los requiebros del personaje de Cileta ).

Con ciertos diálogos que suenan retóricos, poco naturales, Escanyapobres se hace más interesante conforme el tratamiento visual y los silencios se imponen a las réplicas orales. Ibai Abad encuentra en su faceta estricta de director las imágenes que son capaces de traducir los sentimientos y los deseos de los personajes sin recurrir a las palabras. La codicia se refleja en la presencia constante de las monedas, la importancia de contar con una educación tiene su plasmación en la capacidad de Cileta para la lectura o los números o la relación entre Oleguer y Cileta se visualiza con una mayor profundidad a través del uso de recursos como el zoom que los une en el montaje o los planos de las miradas en los que somos capaces de entender el funcionamiento interno del personaje.

Salvando los inconvenientes derivados de una producción pequeña (aunque la fotografía y la ambientación intentan cubrir ese déficit presupuestario), hay que valorar la puesta al día de aquellos elementos temáticos que, descritos en una novela de finales del XIX, todavía se mantienen vigentes como es la avaricia como forma de vida, la necesidad de buscar una independencia económica para ser libre como mujer y, sobre todo, empastar un drama decimonónico bajo la estructura de un western, acudiendo a los códigos del género tanto visuales, con la preponderancia de ese paisaje polvoriento y la música, pero también utilizando referentes temáticos como la llegada del tren que anticipa el cambio económico, los conflictos resueltos con la violencia o la lucha individual de los personajes.

Escribe Luis Tormo

Título: Escanyapobres
País y año: España, 2022
Duración: 102 minutos
Dirección: Ibai Abad
Guion: Ibai Abad, Elisenda Gorgues
Fotografía: Maria Codina
Música: Raquel Sànchez
Reparto: Mireia Vilapuig, Àlex Brendemühl, Laura Conejero, Quim Àvila Conde, Juli Mira
Productora: Abacus, Mayo Films, Nakamura Films
Distribuidora: Carácter Films

Artículo publicado originalmente en Encadenados

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