En los primeros quince minutos de Revenge (1917), la opera prima de Coralie Fargeat, la directora francesa exponía el cuerpo femenino situando la cámara desde el punto de vista masculino, a través de una serie de imágenes que explotaban el cuerpo de una mujer joven sexualizado para disfrute del hombre. Después, el filme derivaba en un relato de violación y venganza que se convertía en una relectura satírica en clave feminista de este tipo de películas con un tratamiento formal que ya introducía algunos elementos que ahora vemos en su segundo trabajo, La sustancia (2024).
La sustancia fue presentada en la sección oficial de la pasada edición del Festival de Cine de Cannes, donde se alzó con el premio al mejor guion original, destacando mediáticamente por la singularidad y el tratamiento de sus imágenes cercanas al relato gore.
La película tiene un comienzo maravilloso. Una jeringuilla con un líquido verde perfora una yema de huevo; al instante de la yema del huevo original se genera otra yema idéntica. Fundido en negro. Un plano cenital nos muestra la instalación de una estrella en el paseo de la fama con el nombre de Elisabeth Sparkle, su inauguración, los flashes de los fotógrafos, la gente haciéndose fotos con la estrella. Sin variar ese plano cenital, el tiempo pasa (una hoja caída en otoño, lluvia, nieve) y la estrella se agrieta, ya nadie se hace fotos y la estrella es pisada por los viandantes que no se detienen, la brillante estrella se agrieta y finalmente es manchada por la caída del kétchup de una hamburguesa. Zoom al nombre de Elisabeth Sparkle y corte directamente a unas zapatillas donde vemos el show televisivo de baile de una Sparkle, una mujer madura con ropa deportiva que recuerda la Jane Fonda de los 80.
Sin diálogo, con el sonido ambiente, la música y un elegante minimalismo narrativo. No se puede resumir mejor el paso del tiempo de una antigua actriz joven, reconocida, y que con el paso de los años vislumbra su ocaso, reconvertida en la madurez en una bailarina que protagoniza un morning show televisivo de fitness. La película, a modo de díptico, se cerrará de una forma similar –utilizando la referencia pictórica de La cabeza de Medusa de Caravaggio– convirtiendo la película en un relato circular.
Y en medio, más de dos horas de delirio narrativo alejado de la contención y minimalismo inicial. A partir de la escena del pasillo del estudio, repleto de imágenes de Elisabeth –que se convierte en una cita directa a El resplandor de Stanley Kubrick– ya sabemos que La sustancia va a ir por la recreación de un universo de pesadilla que irá desembocando en la locura.
El guion de Coralie Fargeat se decanta por la sátira y la ironía para denunciar la presión que sufren las mujeres al llegar a la madurez. Para ejemplificar la existencia de la implantación del edadismo en la sociedad, La sustancia se vuelve tremendamente didáctica. Partiendo de un recurso del género fantástico, la compleja dosificación de una sustancia de color verde, del cuerpo de Elisabeth –en el que se aprecian las huellas del paso del tiempo– surge el cuerpo joven de Sue (Margaret Qualley). Ambas son una misma persona y una depende de la otra conjugando un tiempo determinado para cada una de ellas, pero Sue es una versión mejorada de Elisabeth, más perfecta. El universo irreal de Hollywood y Los Ángeles –aunque la película está rodada en Francia– y el mundo de la televisión, con toda su mística sobre los ídolos caídos, sirve de receptáculo para reverberar el efecto de la visión machista de una industria que necesita alimentarse de cuerpos jóvenes y atractivos para captar audiencia.
En una mezcla entre el uso del cuerpo en el cine de Cronenberg –Crash, La Mosca– y el sacrificio que conlleva la aceptación de mantener una imagen joven y bella –una especie de El retrato de Dorian Gray femenino–, Fargeat compone un cruel y violento fresco repleto de cuerpos cortados, jeringuillas, vísceras y sangre, con la representación del cuerpo femenino sometido al escrutinio de los hombres; unos hombres caricaturescos, despreciables y sometidos al deseo de la belleza canónica comúnmente aceptada, con el personaje de Dennis Quaid a la cabeza de la representación grotesca del género masculino.
El uso del primer plano jugando con la profundidad de campo, la cámara en mano, el uso de los colores brillantes frente a la oscuridad o el montaje que acelera el ritmo, convierten la narración cinematográfica es una representación de un mundo de pesadilla, de un descenso a los infiernos donde cada paso solo sirve para profundizar más en la herida que provoca el cuerpo femenino sometido a la presión social del paso del tiempo.
El ente o la organización desconocida que gestiona la sustancia recalca en múltiples ocasiones que ambas mujeres –la mayor y la joven– son una misma persona y que una depende de otra. Ahí está la moraleja de La sustancia que no es otra más que la necesidad de encontrar un equilibrio entre juventud y madurez, pues ambas conviven con el tiempo en un solo cuerpo. Conjugar, adaptarse y sobrevivir al paso del tiempo en un entorno hostil, ávido de sangre joven, es el reto al que se enfrenta Elisabeth. Las peleas entre los dos patrones que representan Elisabeth y Sue evidencian la dificultad de llegar a un acuerdo, de sentirse cómodo con un cuerpo.
La parte central es repetitiva –por esa elección errónea de irse a los 140 minutos de duración–, con una excesiva reiteración del mensaje unido a la metodología de administración de la sustancia; hasta que, en la parte final, se da un volantazo donde Coralie Fargeat se regodea ad infinitum en la sátira, el humor y el gore. Entre manguerazos de sangre asistimos a las consecuencias del desequilibrio en el tratamiento pues la no aceptación provoca la aparición del monstruo (aquí hay mucho del universo de Lynch y El hombre elefante), un monstruo engendrado en el tránsito de la juventud y la madurez y que se descontrola hasta adueñarse del cuerpo por intentar seguir un canon de belleza alejado de la realidad.
La sustancia se convierte en un catálogo de referencias fílmicas para recalcar su mensaje con citas explícitas al pasillo del hotel de El resplandor, la habitación luminosa de 2001: Una odisea del espacio, reconvertida aquí en el baño donde se produce la transformación, el uso de la música de Bernard Herrmann para Vértigo para la parte final –un uso acertado pues estamos hablando de la reconstrucción de un ideal femenino–. Al hilo de todas esas citas –y hay muchas más–, posiblemente dentro de 50 años se continuará hablando de Kubrick o Hitchcock, pero quizá el nombre de Fargeat sea olvidado al encontrarnos ante un cine más centrado en el fuego de artificio que en el discurso interno.
La película utiliza también la presencia de Demi Moore como un trampantojo que une ficción y realidad; Moore fue la actriz mejor pagada en los años 90, con un cuerpo cincelado para adecuarse al canon femenino que precisamente denuncia La sustancia; de hecho, la actriz, que actualmente tiene 61 años, ha protagonizado diferentes polémicas en relación con retoques y cirugías que han trasformado su cuerpo y su rostro. En este sentido cabe resaltar el excelente trabajo interpretativo -y muy arriesgado- tanto de la propia Demi Moore como de Margaret Qualley en el papel de Sue.
Por debajo de todo el formalismo barroco con el que Coralie Fargeat envuelve su discurso feminista, y que inevitablemente termina escondiendo la propia denuncia en esa desatada desmesura con que filma esta historia fantástica, La sustancia utiliza perfectamente los códigos del cine de terror y, si somos capaces de pasar por encima de la sangre y los cuerpos cosidos, encontraremos en su interior la violencia, el miedo y la terrible sensación de una mujer que termina siendo un juguete roto, una mujer admirada en su momento para luego ser abandonada. El verdadero terror está en el drama de dejar de ser querida gracias a los mismos códigos férreos establecidos por la mirada masculina dominante que la encumbró. La pena es que la película termine en una denuncia pero no proponga una nueva mirada que supere el modelo de cosificación al que es sometido ese cuerpo femenino.
Escribe Luis Tormo
Título: La sustancia
Título original: The Substance
País y año: EE.UU, Reino Unido, Francia 2024
Duración: 140 minutos
Dirección: Coralie Fargeat
Guion: Coralie Fargeat
Fotografía: Benjamin Kracun
Música: Raffertie
Reparto: Demi Moore, Margart Qualley, Dennis Quaid, Gore Abrams, Tom Morton
Productora: Working Title Films, 21st Century Film France, Blacksmith
Distribuidora: Elastica Films, Filmin

