Distopía marroquí
Cuando se habla del cine producido en los países árabes se suele asociar a una aproximación realista que sirve para diagnosticar la situación social, económica y cultural de una colectividad concreta. Quizá sea un estereotipo asociado a la escasa distribución que las producciones árabes tienen en nuestro país que impide tener un acercamiento más detallado a otro tipo de cine que se realice. Animalia, el debut en el largometraje de Sofia Alaoui, viene precisamente a romper con esta creencia establecida pues el acercamiento que realiza la directora marroquí a la realidad de su país se efectúa a través del género de la ciencia ficción.
Premiada en el festival de Sundance, Animalia participó en la Sección Oficial de la 38ª edición del festival Mostra de Valencia, un certamen en el que pudimos ver otra película árabe, la palestina A house in Jerusalem, que también utilizaba el género fantástico para hablar de la realidad del pueblo palestino; Animalia fue distribuida en cines por Surtsey Films y actualmente se puede ver en la plataforma Filmin.
El planteamiento de los primeros diez minutos de la película apunta a una crítica de la división de clases y la sociedad patriarcal marroquí donde el nivel económico determina la asunción de un modo de vida. Itto (Oumaïma Barid), una mujer que afronta la parte final de su embarazo, vive en la mansión familiar de su adinerado marido, un rico empresario ganadero que pertenece a la élite económica de su país. Debido a su origen humilde –bereber– la relación de Itto con su altiva suegra es tensa, un elemento que se destaca de manera brillante en la escena en que Itto se queda sola en la mansión mientras su marido y sus suegros acuden a una fiesta, planteada como un plano secuencia mientras suena la canción It’s your thing de Ann Peeblesa. Un inicio deslumbrante con una fotografía exquisita que destaca las bellas estancias interiores o los exteriores, como la localización de la piscina que empequeñece a los protagonistas frente a un paisaje natural grandioso, poniendo en valor la referencia visual y artística –el juego estético– frente al mensaje.
Pero todo cambia con un fenómeno extraño que sacude la vida de Itto. Su relax queda interrumpido por unos extraños fenómenos atmosféricos que afectan a todo el país. Con las comunicaciones cortadas, cada vez más aislada, Itto debe afrontar un largo viaje en solitario para reunirse con su marido. El microcosmos de opulencia que supone la mansión familiar y la disponibilidad económica no garantiza la seguridad del desplazamiento y el viaje se convierte en una inmersión, que desde la ciencia ficción, desvela la fisura social, los convencionalismos de un mundo patriarcal –una situación acrecentada por su embarazo– e introduce un debate sobre la religión.
Un viaje que va adquiriendo un tono de pesadilla debido a la acumulación de sucesos extraños –el comportamiento grupal de los animales, los fenómenos atmosféricos, los rumores sobre una invasión alienígena– que Sofia Alaoui, que también escribe el guion, reviste con una pátina onírica donde el misterio difumina la vida cotidiana que Itto llevaba hasta ese momento.
Sofia Alaoui, que también escribe el guion, recrea este discurso a través de un relato onírico, que cuenta con la complicidad de la fotografía de Noé Bach y la banda sonora de Amin Bouhafa; en este ambiente de ensoñación, que mezcla realidad y fantasía, la directora está más interesa en mostrar las consecuencias y no tanto en explicar de una forma realista lo que sucede, con referencias cercanas al cine apocalíptico de Tarkovsky o Lars Von Trier.
Carreteras polvorientas, un motocarro, calles nocturnas, grupos amenazantes, habitaciones de alojamientos muy alejados de la riqueza a la que está acostumbrada Itto, conforman un universo que la protagonista atraviesa acompañada de un hombre al que se le une un adolescente. Una travesía que termina convirtiéndose en una reflexión crítica sobre la asunción del dogma religioso, de la fe, como soporte para guiar la vida, tanto desde el punto de vista personal como de su utilización a nivel político y social –Itto no se cansará de rezar en los momentos difíciles–. En este sentido, la película plantea un acercamiento crítico a la sociedad islámica utilizando esa especie de conversión que afecta a la población como dogma de fe institucionalizado donde todo el mundo termina convirtiéndose a la norma generalizada –una especie de invasión de los ultracuerpos donde las personas terminan supeditadas a una fuerza exterior–.
Animalia no ofrece respuestas, más allá de la voz en off final de la protagonista con la que se cierra la película; y es más rica cuanto más se desliza por el terreno de la incertidumbre, de la atmósfera onírica. En esas imágenes y escenas oníricas que nos transportan del género de la ciencia ficción a un estadio superior, metafísico, en el que se termina profundizando en la forma en la que concebimos la existencia humana. La reflexión abarca más allá del ámbito local –Marruecos– para extender su tesis a cualquier sociedad; un alcance universal que tiene mucho que ver con la biografía de su guionista y directora (madre francesa, padre marroquí, vivió en China, estudió cine en París)
La película, a través de un relato distópico, plantea una revisión de todo aquello que tiene que ver con la naturaleza humana, lo que estamos haciendo como sociedad pero también la manera en la que nos comportamos como un ser individual. Sofia Alaoui no necesita de grandes alardes técnicos pues ese aspecto misterioso, sobrenatural, lo explota a través del protagonismo absoluto de Oumaïma Barid que llena la pantalla expresando con su rostro, con su cuerpo, la incertidumbre ante el futuro, la inseguridad al abandonar el universo cerrado de la vida patriarcal y la necesidad de asumir el riesgo cuando se deja atrás la zona de confort.
Animalia es un ejercicio fílmico, extraño, diferente, arriesgado, que no termina de cerrar todos los temas que propone; pero es precisamente este aspecto el que termina convirtiendo la película en un viaje maravilloso, sorprendente, donde cada persona puede poner el acento en aquel enfoque con el que se sienta más identificado.
Escribe Luis Tormo
Título: Animalia
País y año: Marruecos, 2023
Duración: 95 minutos
Dirección: Sofia Alaoui
Guion: Sofia Alaoui
Fotografía: Noé Bach
Música:Amin Bouhafa
Reparto: Oumaïma Barid, Mehdi Dehbi, Fouad Oughaou, Oumaïma Oughaou
Productora: Wrong Films, Srab Films, Dounia Productions, Jiango Films, arte France Cinéma
Distribuidora: Surtsey Films, Filmin

