Un viaje diabólico
La inevitable continuidad del progreso y el peso de la evolución social y económica hacen que esta sociedad se divida en triunfadores y perdedores, con personas que permanecen dentro del sistema y otros outsiders que pululan por sus márgenes. Una sociedad moderna que tiende a concentrarse en torno a las ciudades caracterizadas por la agrupación de servicios y el acceso a vías de comunicación rápidas; un elemento que deja grandes espacios geográficos –eso que conocemos como la España vaciada– donde es sencillo reconocer la mella que ha hecho el paso del tiempo.
Carreteras secundarias, polvorientas, trufadas de construcciones que se convierten en testigos de un éxito pasado del que ahora solo quedan los restos. Bares de carretera sin apenas clientes, moteles en ruinas, carteles de anuncios viejos o gasolineras vacías. Lugares que albergan a esas personas que pertenecen a otra época; apenas separados por unos cientos de kilómetros, gentes que se encuentran a una distancia emocional y social mucho más alejada de la puramente geográfica.
En este paisaje se desarrolla la opera prima de Guillermo Polo –un proyecto largamente acariciado y que tiene su origen casi una década atrás– que aprovecha el simbolismo de unas localizaciones para establecer un relato que sigue el modelo de road movie.
Tristán (Pablo Molinero), un escritor frustrado que sobrevive creando frases para los sobres de azucarillos, debe transportar el cuerpo congelado de su hermano Simón desde Asturias hasta Benidorm para cumplir su última voluntad y la recompensa de 20.000 euros que pueden posibilitar editar la deseada novela de Tristán. Los lazos que unen a su hermano con la delincuencia hacen que el traslado tenga que ser discreto, fuera de los cauces legales, introduciendo una atmósfera de cine negro surrealista a través de una subtrama mafiosa.
Con la estructura de road movie como elemento sustancial, la película utiliza el viaje como soporte para mostrar una serie de personajes marginales –casi irreales– que configuran una fauna de perdedores, de seres que conviven mimetizados con el paisaje ruinoso por el que transitan. Tristán, desencantado y acomodado en su desgracia ve como su universo salta por los aires; arrastrando los traumas de la infancia y de una vida sin ilusión –su madre los abandona para realizarse como escritora, la relación con su hermano era inexistente, su padre murió– se enfrente a ese viaje que pondrá patas arriba su vida.
La sensación de derrota se amplifica pues todos los personajes que aparecen en la pantalla se encuentran en una situación muy similar a la de Tristán. En una sociedad que prima el éxito económico, el triunfo social, la película es un catálogo de fracasos laborales, sentimentales o, lo que es más grave, la sensación de estar atrapado en un entorno asfixiante.
La película despliega un tono tragicómico que se reviste con elementos de thriller como son la asesina que persigue al protagonista para recuperar el dinero –acompañada de su padre– o la pareja de policías que sigue la pista de los asesinatos. Toda una serie de personajes encabezados por Álex (Mero González), una desconcertante y desquiciante chica adicta a las pastillas y a las raves que termina poniendo patas arriba todo el universo de Tristán; una mujer que representa todo aquello que no es el protagonista porque Álex es un persona libre e independiente.
Lo carga el diablo apela a múltiples referencias reconocibles para el espectador, que van desde el universo de Tarantino pasando por los hermanos Coen o David Lynch; anotaciones que tienen su traducción en un estilo que transforma el paisaje local en un contenedor que bebe del cine americano (Punto límite: Cero, Loca evasión, Thelma y Louis).
El empleo de las carreteras secundarias flanqueadas por montañas, el paisaje polvoriento de aspecto desértico y el coche que remite a los vehículos norteamericanos junto con un ritmo y un montaje frenético –incluidos sorpresivos giros de guion– nos introduce, sin perder el costumbrismo cañí, en un delirante relato en el que puede convivir el cartel del toro de Osborne, las gasolineras de los años 80, las cabañas de un camping para hippies denostados y el skyline de Benidorm.
Al igual que ocurría en El misterio del Pink Flamingo, el debut de su hermano Javier –aquí en labores de producción– en Lo carga el diablo hay un juego con la estética colorista que juega con la fealdad y el costumbrismo, para acentuar el tono gamberro que le emparenta también con toda la tradición berlanguiana, con un reparto amplio de personajes secundarios, donde la sátira y el humor negro terminan de pincelar unos protagonistas disfuncionales.
Del subgénero de road movies que tienen como soporte argumental el traslado de un cadáver, y en el que hay que destacar cierta predilección de los guionistas por terminar el viaje en la Comunitat Valenciana –recordamos ahora mismo Cuatretondeta de Pol Rodríguez o Un mundo normal de Achero Mañas–, la película dirigida por Guillermo Polo destaca por su especial adscripción a un relato histriónico, con elementos del cómic, que la emparenta a modelos foráneos aunque sin perder de vista su origen, las raíces costumbristas.
A pesar de que Lo carga el diablo se reconoce como un filme que fija su aspiración en el divertimento, al final, quizá fruto de su conjunto de guionistas y el largo periodo de maceración del proyecto, la película termina siendo una amalgama de temas en la que se habla de las disputas entre padres e hijos, las relaciones fraternales, la frustración de los sueños incumplidos, la creación literaria y la necesidad de cortar con los lazos que nos unen al pasado para ser capaz de afrontar el presente. Un conjunto temático que queda engarzado de forma adecuada en una trama delirante recargada de un humor negrísimo que no concede respiro al público.
Escribe Luis Tormo
Lo carga el diablo inauguró la 39º edición del festival Cinema Jove de Valencia.
Título: Lo carga el diablo
País y año: España, 2024
Duración: 104 minutos
Dirección: Guillermo Polo
Guion: Guillermo Polo, Guillermo Guerrero, Mr. Perfumme, Vicente Peñarrocha
Fotografía: Pablo García Gallego
Música: Pablo Croissier
Reparto: Pablo Molinero, Mero González, Antonio San Juan, Isak Férriz, Emilio Buale, Itziar Castro
Productora: Batiak Films, Japonica Films, Los Hermanos Polo, Volcano International Productions
Distribuidora: Begin Again Films

