Olivia Rodrigo · Guts

Olivia Rodrigo debutó a lo grande con Sour (2017). Cuando el primer disco –escrito con diecisiete años- que lanzas se convierte en un éxito, avalado por el público y también por la crítica, convirtiendo en un foco mediático de la música (incluido un pasado de chica Disney); el lanzamiento del segundo disco conlleva una presión implícita para superar aquello que se ha hecho con anterioridad.

Para ese temido segundo disco, que confirma o arruina expectativas, Olivia Rodrigo entregó el pasado mes de octubre Guts (2023). Y el trabajo desde luego no defrauda. Establece una continuidad a la vez que traza nuevos caminos en un álbum menos homogéneo que el primero, quizá más irregular, pero igual de interesante.

Para esto disco, coescrito junto con su productor Dan Nigro, tanto Rodrigo como Nigro, han insistido en que el álbum refleja el tránsito de la adolescencia a una etapa más madura. Y vuelve a ser un trabajo en el que hay que saber leer más allá de la primera capa. Olivia Rodrigo continúa cantando al desamor como tema principal, al desengaño. Pero incluso en aquellas canciones que parecen más empalagosas y teñidas de amor adolescente, Olivia deja mensajes que muestran ya una madurez compositiva. En Logical, la típica canción con el protagonismo del piano, su voz se rompe para finalmente entender algo que a veces cuesta años de concluir: el amor no tiene lógica y se aprende con los errores.

Imagen de Olivia Rodrigo para Guts. Credits; © Larissa Hofmann

Esta madurez se refleja en la primera canción del disco All-american bitch, con un inicio folk y acústico que se torna rápidamente en un canción grunge, guitarrera, en la cual Olivia canta con ironía sobre todos los tópicos (chica guapa, dulce, americana, etc.) pero en la que deja bien claro que sabe y es consciente de quién es: I know my age and I act like it (Sé mi edad y actúo de acuerdo a ella).

Con Bad idea right? juega con la idea de volver a acostarse con un ex. El ritmo de pop enérgico envuelve una letra donde, siendo consciente que no es la mejor idea, es imposible resistir la tentación: And I know we’re done, I know we’re throught/but, god, when I look at you (Y sé que hemos terminado, sé que ya no estamos juntos/pero, Dios, cuanto te miro).  La canción justifica el encuentro, la tentación y Rodrigo escribe cada vez de una forma más inteligente: I just tripped and fell into his bed (Sólo tropecé y caí en su cama) e incluye un solo de guitarra sucio, distorsionado, que se adapta perfectamente al sarcasmo de la canción.

Vampyr, fue el primer single, establece una continuidad con el primer trabajo. El tema comienza con la voz de Olivia acompañada de un piano y unos coros etéreos. Sin embargo, tras minuto y medio, la canción incrementa  la base rítmica convirtiéndose en un tema más complejo para desgranar un relato de desamor en el que el amante se convierte en un metafórico vampiro:  As you sunk your teeth into me, oh/Bloodsucker, famefucker/Bleedin’ me dry like a goddamn vampire (Mientras clavabas tus dientes en mí, oh/Chupa sangre, famoso/Chupándome hasta dejarme seca, como un maldito vampiro).

Lacy es una balada acústica sobre otra mujer, una mujer sobre la que vierte sus celos, una mujer perfecta, inalcanzable y con una referencia real a Brigitte Bardot, la actriz y musa erótica francesa. Esta canción de ritmo lento viene seguida de  Ballad of a homeschooled girl, un himno indie sobre sentirse fuera de lugar, sobre las personas que se equivocan, que toman decisiones que no son las correctas, lo que se conoce como suicidio social. Un riff de guitarra repetitivo soporta un texto que dice cosas como: I brike a glass, I tripped and fell/Told secrets I shuld’nt tell (Rompí un vaso, tropecé y caí/Conté secretos que no debería haber contado) o: Wanna curl up and die/It’s social suicide (Quiero que me trague la tierra/Es un suicidio social).

La tónica del disco queda marcada por ese contraste entre las baladas, de las que Olivia Rodrigo es una auténtica especialista, a los temas rock indie que suelen introducir una ironía y un sarcasmo. Las baladas continúan siendo el terreno fértil para lamentarse del desengaño amoroso. Ya hemos hablado de Logical y lo mismo ocurre en Making the bed. Si hay que destacar alguna, la mejor cantada y con el mensaje más doloroso es The Grunge: Do you think I deserved it all?/Your flowers filled with vitriol?You built me up to watch me fall (¿Crees que me merecía todo eso?/¿Tus flores impregnadas de veneno?/Me construiste para ver cómo me derrumbo).

Como ocurría en Sour, pero aquí cada vez de una forma más adulta, hay una impotencia ante la ruptura emocional y el interrogante de “¿por qué a mí?”, introduciendo una corresponsabilidad y un sentimiento de culpa en la gestión de las emociones.

El disco se cierra por todo lo alto con dos canciones que expresan los sentimientos de una etapa en la que se transita hacia el mundo adulto pero donde todavía quedan muchos restos de la adolescencia. Pretty isn’t pretty, un tema que recuerda inmediatamente a The Cure con esa línea de bajo y guitarra tan característica, una balada de tiempos con en la que se reconoce que los problemas te afectan aunque tengas determinado estatus, aunque seas preciosa: When pretty isn’t pretty enough/What do you do? (Cuando ser preciosa no es suficiente/¿Qué se hace?).

Teenage dream es una canción que comienza solo al piano, para intensificarse justo en el estribillo final, donde se toma conciencia de que el sueño adolescente tiene que acabar. Un cumpleaños, 19 años y la sensación de que no puede seguir siendo el modelo de adolescente que se espera de ella: And I’m sorry that I couldn’t always be your teenage dream (Y lamento no poder ser siempre tu sueño adolescente). Una etapa que pasa con el crecimiento, pero sembrada de dudas: They all say that it gets better/It’s gets better the more you grow/It gets better, but whay if I don’t? (Todos dicen que todo mejora/Todo mejora a medida que creces/Todo mejora, pero ¿Y si conmigo no es así?).

Con Guts, Olivia Rodrigo sigue el camino emprendido en Sour, en esa especie de diario musicalizado centrado en el desamor y en las dudas que genera el tránsito del mundo adolescente al mundo adulto, en la incertidumbre que supone crecer y madurar. Musicalmente más variado y con unas letras que se van haciendo más complejas. Un paso más en la carrera musical de esta cantautora.

Escribe Luis Tormo

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