Marcando el camino
En 1996, Tesis, la opera prima de Alejandro Amenábar se convirtió en la revelación del año. El thriller sobre asesinatos y snuff-movies triunfó en la taquilla, recibiendo una favorable aceptación crítica que se vio confirmada en los Premios Goya donde la película consiguió los principales galardones.
Tesis reunía, tanto en el apartado de la interpretación como en la parte técnica, a una serie de nombres que acompañaban a Amenábar desde sus tiempos de estudiante. La mayoría de este equipo se fue conformando en los diversos cortometrajes y mediometrajes que constituyeron el proceso de aprendizaje de todos ellos.
Cuatro años antes del estreno de su primer trabajo para la pantalla grande, Amenábar se encontraba estudiando en la Facultad de Ciencias de la Información de Madrid –cursando unos estudios que no llegó a terminar– y fue ese entorno el que propició el encuentro con algunas de las personas que después continuaran unidas a su carrera, como fue el caso de Mateo Gil, asociados a sus primeros proyectos como director.
Tras el corto La cabeza (1991), un relato fantástico del que se conoce su existencia pero que no tuvo prácticamente difusión, le sucede al año siguiente Himenóptero, un mediometraje –supera los 30 minutos de duración– en el que ya se aprecian algunas de las características temáticas y estilísticas sobre las que Amenábar forjaría su posterior carrera.
Himenóptero , conocido como el precedente de Tesis, el argumento gira en torno a un grupo de estudiantes que se encierran en un instituto para rodar en sus instalaciones un corto de terror. La joven protagonista del supuesto corto que se está rodando (Nieves Herraz) no acierta con el personaje por lo que la directora, aliada con el resto del equipo, decide poner en práctica una treta para conseguir mejorar la escasa capacidad interpretativa de su actriz. El papel de cámara está encarnado por el propio Amenábar y su personaje en la ficción se llama Bosco, una clara referencia al papel que posteriormente interpretaría Eduardo Noriega en Tesis.
La revisión de Himenóptero, más de treinta años después de su realización, nos ofrece una serie de aspectos muy interesantes. En primer lugar, permite seguir la evolución de una filmografía que ahora está formada por una buena cantidad de títulos pero que en aquel momento estaba en construcción, de tal forma que se aprecia el aprendizaje fílmico de alguien que se iniciaba en el oficio de contar historias en el cine (1).
No tenemos acceso a la primera experiencia audiovisual que significó La cabeza, pero entre Himenóptero y los dos cortos de Luna ya se constata como el Amenábar director y guionista va evolucionando en la búsqueda de un estilo propio. Frente a la imposición de la planificación en Himenóptero; en Luna, esta planificación quedaba supeditada, o al menos, competía en igual de condiciones, con la creación de una estructura narrativa y una mayor concreción de los diálogos que permitía modelar la personalidad de los personajes y la historia que se contaba.
Y en segundo lugar, y mucho más importante, Himenóptero deja al descubierto alguno de los referentes temáticos que posteriormente veremos que adquieren importancia en su filmografía, así como las virtudes y los defectos que Amenábar irá adquiriendo y trasladando a su cine profesional.
El cortometraje comienza con un primer plano de un insecto, en blanco y negro. El blanco y negro será la representación de la filmación del cortometraje ficticio, es la mirada de Bosco (Alejandro Amenábar), el técnico encargado de la cámara. Las imágenes en blanco y negro nos aportan el modo en que la cámara registra la ficción dentro de la ficción, el punto de vista de Bosco y el reflejo de sus obsesiones, conformadas por la perturbadora captación de la muerte de los insectos y el seguimiento de la actriz protagonista del cortometraje ficticio, de la que Bosco está supuestamente enamorado.
Tras ese plano inicial, las siguientes imágenes ya en color, traspasan el protagonismo a la visión del Amenábar director. Un plano casi a ras del suelo nos descubre a los cuatro personajes que intervienen en la realización del corto escondidos en los baños de un instituto. Estas imágenes van relatando la realización del corto y muestran el carácter tiránico de la directora (Raquel Gómez-Rosado), la dificultad de la actriz para interiorizar su personaje, la secundaria que encarna a la bruja (Juana Macías) y Bosco, el repulsivo cámara.
Y ambas líneas se entremezclan en un juego dialéctico basado en “película dentro de otra película” que se complica cuando el guion comienza a involucrar al espectador en el juego sobre las intenciones de los personajes. Para sacar de la atonía interpretativa a la actriz principal, la directora establecerá un mecanismo hostil manipulando la ficción y la realidad para que esa actriz sufra y sienta miedo de verdad a través de amenazas, maltrato o el fingimiento de la muerte.
Queda desde ese momento planteada la tesis del corto, el juego entra la realidad y la ficción, la ambigüedad entre aquello que consideramos verdadero y lo que es falso, verbalizado en una serie de sentencias enunciadas por los personajes: “demuéstrale que la ficción no es un cachondeo” o “a Silvia le atrae más la realidad que la ficción”.
Los diferentes giros en el guion –tramposos en ocasiones– van especulando con la situación, ocultando o facilitando información tanto al personaje de la actriz principiante como al espectador, en función de lo que el director quiere contar.
Este tema será relevante en la filmografía inicial de Alejandro Amenábar. La reflexión sobre la realidad de lo que aparece en las imágenes. Aplicado al cine snuff como la captación real de la muerte en imágenes, constituye uno de los elementos claves de Tesis y es el principal argumento que sitúa a Himenóptero como el precedente del primer largo de Amenábar.
Pero es en el aspecto formal, en el uso del lenguaje cinematográfico, donde el cortometraje resulta más pedagógico para entender el concepto que Amenábar tiene del cine. En este sentido, y se puede ir comprobando en la mayor parte de su filmografía, lo visual se impone a lo textual.
No es extraño que el cortometraje llamara la atención de José Luis Cuerda (2), pues en la planificación y en la concepción visual del corto es donde la aportación de Himenóptero destaca de otros trabajos de estas características. El uso de la cámara subjetiva, la elección de los ángulos en que filma los personajes, la planificación y el montaje, se imponen sobre los juegos del guion.
De hecho, Amenábar realiza una declaración de principios al ofrecer un homenaje a Hitchcock y la escena de la ducha de Psicosis. En este caso, mientras la actriz protagonista se ducha tras haber sido salpicada de sangre con el objetivo de motivarla en su actuación, insertando planos que recuerdan a la inolvidable escena filmada por el director británico, Amenábar monta en paralelo esa escena de la ducha con la obsesión de Bosco por filmar la muerte de los insectos, al igual que hacía el personaje de Norman Bates en el final de Psicosis. La violencia recae en el insecto que es torturado y termina desapareciendo por el agujero del baño, explicitando por el montaje en paralelo, la amenaza de muerte sobre la protagonista.
El corto se convierte así en un catálogo de los diferentes recursos técnicos utilizados por Amenánar, teniendo en cuenta las limitaciones lógicas de una producción casi amateur, pero que vistos en su uso estrictamente cinematográfico son utilizados con coherencia convirtiéndose en el principal mecanismo de la narración. De hecho, llega un punto en que lo interesante ya no es la disertación sobre realidad y ficción o si Bosco llevará al límite su obsesiva fijación sobre la actriz, sino la forma en que se nos cuenta la historia. La cámara subjetiva que se mueve por los pasillos del instituto, los planos circulares, la omnipresente música que envuelve las imágenes, el punto de vista del director siempre visible para el espectador.
Unos años después, con un Amenábar situado en el Olimpo de la nueva generación de directores españoles, comentaría que no le gustaba Vértigo porque Hitchcock desvelaba a mitad de la película la clave principal, el truco, al espectador. Esta boutade no está exenta de significado pues desvela un aspecto esencial de muchas de las películas de Amenábar, que es la preocupación por mantener la tensión mediante los recursos formales frente a la coherencia del guión, un guión más preocupado por la resolución final o el efecto sorpresa como se muestra de forma evidente en Los otros.
Himenóptero es el precedente de Tesis, pero no por el planteamiento temático o por el nombre del personaje, sino porque al igual que ocurriría en su premiada opera prima, todo el cortometraje se sostiene en la realización técnica, lo cual es un mérito evidente, ocultando la parcial debilidad de la escritura.
Escribe Luis Tormo
Notas
(1) Estos aspectos de interés se aprecian tanto en Himenóptero como en su siguiente trabajo, Luna, que tuvo dos versiones –una de 30 minutos y otra, rodada a posteriori, más reducida–. Himenóptero se editó como un extra de la edición de Tesis en DVD y Luna aparecía en el DVD de Abre los ojos.
(2) El cortometraje llegó a las manos de José Luis Cuerda, facilitado por un colega suyo, para que valorara la interpretación de su hija, la actriz que encarnaba el personaje de la directora (Raquel Gómez-Rosado). Pero lo que captó realmente la atención de Cuerda fue la propia concepción y realización del corto, lo que finalmente llevó a un encuentro entre Cuerda y Amenábar. Además, Himenóptero también obtuvo repercusión al hacerse con el primer premio en los festivales cinematográficos de Elche y Carabanchel.
Artículo publicado originalmente en Encadenados para el especial sobre Alejandro Amenábar

