A Graham Greene le molestaba que le etiquetasen como escritor católico. El novelista británico decía que él no era “un escritor católico” sino “un católico que escribía”. Incluso en el final de su vida se definió a sí mismo como católico agnóstico (1). Convertido al catolicismo en 1926 por el amor que sentía por la también escritora Vivien Dayrell-Browning, su primera mujer, de la que se separó años después, nunca llegaron a formalizar su divorcio.
Brighton Rock, la novela publicada en 1938, tiene algo que ver con la construcción de esa imagen de la que renegaba el escritor pues a lo largo de sus páginas se plasma el eterno debate entre el bien y el mal, entre la salvación y la condena, bajo el halo de la religión católica.
El protagonista de la novela es un joven de diecisiete años, Pinkie Brown, líder de una banda de malhechores. Involucrado en el asesinato de un periodista, debe trazar un plan para evitar ser detenido. En su camino se cruzan dos mujeres, Ida Arnold, amiga del periodista asesinado, que se marca como objetivo inculpar a Pinkie; y Rose, una adolescente de dieciséis años, que conoce la verdad, y a quien Pinkie pide en matrimonio para que no pueda declarar contra él.
Ambientada en la ciudad de Brighton, el centro turístico que está situado a unos 80 kilómetros de Londres, la localización establece una dicotomía entre la luminosidad de la mañana y las penumbras de la noche, entre el ocio y los bajos fondos, entre la vida que discurre con normalidad para los visitantes y los conflictos que sufren un puñado de personajes. Las luces de los locales de copas, las salas de baile, representativas de la ciudad, contrastan con las tinieblas de aquello que hay fuera, la bruma del mar, los acantilados cercanos o el cuchitril de habitaciones que constituyen el hogar de los protagonistas.
Greene compone el retrato de un delincuente juvenil, un asesino, que carece de cualquier rasgo relacionado con la humanidad. Pinkie, al que la novela también se refiere como El chico, es un ser amoral cuya única línea de actuación va encaminada a la supervivencia. Los hechos se concatenan de tal forma que una situación lleva a la otra: “He leído que cuando alguien comete un asesinato, a veces tiene que cometer otro… para no dejar cabos sueltos. —La palabra «asesinato» significaba para él lo mismo que «caja», «cuello» o «jirafa»”.
Alejado de cualquier convencionalismo –no fuma, no bebe, le horroriza las relaciones sexuales– nos encontramos ante un protagonista egoísta que se erige como la personificación del mal. Su acompañante, la joven Rose, sumisa, dócil, aunque sabe de la culpabilidad de Pinkie, participa de una boda por lo civil para encubrir a su amado. Dos personajes, cara y cruz de una misma moneda, que sobreviven en un mundo de adultos, compartiendo una necesidad que les une artificialmente.
Bajo la apariencia de un thriller policíaco (2), al igual que ocurre en toda su obra, ya sea una trama de espionaje, un relato con un contexto histórico o un drama ambientado en un exótico lugar, Brighton Rock es un exponente de los temas y obsesiones de su autor y que quedan anunciados aquí de una forma muy explícita.
La novela es significativa porque entre sus páginas descubrimos apuntes y consideraciones sobre temas como la lucha entre el bien y el mal, los convencionalismo del catolicismo, los personajes acosados, la búsqueda de la salvación eterna, el sacrificio como redención, la constancia de que el fracaso es el último escalón de la escalera de la vida y, sobre todo, un pesimismo fatalista que invade todo el relato.
En un entorno de asesinatos, traiciones y mentiras, para Greene es más transcendental el camino del calvario que recorren Pinkie y Rose, con todas sus dudas, que el destino final al que les llevan sus decisiones. El sacrificio aparece con fuerza tanto en Pinkie –debe casarse con Rose a pesar de su odio hacia ella– mientras la joven, a pesar de ser consciente del interés espurio de Pinkie, siente que debe transitar por un camino aunque eso signifique que le pueda costar muy caro.
Pero por encima de todo, Brighton Rock es una obra taciturna, de escasa confianza en el ser humano y en aquellos baluartes que puede servir de ayuda como la religión. El personaje de Pinkie, quizá es el más evidente por su descripción amoral, pero la fatalidad envuelve a todos aquellos que aparecen por la novela, incapaces de escoger su destino. En este sentido es significativa la primera fase de la novela: “Hale supo que querían asesinarlo cuando no llevaba ni tres horas en Brighton”.
Una novela oscura, donde no cabe ni un ápice de sentimentalismo o ternura. Una sensación asfixiante que nos acompaña desde el inicio hasta el final. Una impresión que se certifica en las últimas líneas de la novela cuando Greene alude a un detalle en principio intrascendente pero que termina provocando un efecto demoledor.
Un libro imprescindible para entender el universo literario que Graham Greene iría construyendo a lo largo de las siguientes décadas en una magnífica reedición a cargo de la editorial Libros del Asteroide.
Escribe Luis Tormo
(1) Cultura. El País, 31 de octubre de 1988
(2) Una estructura policíaca que facilitó su adaptación al cine en dos ocasiones: Brighton Rock (Brighton, parque de atracciones, 1948) de John Boulting y Brighton Rock (2010) dirigida por Rowan Joffe.
Brighton Rock
Graham Greene
Traducción: Miguel Temprano García
Editorial Libros del Asteroide
Barcelona, 2022
PVP: 22,95 euros
ISBN: 978-84-19089-03-8
Tamaño: 14 x 21,5 cm
Páginas: 452
Puesta a la venta: 21 de marzo de 2022
Ebook a la venta: 21 de marzo; 10,99 euros (PVP válido para España, iva incl.)
