Barbie

Buscando su destino

Resulta difícil acercarse a Barbie de una manera crítica sin verse influido por la estrategia de marketing que ha convertido el estreno de la última película de Greta Gerwig en un fenómeno de masas hasta ahora asociado a los blockbusters de superhéroes y a las grandes superproducciones. El uso de las redes sociales como soporte promocional, emparejando de forma extraña pero acertada el estreno de Barbie y Oppenheimer ha contribuido a difuminar el alcance artístico del filme tras la que podemos considerar que ha sido una de las grandes operaciones de mercadotécnica que explota el recuerdo de todas aquellas personas que han tenido a la muñeca de Mattel como fuente de inspiración en su niñez.

Si conseguimos despejar esta maraña mediática lo que nos queda es una película que ejerce una pedagogía feminista pero siempre dentro de los límites del cine de Hollywood. Supuestamente contestataria y reivindicativa por fuera, en su interior nos encontramos con un discurso que conocemos de sobra, un discurso que sigue la tendencia actual y que se sitúa en el terreno de lo políticamente correcto.

El cine de Greta Gerwig –que escribe también el guion junto a Noah Baumbach– se caracteriza por lanzar una mirada sobre una serie de personajes femeninos para ahondar en sus preocupaciones, en sus sentimientos y en sus anhelos como mujeres. El problemático mundo de una adolescente en Lady Bird o la revisión de un relato clásico poniendo el acento en el punto de vista femenino en Mujercitas, eran las mejores cartas de presentación para abordar un proyecto como Barbie. Y así lo entendió Margot Robbie, que además de protagonizar el filme también lo produce, cuando puso la película en manos de Gerwig.

Barbie. Foto: @ Cortesía Warner Bros. Pictures

Al igual que ya hizo con Mujercitas, la directora estadounidense propone una relectura de la cosmovisión que se esconde detrás del mundo Barbie. Toda la primera parte es ejemplar en ese sentido, Barbiland es una burbuja donde las mujeres triunfan en un mundo de ensueño –ejercen cualquier profesión, cuentan con su Presidenta y los hombres son meros acompañantes–.

Introducir la posibilidad de reflexionar más allá de su entorno idílico, es decir, que Barbie descubra la capacidad de pensar –el pensamiento sobre la muerte es el detonante de la trama– es uno de los aciertos del filme. A partir de ahí, siempre dentro de la ironía, el guion de Gerwing y Baumbach, desmonta todos aquellos elementos asociados a la famosa muñeca como sus medidas perfectas, los pies concebidos para el uso de los tacones, las profesiones entendidas como disfraces (Barbie doctora, Barbie astronauta, etc.).

El diseño de producción para recrear Barbieland, que muestra en pantalla todos los accesorios que conforman el universo Barbie jugando con el uso del color, bajo la regla del horror vacui y el kitsch, convierte el espacio escénico en un barroco contenedor del drama de los protagonistas. El recurso al género musical –con canciones y bailes– contribuye a la recreación teatral de unos personajes que terminan asumiendo que son parte de una caja envuelta en un bello envoltorio.

El juego con los tópicos del mundo Barbie y el choque entre Barbieland y el mundo real da píe a numerosas situaciones que provocan la risa. Un hechizo que se alarga hasta el descubrimiento por parte de Ken del patriarcado inherente en el mundo real y que sirve para remarcar cuál es la verdadera situación, justificando la necesidad de un feminismo que luche para acabar con esa situación.

A partir de ahí, la evolución de la película se enreda con la trama secundaria de la madre que trabaja en la empresa de las muñecas y su hija adolescente, que escenifica la consideración peyorativa de lo que Barbie significa para las adolescentes del mundo real y que no es otra cosa que un símbolo del machismo y del consumismo capitalista; una línea que termina dispersando el foco, y lo que es peor, rompe el ritmo de la película que se resiente finalmente.

Barbie. Foto: @ Cortesía Warner Bros. Pictures

Una segunda parte en lo que todo es más obvio. Barbie descubre el uso que de ella hace el patriarcado, representado por una serie de hombres entorno a una mesa caracterizados como auténticos cretinos, siguiendo el tinte sarcástico con el que se define la masculinidad, poniendo de relieve la desigualdad y la injusticia, con un discurso que termina siendo repetitivo por sabido y asumido.

Queda en el lado positivo la búsqueda de respuestas del personaje de Barbie, una magnífica Margot Robbie, encarnando a una mujer que necesita encontrar su papel dentro de la sociedad  apostando por el tono reivindicativo para establecer una igualdad ineludible como mujer y como persona y que se resume en el monólogo del personaje que interpreta America Ferrera cuando habla de la imposibilidad de ser mujer.

Un mensaje que, al ser expuesto de una manera esquemática, pierde fuerza aproximándose a un tono panfletario que termina dejando un regusto amargo porque no profundiza en el verdadero tema del filme que es el discurso sobre la identidad, de tal forma que el desarrollo del personaje de Barbie, queda lastrado porque al contrario de la película a la que cita al principio del filme, 2001: Una odisea del espacio, aquí no se completa el círculo de la evolución.

Seguro que no es la intención de Gerwig pero parece que la conclusión de la película es que todo cambie para que no cambie nada –por citar otro clásico–, realizando una puesta al día de lo que supone Barbie pero desde una contención que evita cualquier riesgo.

Escribe Luis Tormo

Título: Barbie
País y año: EE.UU., 2023
Duración: 114 minutos
Dirección: Greta Gerwig
Guion: Greta Gerwig, Noah Baumbach
Fotografía: Rodrigo Prieto
Música: Mark Ronson
Reparto: Margot Robbie, Ryan Gosling, America Ferrera, Kate McKinnon, Will Ferrell
Productora: Warner Bros. Pictures
Distribuidora: Warner Bros. Pictures Spain

Un comentario Agrega el tuyo

Deja un comentario