Crítica The Velvet Underground de Todd Haynes

Todd Haynes cuenta en su filmografía con diferentes títulos dedicados al mundo de la música. En los inicios de su carrera realizó el mediometraje de culto Superstar: The Karen Carpenter Story (1988), en el que analizaba la figura de Karen Carpenter y sus problemas con la anorexia a través de las canciones del famoso dúo y donde en la mayoría de escenas utilizaba las muñecas Barbie para narrar la historia.

Posteriormente, dos filmes abordarían desde la ficción algunas figuras claves de la música: Velvet Goldmine (1998) se acercaba de soslayo a Bowie y el mundo del glam rock, y I’m not there (2007) indagaba sobre las múltiples caras de Bob Dylan.

Continuando con el análisis de esa época que abarca la segunda mitad de la década de los 60 y los primeros años 70, un momento decisivo para la evolución de la música rock, el cineasta americano se centra ahora en The Velvet Underground, una banda de resonancias míticas, que se convierte en protagonista del documental del mismo nombre realizado para Apple TV+.

Consciente de la cantidad de bibliografía que el grupo de John Cale y Lou Reed ha generado a lo largo de las décadas pasadas, unido a un prestigio ascendente que ha situado a The Velvet Underground como una de las bandas que ha ejercido una importante influencia por la radical originalidad de su obra, el cineasta angelino sitúa su punto de vista en la época, en el ambiente y en el entorno que propició el surgimiento y crecimiento del grupo.

The Velvet Underground. Foto: Apple TV+

Frente a ejercicios documentales que revisan minuciosamente la carrera con datos sobre grabaciones, imágenes de conciertos —en el caso de The Velvet Underground prácticamente inexistentes— y testimonios del grupo, lo que propone este documental es, en primer lugar, una aproximación al ambiente cultural neoyorkino de finales de los 60; y en segundo lugar, mostrar los diferentes fragmentos visuales bajo el aspecto formal que imbuía el contexto cultural de esa época, sobre todo a través de una de las mayores influencias para la banda, la estética warholiana.

Una pantalla en negro y el sonido de una viola distorsionada nos introduce en dos de las características de la banda —el color oscuro de su indumentaria y de su universo estético— y la distorsión como experimentación en sus primeros discos. Tras ese comienzo vendrá el desarrollo del planteamiento a través de las dos figuras principales que están en el origen de la banda y que representan dos maneras de entender la creación musical: John Cale y Lou Reed.

John Cale aporta la influencia de las nuevas corrientes de la música clásica con los ejercicios de experimentación (minimalismo, atonalidad), de ahí que el documental empiece con la entrevista de un programa de televisión del año 63 en el que se desvela que Cale ha interpretado durante 18 horas una obra de Satie. Por el contrario, Lou Reed, también proclive a la experimentación, hunde sus raíces en el rock and roll y los subgéneros como el rockabilly, todo ello unido a su faceta como compositor y letrista.

Y esas dos tendencias fermentan en el crisol neoyorkino de la contracultura que estaba rompiendo en todos los frentes con la corriente más tradicional de los años 50. La costa este —muy diferente al ambiente de California— hace que Cale y Reed cohabiten con la efervescencia que agrupa figuras como La Monte Young, Jonas Mekas y, por supuesto, su mentor primigenio, Andy Warhol.

El objetivo de Todd Haynes es entender que esa mezcla de factores en los que se da una conjunción de artes (música, literatura, cine, teatro), unido a una experimentación que los sitúa más allá del circuito comercial habitual, da como resultado The Velvet Underground. Un grupo que sonaba diferente (ruido, distorsión, etc.), con unas letras que hablaban de temas como la adicción a las drogas, la prostitución, el sadomasoquismo o el sexo, visibilizando un mundo sórdido, oscuro; así Waiting for the man, Venus in furs o Heroin se entienden mejor tras esta patina didáctica sobre su génesis creativa.

The Velvet Underground. Foto: Apple TV+

El documental se recrea en los inicios de la banda, la influencia crucial de Warhol como primer mánager y tutor del grupo —de hecho, tocaban en sus performances artísticas y en The Factory— y su visión se limita a la etapa de Cale y Reed. Es por ello que tras la marcha de Cale el resto de la trayectoria del grupo se resume de una forma precipitada; tenemos imágenes del resto de componentes (Sterling, Tucker, Nico, Yule), así como sus testimonios; pero el foco se dirige a visualizar cómo la banda es capaz de fagocitar esas influencias nombradas y plasmarlas en una obra original, atípica y maldita.

Ese puzle de egos artísticos, el caos creativo, la experimentación sonora y visual y las transformaciones culturales son los elementos con los que juega Haynes en sus imágenes. La pantalla partida con los rostros vivientes de sus protagonistas mirando a la cámara —los célebres Screen Test de Warhol—, los insertos y un montaje acelerado, las diferentes fotografías y sonidos mezclados siguiendo la estética del pop art y del videoarte, dibujan la estructura de la narración; todo un collage vertiginoso y fragmentado que termina adquiriendo una uniformidad.

Un efecto que se acrecienta pues el documental muestra esa cacofonía de imágenes de archivo enfrentadas a las grabaciones actuales —mucho más rutinarias— de los testimonios de los protagonistas, familiares, amigos y colegas, rodadas en un color brillante y con planos fijos.

The Velvet Underground no es el documental para conocer de forma detallada la trayectoria del grupo, averiguar cómo se hicieron sus grabaciones o cuáles fueron las diferentes fases por las que pasó la banda. La película de Haynes tiene el valor de descubrir los signos que nos ayudan a entender cómo fue posible la propia existencia del grupo, asentando la base para comprender por qué un grupo que fue minoritario en su momento terminó adquiriendo un reconocido crédito cultural; un prestigio que sirvió de inspiración para artistas y corrientes futuras como sería el caso del glam rock, el punk y mucha de la música nihilista posterior.

Escribe Luis Tormo

The Velvet Underground. Foto: Apple TV+

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